El gigante se desvanece

Oct 31, 2016

Por Jaric Urbaez

En mi viaje a Alaska, tenía la meta fija de caminar sobre un glaciar para encontrarme a mi misma y experimentar la vulnerabilidad ante unas condiciones extremas de clima y terreno. Quería enfrentar el reto.

Una vez que puse mi pie sobre el glaciar, me sorprendí al darme cuenta que más allá de ser una aventura de sobrevivencia o de aprender a sobrellevar el clima, mi experiencia no sería con la tosquedad de las rocas de hielo sino un encuentro latente con el tiempo: El pasado, el presente y un futuro muy próximo.

Esos glaciares en forma de milenarios gigantes acostados,  tienen vida propia y cambian diariamente, no están allí descansando… están allí resignados y esperando el triste momento de su extinción.

Logré escuchar el sonido de su respiración. Lenta y muy profunda, queriendo decir algo, diciendo mucho sin decir nada al mismo tiempo.

Miles de sentimientos se apoderaron de mí en ese momento. Una mezcla de gratitud por tener la fortuna de presenciarlos en todo su esplendor. Una mezcla de alegría porque mis ojos no podían creer la magnitud de la belleza que estaban viendo y una mezcla de nostalgia y tristeza al saber que en muy pocos años ese glaciar podría no estar allí. Sentí frustración al escuchar a esos nobles gigantes pedir ayuda y no poder rescatarlos en ese instante.

Me despedí de ellos con la promesa de volver pronto.

Mi cámara se quedó pequeña ante tanta grandeza, pero  logré tomar algunas fotos para recordarme que aunque sufriendo, nunca dejaron de mostrarse galantes y amables e hicieron de mi experiencia, un momento inolvidable.

Hasta pronto gigantes, espero volverlos a ver.

Alaska 2016
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