Por Ari Silva.

No conozco a nadie más atrevido que un latino. Tenemos fama de ser dicharacheros, chistosos, auténticos y como diríamos coloquialmente: “Más metidos que una gaveta”. Siempre estamos prestos para la parranda, para una comida, un juego de pelota o fútbol y hasta participamos en las fiestas nacionales de otros países, aunque no sepamos muy bien quién es el santo homenajeado.

El cuarto jueves de noviembre se celebra en los Estados Unidos el día de acción de gracias. Otros países festejan también esta ocasión, siendo el caso de Norteamérica donde hay más de historia sórdida de matanza de indios y posesión de sus tierras por parte de los colonos, que de una “reunión amistosa” entre indios y europeos, donde los segundos agradecen a los primeros, el haberles enseñado a cazar, cultivar y a preservar los alimentos. Irónicamente, esta fiesta religiosa y política terminó convirtiéndose en un cuento de agradecimiento forzado y amistad ficticia.

Cuentan que, debido a la hambruna reinante en la época por la incapacidad de los colonos de cazar, despresar, cocinar y conservar alguna proteína animal y para compensar la falta de alimentos, se implantaron una serie de observancias religiosas que incluían el ayuno.

El día de ayuno se convirtió en muchos días y para darle un carácter divino al sacrificio decidieron que, el día que pudieran comer, agradecerían a Dios por el milagro de la comida. El primer día de acción de gracias, según muchos historiadores, no hubo pavo, ni maíz, ni relleno, ni postre. Esos primeros comensales “agradecidos” seguramente comieron un triste pescado y un trozo de papa.

La introducción del pavo como condumio principal del festín de gratitud, tuvo lugar cuando Lincoln nacionalizó la costumbre en 1863. Cada año y desde 1989, el presidente de turno le perdona la vida en medio de un acto simbólico a algún ave pechuda, luego, la mandan a un parque a terminar de vivir su corta vida. Lo leve de su existencia se debe a que la especie más famosa de pavos (de pechugas enormes), es una raza creada en laboratorios que sufre de trastornos de salud.

El consumo de este guajolote entre noviembre y diciembre es tan importante, que al día de thanksgiving también se le conoce como “el día del pavo”. Se crían casi 300 millones de pavos para devorar en las festividades y el promedio de consumo es de 8.2 kg por persona.

Los rellenos y acompañantes varían según las regiones. Lo tradicional es atiborrar su interior con algún tipo de pan cortado, salvia, cebolla y celery. En el sur, cambian el pan por corn bread. Otros ingredientes del picadillo pueden ser: uvas pasas, manzanas, castañas, salchichas molidas y las menudencias del mismo animal.

Yo me vuelvo loca con los postres. Mis preferidos son las tartas de calabaza, batata, manzana y la de nuez con canela.

Es quizás la única celebración oficinal donde el acto de comer es en sí, la fiesta. Claro está que el día de Navidad, la cena también es protagonista, pero la estrella de esa festividad es el nacimiento de Jesús, por lo menos para los que siguen alguna religión cristiana. Pero más allá de lo polémico o cierto sobre el origen de esta cena, nosotros los latinos la hemos convertido en una oportunidad para celebrar con la familia alrededor de la mesa y así poder agradecer no solo por los alimentos, sino por la vida.

Debo confesar que desde que llegué a los Estados Unidos, siempre he deseado ser invitada a comer en una casa de “real americans” y así poder degustar de las mismísimas manos expertas, de la deliciosa mezcla de sabores de la cena de acción de gracias. Crecí viendo esos banquetes en las películas de la televisión donde se reúnen las mujeres de la familia a cocinar desde temprano la famosa comilona. En la ficción perfecta, cada una de las hijas prepara algo con su madre o abuela, quien es la verdadera dueña de los secretos del pavo. Esa receta algún día será heredada a las hijas, así como la del puré de batatas, la del pastel de calabaza, el relleno maravilloso, el pan de maíz, la salsa de arándanos (que nunca sé con que va mejor) y del gravy que baña todo con su espesa presencia.

En las películas siempre hay alguna disputa familiar que se resuelve en la cena, convirtiéndola en un bálsamo que lo cura todo. Así pues, la comida de acción de gracias sana los corazones heridos y le pone parches de pavo a las rencillas familiares.

Más acá de la TV y ya en nuestros hogares guapachosos llenos de caribe gozón, la historia es otra.

“¡Ay! No, ‘Mija’, que ese pavo es muy seco, mejor asamos un lechón”

Diría con desparpajo y rulos en la cabeza, la tía Olga María de Cuba o Puerto Rico. La prima Cristina traería sus famosos pasteles boricuas y en otra mesa cerca del Doral, de seguro acompañarán al pavo con hallaca, mientras que algún colombiano comerá tamal con buñuelo.

En mi familia, siempre dispuestos para la comilona del “Día del pavo”, ya hemos hecho de todo. Desde la cena tradicional oficial criollizada, donde el postre se compone de quesillo y golfeados con queso, pasando por la cena estilo navideña venezolana (Pernil, hallacas, pan de jamón y ensalada de gallina), hasta una pastichada (pasticho= lasaña) donde cada una de las cocineras de la familia llevó a la mesa una lasaña diferente. Ese día engordé como 5 libras.

Hace un año nos fuimos a Atlanta, GA a compartir con nuestras amigas Maritza y Mónica, cubana y mexicana respectivamente. De Miami y como reinas magas, llevamos pan de jamón que deliciosamente preparó Verónica de @PandejamonUSA y chocolates venezolanos de @GuayabaychocolateMiami.

Maritza cocinó el ave de rigor a fuego lento de amor encendido y lo rellenó con frutas secas y frescas y pan de maíz. Lo acompañamos con arroz verde mexicano, batata dulce estilo cubano, coles de Bruselas, y nuestro coleado pan de jamón venezolano. El postre fue lo único que respetamos de la tradición; un muy americano pumpking pie. El cafecito del después del atracón, lo engalanamos con un bombón de chocolate tipo criollo, relleno de parchita (maracuyá, passion fruit).

De la tradición norteamericana no queda mucho en nuestro San Givin tropical, lo que sí les puedo asegurar es que aquellos colonos del siglo XXVII, nunca se hubiesen imaginado que, en el futuro, en Miami, se celebraría el día de acción de gracias con reggaetón, congrí, lechón, pasteles, pan de jamón y buñuelos.

@AriSilva.Kitchen