Por Mariana Antúnez.

Durante la mayor parte de mi niñez, viví con tres abuelitas de cabellos muy largos y lacios, quienes tenían la (mala) costumbre de hacer recorridos nocturnos por la casa en prolijas batas blancas, con sus melenas canosas como cascadas onduladas sobre los hombros. Me aterraba salir a la cocina en medio de la oscuridad por temor a tropezarme con alguna de esas apariciones ya familiares. Estoy segura de que gracias a ellas, mis espectros vivientes, comenzó mi fascinación por las historias de brujas, y he pasado muchos años de mi vida adulta en la búsqueda de la mejor literatura sobre la materia.

Comencé con “La casa de la Bruja” de José Rafael Pocaterra, pasé por “Torquemada en la hoguera” de Pérez Galdós, “Las Brujas” de Roald Dahl, y hasta me devoré el Malleus Maleficarum en tiempo record.  Sin embargo, en ninguna encontré el sentimiento de espanto y sobresalto que buscaba, el mismo que me hacía asomarme por las rendijas de mi puerta para ver pasear a mis ancestros fantasmagóricos todas las noches.

No fue sino hasta ahora, muy próxima a pisar los temidos 40, cuando el nombre de una novela me removió nuevamente la curiosidad: HEX, del autor de origen holandés, Thomas Olde Heuvelt. Debo confesar que el escritor no solo logró reconciliarme con la clásica novela de terror en la que, además, la protagonista es una bruja muy particular, sino que me hizo cuestionar muy seriamente la importancia de visitar el baño en la madrugada, horas en las que el frío se hace más apremiante.

El libro tiene la peculiaridad de haber sido escrito originalmente en holandés y, gracias a su muy merecido reconocimiento, fue traducido al inglés, para la buena fortuna de muchos de los que vivimos de este lado del charco. Olde Heuvelt no solo participó activamente en el proceso de traducción, sino que tuvo la oportunidad, en sus propias palabras, de “mejorar el libro”. Él mismo se encargó de reescribir los últimos capítulos y de cambiar el final, con el objetivo de americanizar la historia.

A diferencia de muchos de los libros de horror a los que estamos acostumbrados, en los que la conmoción del susto aparece un poco tarde en la historia, esta novela pone a prueba nuestra capacidad de asombro desde la primera página y mantiene al lector en vilo hasta la última oración. Originalmente ambientada en el pueblo de Beek en Holanda, la versión en inglés de HEX traslada a Katherine van Wyler, asesinada en medio de una cacería de brujas en el año de 1664, a la comunidad neoyorkina de Black Spring, donde sus habitantes la conocen como La Bruja de Black Rock. Acusada de practicar magia negra y de asesinar a sus hijos, van Wyler sufrió las más terribles torturas antes de que sus ojos y boca fueran sellados con hilo y aguja para evitar que la maldición que la carcomía se propagara más allá de su tumba. A los pocos días de su muerte, “la abuela Katherine” comenzó a materializarse en varios sitios del pueblo, aterrorizando a todo aquel que alcanzaba a verla.

Katherine podía pasar días en casa de uno de los vecinos, ciega y muda ante todo lo que ocurría a su alrededor, con las manos y pies encadenados, para que tampoco intentara alcanzar a nadie. Si bien no podía hablar a través de los hilos que unían sus labios, todos afirmaban que, si había suficiente silencio, podía escuchársele susurrar cosas ininteligibles; quizás en holandés, su idioma natal, pero nadie se atrevía a descifrar el mensaje que agonizaba antes de ser transmitido, porque lo que sí se sabía era que las consecuencias podían ser fatales para los oídos curiosos.

Con el paso de los siglos, la comunidad se acostumbró a las apariciones de la bruja y hacían caso omiso, incluso, cuando ésta decidía hacerle compañía a una pareja de adolescentes mientras hacían el amor al filo de una cama. Las bases de la rutina y aparente normalidad del pueblo se sacudieron cuando un grupo de adolescentes impetuosos se aventuró a desafiar las leyes establecidas desde el siglo XVII y decidieron interactuar directamente con su bruja particular.

Thomas Olde Heuvelt nos regala 384 páginas de terror puro, perfectamente comparable con los primeros trabajos del maestro del terror, Stephen King, en las que el lector será capaz de sentir el miedo a flor de piel a plena luz del día, dejará escapar una que otra lágrima ante el fin inminente de personajes a los que probablemente les haya tomado cariño y, lo más importante, disfrutará de una narrativa impecable e inteligente que lo llevará a terminar la lectura con decepcionante rapidez.

Así pues, HEX es mi recomendación para este mes. Si bien no vivimos en un pueblo con su propia bruja como atracción principal, probablemente muchos de nosotros sí tuvimos la suerte de tener, al menos, una abuelita que caminara descalza y vaporosa por nuestra casa, amparada únicamente por la complicidad de la noche.

THOMAS OLDE HEUVELT (1983) es autor de cinco novelas y varios cuentos. Su trabajo ha sido traducido a idiomas como el inglés, el chino, el japonés, el italiano y el francés. En 2015, su cuento “The Day the World Turned Upside Down” fue el primer trabajo traducido en ganar un Hugo Award.