Vivimos desconectados. Esto es una obviedad que apesadumbra.

Hoy dejar a un lado el móvil y hablar es un reto entre todos. No solo me pasa con mi hijo. Al final del día con toda la gente con la cual he interactuado ha sido lo mismo. En la fiesta que fui, en la reunión donde me invitaron, siempre charlar con un invitado extra… el teléfono.

O también esperar porque llegó la comida que hay qué fotografiar. Detenerse en la vía porque la calle decorada está bella y hay que compartir con otros que quizás ni les interese lo colorido y luminoso de la Navidad. La infaltable señal con la mano indicando que hay que parar porque se debe enviar la foto, testigo de que allí estamos, viviendo una experiencia.

¿Solo así puede vivirse? ¿Compartiendo mi instante con otros en la distancia? ¿Y los otros, no están, a su vez, viviendo su momento? ¿Y con los que tenemos a un centímetro de distancia qué?

En estas fechas las reuniones y fiestas deben ser espacios para verse a los ojos y notar no solo el maquillaje o las arrugas, verse con el suéter colorido o el vestido vintage, es el tiempo para captar la verdad de una mirada amistosa, para escuchar lo que cuenta ese emisor, ser receptivos a los comentarios, a las preguntas.

Hay que parar, sí, pero la desconexión con aquellos que nos rodean. Dejar de interceptarnos en nuestra comunicación cara a cara para ver letritas, emojis o fotitos de instantes para la cámara… ¡Foto, sonrían para la foto! Y después sigamos silentes o sonriendo con la número 5 del manual de buenas costumbres.

Vamos a despegarnos del aparato, apretemos esa mano, acariciemos leve esa mejilla o ese cabello desordenado, abracemos fuerte no hay tiempo qué perder en esta vida breve, de verdad.

Esta madre de milenial les desea que esas soledades acompañadas por una pantalla luminosa sean menos y se conecten más a la humanidad que nos hace sensibles, sensitivos, mancomunados para ser felices.

En el 2019 viviremos con mayor tecnología invitándonos a ser parte de las novedades infaltables por tener, escojamos vivir conectados de nuevo entre almas comunes, vayamos al encuentro con solo nuestras sonrisas por acompañante.

¡Felices conexiones!