Por Florángel Quintana.

Hay temas intocables. Ante esta modernidad que alegra y espanta todavía hay tabú conversacional. Esos asuntos que te hacen enrojecer, te dan pena ajena, te hacen mover los intestinos. Eso puede pasar cuando las madres decidimos hablar francamente de sexo con nuestros hijos.

Claro, la incomodidad puede ser mayor cuanto mayor es el hijo porque sentimos que debemos hablar en modo tú a tú, y eso a veces no lo procesamos… Esa adultez que enfrentamos ante un sujeto fornido que mide 1,85, tiene la voz de locutor, pero es tu muchacho todavía y al cual mandas a sentarse por aquello de las formas de la jerarquía. Cosa de inmadurez materna, le dicen.

Con los millennials hablar de sexo es muy sencillo. Ellos lo saben todo, ellos incluso se jactan de saber más que nosotros, los X en la vida. Ya hablar de condones y enfermedades contagiosas está fuera de contexto. El asunto está en el tratamiento de lo sexual en la amplitud que compone la expresión.

Para los nacidos en los 60 la sexualidad fue un despertar, una epifanía venida de las entrañas, nacida de la libertad para sentir sin cortapisas. Drogas, sexo y rock&roll fue una tríada que hizo magníficas canciones, creó la cultura pop y forjó el camino para las locuras que hoy sorprenden. La moral sexual era una clase que nunca vimos en el colegio, pero que se escurría en los comentarios de nuestros padres a propósito de alguna oveja descarriada del vecino. Ni hablar de las homilías domingueras salpicadas de señalamiento hacia los tiempos que corrían entre jóvenes cada vez más atrevidos.

Los burdeles y el aprendizaje en la práctica. La virginidad, llegar al altar vestida de blanco incólume. Las visitas custodiadas por mamá. Las salidas nocturnas vigiladas por los hermanos mayores. La posibilidad de tener sexo era una carrera de obstáculos… y se saltaban… para fortuna del placer en nombre del amor eterno. Enamorarse era dar/ofrecer la prueba de amor. Tener sexo antes del matrimonio era un pecado que gustosos nos acercaba al infierno de los orgasmos en serie.

¿Cuántos de los padres de millennials hoy recuerdan alguna charla amena sobre sexo con sus padres, padrinos, tíos o maestros de confianza? ¿Cuántos pueden decir que lo sexual era un tópico abierto durante los almuerzos familiares de las tardes de domingo?

La eyaculación precoz, los embarazos indeseados; el cortejo o la preparación antes de la intimidad, la masturbación, las pastillas anticonceptivas, todo se aprendía conversando entre amigos íntimos o leyendo con tu grupo de amigas las revistitas “Luz” que tomabas prestadas de una caja debajo de la cama de tu tía más joven, por ejemplo.

En la actualidad somos testigos de los millennials saltando de un cuerpo a otro en ese frenesí experimental de probar y probar como si estuvieran participando en un estudio del cuerpo humano… Sabemos de jóvenes que consumen pastillas para la disfunción eréctil a una edad innecesaria; de muchachas que se practican abortos con una regularidad pasmosa; de consumo de drogas junto a jarabes para la tos para ampliar las sensaciones sexuales.

Suponemos que la permisividad sexual que vemos es producto de una insatisfacción o de una búsqueda que supera nuestra comprensión. Hay mucho sexo sin amor y no pasa nada, es simple transfusión de fluidos al ritmo de una melodía que alienta entregarse más allá del bien y del mal (si cabe eso en estos tiempos).

Hoy hay sexo en la habitación contigua, se oyen quejidos y nos hacemos los desentendidos. Como familia abordamos el comportamiento “correcto” con la novia de turno. Hay franqueza y se habla de sexo y se dice, sí (gulp!) hablemos de sexo…

Con los hijos charlamos sobre promiscuidad y valor personal, sobre el trato apropiado hacia el otro y el respeto por los sentimientos. Conversamos sobre el futuro amoroso, la escogencia de pareja, la fidelidad, el romance y el Amor en mayúsculas como llave maestra para la felicidad entre dos. No juzgamos, no obviamos. Enfrentamos nuestra propia visión y aprendemos también, porque conversar es escuchar, y tenemos mucho qué aprender los padres millennials.

@florangel_q