Por Nixon Piñango

A principios del mes de junio de 2019 saltó a la luz pública el caso de Aurelia Vera, una profesora y concejala del Partido Socialista Obrero Español de Canarias, que fue denunciada por unas cuantas cositas: amenazas, coacciones e injurias. Lo más notable de la noticia es la razón de dichas denuncias (que fueron hechas por dirigentes del partido VOX), y es que la docente intentó adoctrinar ferozmente a sus alumnos en la línea del izquierdismo radical.

Hacía días que los niños llegaban a sus casas comentando lo que la mujer les impartía en el salón de clases, entonces un astuto padre colocó una grabadora en la mochila de su hijo (sin que éste se diera cuenta) y lo que ésta captó fue verdaderamente escandaloso: Vera había empezado aquella clase hablando maravillas de la tiranía comunista de Venezuela, diciendo que todos los problemas de este país suramericano son en realidad culpa del bloqueo de los Estados Unidos y no de las desastrosas políticas económicas socialistas que implementa el régimen de Maduro, entre otras falacias similares.

Pero eso no era lo peor de la cinta. La mujer habló luego sobre feminismo y sobre cómo sería su modelo de sociedad ideal, al que ella llama «matria», pues considera que el término «patria» está relacionado con el «patriarcado», asegurando además que en un mundo gobernado por mujeres «no habría guerras» y «habría más contacto con la naturaleza».

A todas estas, el relato, que ya de por sí suena disparatado, se pone más heavy cuando Vera propone las vías para implementar su sistema social perfecto a todos los seres humanos: una de ellas (y quizás la más polémica) es la castración selectiva, basada en el supuesto de que las ansias de poder en un hombre (o en cualquier persona) son el producto sus deseos sexuales.

Es muy difícil encontrar la versión completa del audio en internet pues en la actualidad se están llevando a cabo unas investigaciones policiales en torno a él, pero si quieren contrastar lo que dice, pueden buscar más información sobre Aurelia Vera en Google o también pueden ver videos de YouTube de comentarios acerca de ella.

 

Guerra contra el sexo

Lo primero que pudiese sacar de este caso es que el feminismo moderno se ha desmandado a unos niveles absurdos, y es curioso que sea así en un momento de la historia en el que las mujeres gozan de plenos derechos, ocupan cargos de envergadura en empresas y gobiernos e incluso tienen privilegios y protecciones especiales por encima de los hombres, privilegios como los que les otorgan las leyes de protección a la mujer y las tan cuestionadas leyes de cuotas o paridad.

Dicho feminismo, más que pelear por la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres (que era lo que caracterizaba al feminismo originario) lucha por una extraña revolución sexual en la que se cuestiona todo lo que hemos conocido hasta ahora en materia de género, revolución que además está basada en la teoría queer o en la idea de que la sexualidad no tiene un arraigo biológico sino que es un mero hecho cultural. (Algunos autores llaman ideología de género a este uso indiscriminado de la teoría queer, pero en lo personal no me gusta el término porque se utiliza para justificar prejuicios de corte conservador.)

La realidad científica más aceptada, tanto en el plano de las ciencias naturales como en el de las ciencias humanas, es que la sexualidad es un conjunto de cosas: una serie de manifestaciones biológicas (como las hormonas y los genitales) y una interpretación social de eso (como lo es el género). Tal conjunto ha ido evolucionando con el paso del tiempo y ha desembocado en una sociedad como la que conocemos ahora, donde la capitalización y la tecnología han permitido que las mujeres puedan llevar a cabo las mismas actividades que llevan a cabo los hombres, algo que antes no era tan viable precisamente por la diferencia física sustancial entre unos y otros.

Aun así, siguen habiendo diferencias porque, si no se habían dado cuenta, las mujeres y los hombres no son iguales, biológicamente hablando. Y si así son disímiles, lo más probable es que también lo sean psicológicamente, lo que se manifiesta en el comportamiento: las mujeres tienen formas de ver la vida y de relacionarse con otros distintas a las de los hombres; lo lógico es que no tengan los mismos gustos y aspiraciones que ellos.

Pero tampoco debemos olvidar que aún así, como seres humanos que son, las mujeres han sido dotadas por la naturaleza con capacidades intelectuales que les han permitido resolver problemas, ser creativas e impulsar cambios a lo largo de la historia: ha habido mujeres en todas las ramas de las artes y las ciencias, en cargos políticos y militares, etc., y no hay necesidad de hablar de la señora Thatcher o de Madame Curie; podemos irnos incluso más atrás, cuando el mundo era mucho más machista de lo que es ahora: Marie Shelley, Laura Bassi, la reina Elizabeth, Cleopatra…

 

El secuestro de la izquierda

Desde el punto de vista político, la teoría queer ha estado en boga sobre todo entre los movimientos de izquierda, que buscan ser los representantes de lo que –consideran estos– son las causas de vanguardia. Por eso es que la maestra Vera milita en un partido socialista, el PSOE, y también es por eso que promociona al castro-chavismo, una ideología a la cual está adscrita toda la progresía hispanohablante.

Esto es curioso porque justo ha sido la izquierda, a lo largo de la historia, la que ha atacado este tipo de conquistas sociales, como la de la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres o los derechos de los homosexuales. Lo que sucede es que, como la izquierda sobrevive del conflicto, ahora ha optado por enfrentar a las mujeres con los hombres (a los homosexuales con los heterosexuales, a los veganos contra los omnívoros…) pues ya no le está funcionando la clásica lucha de clases, o sea, el enfrentamiento entre el proletariado y la burguesía.

Pero la promoción de este conflicto, en realidad, lo que busca es hacer dependientes del Estado a las mujeres, y lo hace atrayéndolas con el cepo del privilegio. Les promete que van a ser más poderosas que los hombres, que van a estar a la cabeza de la sociedad cuando lo cierto es que van a ser más sumisas que nunca y que van a ver erradicadas por completo sus capacidades de valerse por sí mismas. Vamos, una de las cuestiones más reaccionarias y atrasadas que hayamos visto en las decenas de siglos de historia que tiene la humanidad…

 

Guerra a muerte entre los sexos

Un sistema social ideal en el que las mujeres y los hombres convivan en paz sería uno en el que todos sean libres de perseguir sus proyectos de vida conforme a su propio esfuerzo, un sistema que ostente la libre competencia y en el que no haya un órgano monopolista de la violencia. Pero este movimiento feminista moderno (o feminismo de tercera ola) busca todo lo contrario, porque está basado en la venganza: busca subyugar a los hombres en represalias a la superioridad que estos tuvieron en la antigüedad, o directamente diezmarlos. De hecho, las líderes del movimiento (las feminazis) dicen esto mismo de forma abierta y sin vergüenza.

Por eso es una contradicción que digan que es un movimiento pacífico. Para implementar un modelo en el que las mujeres ejerzan el poder coactivo del Estado se necesita acabar con el deseo de los hombres a aspirar a los cargos de envergadura, lo que sólo se logra con violencia.

Al ser la venganza un ciclo, la implementación por la fuerza de un mundo gobernado por mujeres implicaría a su vez un resentimiento por parte de muchos grupos. Ya podemos, de hecho, ver a hombres odiar encarnizadamente a las mujeres u hombres que deciden no casarse o procrear familia por miedo a que las mujeres les quiten todo. Porque cuando las feminazis dicen que ellas merecen subyugarlos por todo el daño que hicieron en el pasado, se están abrogando una suerte de derecho creado que en tal caso tuvo que haber sido reclamado por quienes realmente sufrieron eso que ellas dicen.

Los hombres de hoy no tienen la culpa de lo que los hombres del pasado hicieron. Tampoco todos los hombres tienen la culpa de que haya hombres maltratadores o violadores (así como tampoco todas las mujeres tienen la culpa de que haya mujeres abusadoras, oportunistas, insensibles y sádicas).

Pero llevémoslo al plano de la lógica y preguntémonos: ¿qué es lo que nos han traído los sistemas basados en los resentimientos, en la confrontación? ¿Qué nos trajo, por ejemplo, la Revolución Francesa, basada en el odio a los reyes? ¿Qué nos trajeron las guerras de independencia de América más allá de periodos posteriores de sangre y guerras civiles? ¿Qué nos trajo el comunismo, basado en el odio al empresario?

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