Por Florángel Quintana.

Dicen las proyecciones estadísticas del estudio de Right Management para la consultora ManpowerGroup, “Líderes Millennial: Horizonte 2020”, que los millennials serán el 35% de la fuerza laboral en un año.

Ese informe donde participaron 150 jóvenes (72 mujeres y 78 hombres), arrojó que los líderes milénicos en las empresas tienen como prioridades: crear un buen lugar de trabajo (87%); desarrollar a sus equipos (82%) y ocuparse de la mejora continua y del aumento del conocimiento (73%).

Me pregunto entonces: ¿habremos hecho un buen trabajo como padres? Los trajimos al mundo de la tecnología, nacieron en la era digital y se convirtieron en autodidactas. Nuestros muchachos, así ya estén en ruta a los 30, están formando parte de la economía global que los impulsa a adaptarse con rapidez y los incita a ofrecer soluciones a los retos recurrentes con que se enfrentan.

Dice el informe de la consultora en capital humano, que como líderes de equipos de trabajo los millennials buscan motivar, inspirar e impulsar el cambio. La verdad son más resilientes hacia las acciones que se acometen en su presente, respecto a sus jefes, o incluso a nosotros los padres también, que solo buscamos dirigir, dar órdenes y en las empresas soñamos con obtener un cargo de mayor rango. Además nuestros milénicos tienen más recelo a la experiencia que da los años. Allí hay desencuentros siempre, allí como familia discutimos intentando imponer nuestro punto de vista curtido por el aprendizaje que da la edad, y en las compañías hay diferencias importantes con las pautas burocráticas que deben acatar de los supervisores.

Para esta generación “Y” es fundamental que un líder tenga la habilidad de crear confianza en su equipo, que impulse la colaboración y movilice a la organización para su transformación, así como Tony Stark, Ironman, con los Avengers. El triunfo inmediato les importa mucho, no tienen suficiente paciencia para esperar resultados en el largo plazo. Su liderazgo está enfocado al individuo, a la persona, por eso la inteligencia emocional juega un papel importante para entender a otros y comprenderse a sí mismos.

En este último punto muchos siguen tildando de malcriados e insoportables a los milénicos, y esto se debe, en buena parte, a que en la prueba MSCEIT (Mayer-Salovey-Caruso Emotional Intelligence Test), uno de los métodos más prestigiosos en el mundo, esta generación presenta puntos débiles en el manejo emocional. “Es que no me entienden” o “yo siento que no encajo en esta organización” son respuestas de estados de ánimo negativos que afectan la toma de decisiones e inciden en las posibilidades de éxito y, a su vez, en la probabilidad de riesgo.

Como padres y en sociedad, buscamos darle a nuestros hijos en su crianza, mayores herramientas para el aprendizaje, asimismo aprendimos juntos a practicar y errar nuevas maneras de ver el mundo. Les hablamos de vivir con propósito, tener una visión de la vida orientada a ser productivo y a ser feliz. Los impulsamos a creer que se debía trabajar en aquello que se amara, no en eso que asegurara un simple ingreso fijo mensual.

Quizá desde nuestras frustraciones les dimos las señales para saber cuándo parar o cuánto esperar de los demás respecto a las aspiraciones personales que les hicimos descubrir desde temprano, el reconocimiento de sus talentos. Tal vez esas señales no fueron claras, porque, por ejemplo, el nefasto bullying hizo mella en la autopercepción de muchos milénicos, en la comprensión de las emociones de los demás y mermó, en algunos casos, el manejo de las habilidades interpersonales.

Sin embargo, cada vez más los jóvenes de la generación Y están ocupando cargos de responsabilidad en las empresas. Emplean sus dispositivos digitales tanto para interactuar con su equipo de trabajo como con proveedores u otras empresas. Como su vida es móvil, su comportamiento como jefes o socios es distinto a lo tradicional: más cercanos, más sociables, pero también pueden ser mucho más exigentes con sus subalternos, quienes también son sus seguidores de Instagram y son parte de sus contactos en LinkedIn.

Lo cierto es que el futuro lo están construyendo ellos, los Millennials, aunque algunos sigan creyendo en superhéroes.

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