Entrevista realizada por Rafael Baralt y Richard Rey.

La guerra y sus circunstancias lo hizo nacer en Sevilla, pero su crianza se desarrolló en Palma de Mallorca. Su cerebro le hizo ganarse una beca para estudiar ingeniería pero su corazón lo arrastró hacia el teatro. Ese mismo corazón que lo llevó a recorrer diferentes destinos y conocer distintas damas hasta encontrar a la mujer que una voz interior le aseguró sería la definitiva. No le importó arriesgar su tranquilidad económica y lo apostó todo en pos de un sueño. Ha adoptado a Venezuela como su hogar y ha dejado su aporte imperecedero en los dos más importantes símbolos del entretenimiento nacional: La Telenovela con su inolvidable frase de “Loquita Mía” y el Miss Venezuela a través de su hija, la querida Bárbara Palacios. Con su programa “Entreversos” brindó, a través de la poesía, un poco de aire fresco en un país cada vez más intoxicado. Resiente todos los días el tener que estar separado de sus hijos y le indigna el retroceso que nos han hecho sufrir como nación. Es José Ambrosio Pérez P., quien nos abrió las puertas de su hogar para que pudiéramos conocer un poco más al hombre que está detrás del famoso actor Jorge Palacios.

RR –El objetivo de estas entrevistas es conocer un poco más el lado humano que está detrás del personaje público y en tu caso, obviamente, debemos remontarnos a los inicios en España, donde siendo un joven estudiante de ingeniería decidiste cambiar de rumbo profesional y dedicarte a tus inclinaciones artísticas. ¿Cuéntanos cómo fue esa etapa de tu vida?

JP –Yo era estudiante del colegio La Salle en Palma de Mallorca y gracias a mis buenas calificaciones puede obtener una beca especial de la Fundación Juan March como mejor estudiante de ciencias de la Provincia de Las Baleares, estamos hablando de 1958, y como mi padre siempre soñó con que yo llegara a ser ingeniero de caminos, canales y puertos, que era la aristocracia dentro de las carreras de ciencias en España, decidí complacerlo. Por esos días, cumpliendo yo los 18 años, llegó a Palma de Mallorca un festival que en aquel tiempo giraba por distintas ciudades de España llamado justamente “Festivales de España” y me llamaron para hacer un casting en una obra de Calderón de La Barca llamada “El gran Teatro del Mundo”, el cual se presentaría en el marco del festival en la Plaza de San Francisco, justo en el frontis de la iglesia que tenía un San Jorge en la parte alta de la entrada. Resulta que me dieron el papel de “El Pobre” y con ese personaje me premiaron como el mejor actor del festival. Al ver que fui reconocido por un trabajo que yo consideraba como un debut de actor aficionado, me hizo afianzar aún más mis ganas de dedicarme a la actuación a la vez que comprometió la relación con mi papá.

RB –¿Y cuándo tomaste la decisión de dedicarte a tu verdadera vocación?

JP –Resulta que esa carrera de Ingeniería tiene un pre-universitario, una preparación especial, primero en Barcelona y al pasar esa prueba ya aterricé en Madrid en la Universidad Complutense. Y bueno ese fue el momento en que dije: “Ahora estoy solo en Madrid”. No lo pensé dos veces y me inscribí, sin que mi familia lo supiera, en una escuela de cinematografía ubicada en la zona de La Castellana, que tenía profesores magníficos, como Carlos Saura por ejemplo, e intenté conjugar los estudios de ingeniería con los estudios de actuación.

RB –¿Pero llegaste a graduarte de Ingeniero?

JP –No. Hice tres años nada más y esa fue la desgracia familiar (Risas). Resulta que mientras compartía mi tiempo entre la carrera universitaria y mis actividades artísticas, malamente compartido porque siempre le quitaba más tiempo a la ingeniería, surgió la posibilidad de participar en una obra llamada “Dodó” de Anthony Kimmings, pues el protagonista se les había enfermado y yo tuve la suerte de quedarme con el papel, así comencé profesionalmente en el teatro de Madrid y debuté con el nombre de “José Palacios” porque yo me llamo José Ambrosio Pérez Palacios. Y a raíz de ese trabajo apareció un representante que quiso que yo hiciera un casting para una obra titulada “Las personas decentes me asustan” de Emilio Romero, quien era en ese entonces el director del diario Pueblo donde, por cierto, trabajaba el famoso escritor Arturo Pérez Reverte. Romero era aficionado al teatro, le gustaba escribir e hizo esta obra dedicada a Jaime de Mora y Aragón que era un aristócrata cuya hermana Fabiola se casó con el Rey Balduino de Bélgica. La obra llevaba ese título porque Jaime de Mora tenía la fama de ser un pillo. Era un tipo muy gracioso y carismático que aprovechaba mucho su condición de aristócrata para tomarle el pelo, y en ocasiones el dinero, a grandes millonarios. Total que aprobé el casting y fui el galán cómico de la obra, y todo esto en secreto, sin que mi padre supiera lo que estaba pasando conmigo en Madrid. Pero resulta que esta obra de “Las personas decentes me asustan” con Jaime de Mora de protagonista formó un gran revuelo, la crema y nata de Madrid asistió al estreno, estuvimos meses en escena, fue todo un gran éxito. Y esto conllevó a que se organizara una gira por España y en esa gira había que pasar por Palma de Mallorca. Y fue ahí cuando, apenas llegando, yo llamé a mi padre y le dije: “Tengo que contarles algo, ese José Palacios que aparece ahí… soy yo. Están ustedes invitados. Vengan a verme”.

RB –¿Y fueron a verte a la función?

JP –Efectivamente. Y culminada la función mi padre me dijo que a pesar de que le había tomado el pelo, yo le había demostrado un par de cosas; primero, que yo era un tipo duro de roer porque había impuesto mi decisión de querer ser actor y eso él lo reconocía como una virtud, que le desagradaba, pero que la reconocía. Y segundo, que le parecía que yo era un buen actor porque se había divertido mucho con el personaje. Y luego de eso yo quise agradecer al santo que había protegido mis inicios que era el San Jorge que presidía el frontis de la Iglesia donde hice mi primera presentación. Y de ahí surgió mi nombre artístico Jorge Palacios.

RR –Háblanos ahora un poco de tu familia. ¿Cuántos hermanos eran?

JP –En total éramos cuatro. Una de mis hermanas murió y conservo otra hermana y un hermano.

RR –¿Y eres el único de la familia que se vinculó al arte?

JP –Efectivamente. Mi queridísimo hermano Juan Antonio se dedicó a la carrera militar como papá, que era militar de la aviación y estuvo destinado en el norte de África antes de la guerra civil española, luego ese ejército se sumó a la guerra apoyando a Franco y a mi padre lo destinaron a Marruecos y estando un par de años allá nació en Tetuán mi hermana Ana Mary, que desgraciadamente falleció. Pero antes de estar asignado a Marruecos, mi padre fue herido en las caderas durante un bombardeo mientras llevaba un convoy de víveres y pertrechos hacia Sevilla. Y tuvo que quedarse en la cruz roja, enyesado de la cintura hacia abajo y resulta que yo terminé naciendo en Sevilla, a pesar de las caderas enyesadas de mi padre (risas). Y ya mis hermanos Adela y Juan Antonio nacieron en Palma de Mallorca.

RB –¿Y cuándo aparece Venezuela en el horizonte?

JP –En la Escuela de Cinematografía de Madrid tenía una compañera llamada María Antonieta Hernández de origen canario, pero que había llegado muy chiquitina a Venezuela junto a su familia que se asentó en Caracas. Resulta que esta chica era, como las venezolanas son, muy coquetas, se saben maquillar, se visten elegantemente, tienen ese savoir faire, tienen glamour, y ella llamaba muchísimo la atención y para mí fue un flechazo. Resulta que ella también se flechó conmigo y dentro de todo este desbarajuste de cosas que ya les conté, se agrega que ella quedó embarazada, me casé con ella y en la clínica de la Castellana en Madrid, nació nuestra hija, a quién en honor a su madre, porque María Antonieta era muy explosiva, decidí ponerle Bárbara. Bárbara Pérez Hernández, pero que todos conocen por su nombre artístico Bárbara Palacios (Miss Venezuela, Miss Suramérica y Miss Universo 1986).

Sucede que ya mi niña tenía un poco más de un año y pensamos que era tiempo de que su madre la llevara para presentarla a la familia en Venezuela. Yo en ese momento estaba haciendo una película en el País Vasco y acordamos que en cuanto terminara me reuniría con ellas en Caracas. Y así fue. Mi idea inicialmente era estar unos meses de vacaciones, conocer a la familia, conocer el país, relacionarme un poco con el mundo artístico; y a mí que siempre me ha gustado el tenis, me metí en clases de tenis en el Hotel Tamanaco. Y una de las mañana que fui a mis clases me encontré allí, desayunando, a Jaime de Mora y Aragón con Espartaco Santoni a quien también le conocía pues aunque siempre fue un venezolano muy famoso era, quizás, más famoso y reconocido aún en España. Total que durante la conversación surgió la idea, por parte de Espartaco, de montar “Las personas decentes me asustan” en Caracas. Él la había visto en España y pensaba que podía ser un éxito en Venezuela. Él sería el productor, su esposa, Tere Velázquez la protagonista junto a Jaime y yo sería el galán cómico y el resto del elenco se compondría de actores venezolanos incluso la dirección estaría a cargo de Alberto de Paz y Mateos quien era amigo de Espartaco.

Y así fue. Comenzamos a ensayar en el Teatro Nacional y durante esos ensayos nos venían a ver los hermanos Amable y Ricardo Espina, que eran los gerentes generales, en aquel tiempo, de Radio Caracas Televisión; pero que estaban montando su propio canal de televisión que se llamó Canal 11. La obra nunca se estrenó porque Jaime de Mora un día no se presentó más a los ensayos y sucede que se había ido con su esposa a Estocolmo dejando un mono –como llamamos en Venezuela a una deuda- de 300.000 dólares en el Hotel Tamanaco. Pero los hermanos Espina ya habían hablado con Espartaco y conmigo para que hiciéramos una telenovela en el Canal 11 que se llamó “El Bastardo” y lo que me iban a pagar en bolívares, que el bolívar era una moneda muy fuerte entonces, era una fortuna y yo que venía de ganar en pesetas se imaginarán. Luego me contrataron en Radio Caracas para trabajar en una novela con Eva Moreno y Edmundo Valdemar llamada “La Tirana”. A mi esposa María Antonieta también comenzaron a ofrecerle trabajo en televisión lo que hizo que pensáramos en su nombre artístico, yo le sugerí que tomara el nombre de nuestra hija Bárbara y el apellido fue un guiño al origen canario de su familia haciendo referencia al famoso volcán de Tenerife y así surgió Bárbara Teide. Total que las cosas iban bien desde el punto de vista artístico y económico y las vacaciones se extendieron indefinidamente.

RB –¿Y nunca regresaste a España?

JP –Por circunstancias muy especiales yo terminé separándome de Bárbara y estando separado, hice una película titulada “Dana” donde conocí a Pierina España. Éramos los protagonistas y resulta que los amores que tuvimos en la película se prolongaron fuera del set y entonces yo decidí romper un poco con la situación un tanto desagradable de mi exesposa y pasar unas vacaciones en España con Pierina, porque además me había escrito un productor con quien había trabajado en Madrid y me propuso hacer una obra llamada “Acelgas con Champagne” de Roberto Romero, y efectivamente así lo hice. La obra tuvo mucho éxito, estuvimos prácticamente un año en cartelera. En ese tiempo Pierina quedó embarazada y aunque me ofrecían quedarme en España definitivamente y no regresar a Venezuela, yo no quise ni separarme de mi hija que estaba viviendo con su mamá aquí, ni abandonar a Pierina que quería ser madre en Caracas; porque su familia, de origen italiano, todos ellos eran de ese tipo de ítalo-venezolanos que adoran esta tierra, que aquí han vivido y que aquí mueren. Entonces regresé a pesar de las tentaciones de quedarme en España.

RR –El teatro siempre ha sido uno de tus principales motores. Incluso con el tiempo alcanzaste el sueño de tener tu propia sala de teatro. ¿Cómo fue esa historia?

JP –En Radio Caracas Televisión estábamos haciendo una novela que alcanzó gran éxito casi mundial llamada “La Usurpadora” y paralelamente yo estaba tomando decisiones de qué hacer aparte de televisión y fue cuando descubrí que  también podía ser productor teatral, director, empresario y crear mi propia compañía teatral. Primero hicimos una compañía para montar “La Ratonera” de Agatha Christie, dirigida esa compañía por Juan Lamata y el staff lo integrábamos parte del mismo elenco que trabajaba en “La Usurpadora”. Giramos con la obra por toda Venezuela y finalmente estrenamos en el Teatro Las Palmas siendo un exitazo. Yo ya venía planeando montar la obra que había hecho en España, “Acelgas con Champagne” y lo propuse a la gente del teatro quienes estuvieron de acuerdo y me lancé como productor y director, además de actuar en la obra. Estuvimos seis meses a lleno total de martes a domingo. Más adelante, en el Centro Comercial Chacaíto estaba un espacio que era utilizado por una iglesia protestante para realizar sus servicios religiosos los domingos y yo le propuse al dueño del local que hiciéramos teatro y en efecto lo hicimos. Monté varias comedias incluida  la versión original de la famosa obra de Jean Poiret “La Jaula de las Locas” que fue la locura. El día del estreno estuvo en primera fila el Dr. Rafael Caldera, siendo ya presidente, con la primera dama Doña Alicia, viéndome a mí en traje de bailarina y como estrella de un cabaret de transformistas y se morían de la risa con todo y lo conservadores que eran.

Y desde entonces concebí la idea de que si mis espectáculos estaban gustando tanto al público podía pensar y soñar con tener mi propio local teatral. Así que me tomé el atrevimiento de ir a hablar con el arquitecto Alejandro Lara que era el empresario del Grupo Lara quienes construyeron el Centro Plaza en Los Palos Grandes y proponerles de que pensaran en un teatro dentro de las áreas del centro. En primera instancia no se aceptó la propuesta. Sin embargo al cabo de un año de haberles hecho esa proposición me llamó el arquitecto Oscar Lupi contándome que la torre D del centro iba a ser un hotel y ese hotel iba a tener una piscina, pero el éxito de las oficinas había sido tan grande que decidieron desechar la idea del hotel y evidentemente no sabían qué hacer con el espacio de la piscina y fue cuando les dije –ya está, ustedes saben porque me están llamando– entonces me dijeron que si quería involucrarme en ese reto con la propuesta que les había hecho y les dije que sí, entonces me preguntaron si tenía el dinero y les dije que no, pero que me dejaran buscarlo. Y así lo hice. Conseguí que cinco bancos apoyaran económicamente el proyecto en base a la hipoteca del propio local, un apartamento que tenía y un pequeño terreno industrial; es decir que metí toda la carne en el asador.

RB –Le tenías fe a tu proyecto.

JP –Fíjate que yo lo que estaba pidiendo a los bancos eran seis millones de bolívares, que en ese entonces equivalían a un millón doscientos cincuenta mil dólares aproximadamente y en una junta la gente del banco me dijo: “Sr. Palacios usted pide seis millones para un teatro y nosotros tenemos seis millones de ideas mejores para invertir ese dinero”, a lo que les contesté: “Sí, pero es que yo lo voy a invertir en lo que amo y les juro que no se van a arriesgar. Yo les voy a devolver ese dinero con sus intereses”. Y aunque perdí el apartamento y el terreno pude conservar el teatro y aunque no lo pagué en cinco años nunca me embargaron pues todos los meses religiosamente yo pagaba alguna parte de la cuota y en dieciocho años saldé mi deuda con ese pool de bancos.

RB –Jorge, tú has sido actor, modelo, productor y director teatral e incluso has conducido programas de radio y televisión. ¿En cuál de esas facetas te has sentido más realizado?

JP –Bueno. Desde luego en el teatro, cuando hago cierto tipo de espectáculos, siento que vivo una vida superior. Es una auténtica realización, no solamente artística sino espiritual. Es como pegar un salto hacia una dimensión superior. Pero aparte del teatro, en lo que últimamente me he sentido más satisfecho y más complacido conmigo mismo es con “Entreversos”.

Cuando yo entré en “Canal I”, que es un canal cuya gerencia tiene muchos nexos con el gobierno, lo primero que hice fue avisarles de que yo era opositor furibundo y que si decidían contratarme corrían el riesgo de que mis invitados en el programa fueran exclusivamente de oposición. Ellos afortunadamente, en especial el presidente del canal, son grandes aficionados al mundo de la poesía y me dieron carta blanca para que pudiera conducir el programa como considerada conveniente. Y yo lo acepté porque creo que al país le hacen falta programas culturales en donde, sobre todo los jóvenes, puedan encontrar un manantial de conocimiento, un manantial de formación, un manantial de riqueza intelectual y espiritual y poder acceder al pináculo de la cultura literaria como lo es la poesía y además también me propuse, con este programa, dar a conocer a los grandes poetas venezolanos, en especial a los del siglo XX, que son poco conocidos por el público en general.

RR –Y así como el teatro y la poesía son el alimento del alma, no podemos negar que la televisión proveía una cierta estabilidad económica y sobre todo un gran reconocimiento público. Tú que fuiste parte de eso que llaman la época de oro de la televisión venezolana, cuéntanos ¿cómo fue vivir esa etapa?

JP –En efecto aquella fue una época dorada y además una época de descubridores pues la telenovela fue prácticamente descubierta como un gran negocio y a la vez un gran espectáculo, a tal punto que los productores de Radio Caracas Televisión, de Venevisión e incluso de lo que fue el canal 8; fueron quienes enseñaron a hacer ese tipo de series al resto del mundo. Fue una etapa muy exitosa. En primer lugar porque teníamos un país con un gran crecimiento económico y con unos gobiernos que sabían administrar, con todos los defectos que pudieran encontrarse, el erario público permitiendo que el país creciera y que tuviera una industria boyante en todos los aspectos y por supuesto uno de esos aspectos fue la televisión. Éramos tan famosos los actores en aquel tiempo, lo que tú comentabas Richard, que les puedo contar que estando en un supermercado de Mallorca donde quise acompañar a mi madre para que no fuera sola, entramos pero después no pude salir. Tuvo que venir la policía a sacarme porque estaban proyectando la telenovela “Cristal” que fue la producción que rompió fuentes e hizo famoso a todo su elenco prácticamente en todo el mundo. Tanto fue la fama que alcanzamos que estando yo pasando unas vacaciones en Nueva York, caminando por la quinta avenida –si esto me lo cuenta otra persona no lo creo pero como lo viví se los puedo contar– unas señoras se me acercaron y me dijeron si por favor les podía dar un autógrafo usando un modesto español y marcado acento inglés. Yo no lo podía creer y les dije ¿pero ustedes saben quién soy yo? Y me contestaron: “Si, usted es Jorge Palacios. Lo estamos viendo en una telenovela, Cristal”. Entonces les pregunté ¿y qué hacen ustedes viendo Cristal? “Es que estamos estudiando español y nos interesa mucho conocer idioma a través de telenovela, y usted es muy famoso aquí. Yo me llamo Ingrid, ponga: Ingrid loquita mía”. (Risas). Esa fue la frase que hice famosa en esa novela y que hasta hoy día me siguen pidiendo las damas cuando quieren que les firme un autógrafo.

RB –Por cierto, ¿el origen de ese “loquita mía” fue algo espontáneo o estaba escrito en el libreto?

JP –Espontáneo. Marita Capote que hacía el personaje de Marión, me echaba muchas bromas cuando ensayábamos, tanto su personaje como el mío eran los villanos de la historia, y durante uno de esos ensayos ella me decía los parlamentos y agregaba otras cosas bromeando hasta que yo le dije: “mira loquita mía quédate tranquila, está bien, te amo loquita mía pero quédate tranquila” y Juan Lamata que estaba escuchando dijo: “Déjalo, me gusta como suena. Esa frase queda”, y como efectivamente ella era medio loca en su personaje la frase pegó y se convirtió casi en mi sello de presentación todos estos años.

RR –Hay una frase cliché e incluso pasada de moda con todo esto del empoderamiento, que dice: “Detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer”. Yo creo que hoy en día está demostrado que esa gran mujer está al lado e incluso delante de ese hombre. Háblanos un poco sobre la relación con tu actual esposa, la también actriz Patty Oliveros.

JP –Yo diría que delante de un pobre hombre como yo hay una gran mujer. Afortunadamente esa mujer es Patty, que es un verdadero ángel para mí y para toda la familia, incluso mis hijos hoy en día se aconsejan primero con ella que conmigo. Tú sabes que este mundo de las relaciones amorosas uno tiene una especie de atisbo en el sentido de que el futuro no ha llegado pero llegará algún día. Y yo que he recorrido el camino de la vida con varias damas, siempre supe que la que era definitiva no había llegado pero estaba definitivamente seguro de encontrarla. Y resulta que nos encontramos en circunstancias totalmente adversas pues ambos estábamos casados. Su marido era amigo mío. Todo era muy complicado. Pero yo supe cuando la vi y la traté, que había encontrado a mi mujer.

RB –¿Hace cuántos años fue que se vieron por primera vez?

JP –Veintidós años. Pero la primera vez que la vi fue algo que no se cree. Yo estaba sentado en el cafetín de Centro Plaza que queda a un lado de la entrada de los artistas a mi teatro. Estaba solo y vi pasar una mujer y en ese momento una voz interior me dijo: “Esa que va por ahí es tu mujer” Yo no supe qué pasó, de dónde salía esa voz, así que pensé que me estoy volviendo loco, con esto del teatro, la televisión, no dormía. Pero igual me levanté para ir detrás de ella y decirle: “mira tú eres mi mujer según lo que me acaban de contar”, pero ya ella, que vivía en Los Palos Grandes en ese entonces, había cruzado la esquina y la perdí de vista. Y no la volví a ver hasta el cabo de cuatro años aproximadamente, en el año 1996, cuando en Venevisión me llamaron para hacer una telenovela titulada “Sol de Tentación”. Ahí nos presentaron para hacer unas fotos publicitarias porque ella iba a hacer de mi hija y cuando la vi yo la recordé porque la imagen se me había quedado. Fíjate que yo estaba tan claro que en ese entonces me encontraba casado y andaba de amante con otra mujer y, sin embargo, yo sabía que aquella voz que me dijo que esa era mi mujer no se había equivocado y en efecto así fue. Y hoy es mi mujer.

RB –Fíjate Jorge. La vida es cíclica. Tú dejaste a tu familia en España y viniste a Venezuela a labrarte un futuro. Aquí tuviste hijos y ahora son ellos los que se han ido a otras latitudes en pos de ese futuro. ¿Cómo manejas ese desarraigo familiar?

JP –Mal. Lo manejo muy mal. Lo sufro constantemente. Es muy doloroso porque son parte de tu ser. Uno sabe que tienen que volar del nido y que es necesario que lo hagan. Incluso uno es el primero en empujarlos a que busquen una posibilidad de vida que este país lamentablemente ya no les ofrece. Afortunadamente tanto a mis hijos como a mi hija adoptiva, la hija de mi esposa Patty, pudimos darles una buena educación y están dando la pelea y gracias a Dios están demostrando que tienen fuerza de voluntad y el talento para salir adelante. Tenemos en Londres a uno de mis hijos, en Madrid a mi hija adoptiva, mis otras dos hijas están en Estados Unidos, una en Miami y otra en Atlanta. Y todos están teniendo éxito en su vida personal. Pero el dolor no cesa. Estamos orgullosos de que nuestros hijos estén siendo exitosos en alcanzar su destino pero nos hubiera gustado que ese destino estuviera un poquito más cerca. Un poquito más a la mano. Porque este país ofrecía destinos brillantes para todo el mundo. Porque era un país que crecía a una velocidad extraordinaria y necesitaba gente preparada en todas las áreas. Llegó esta gente. Paralizó el país y nos ha involucionado casi a finales del siglo XIX antes del descubrimiento del petróleo. Estamos viviendo ruinosamente. Parece que aquí nunca hubo riqueza en ningún orden. ¿Cómo es posible que la gente esté comiendo basura en las calles? ¿Cómo es posible que la clase media, tenga que sufrir para hacer mercado? ¿Cómo es posible que ninguna profesión la gente quiera estudiarla porque no les sirve para nada? Yo sé de amigos míos que son ingenieros, que son médicos y que están trabajando en Uber en Miami o paseando perros en Barcelona o cuidando ancianitos en Madrid, porque no consiguen que su profesión les permita vivir en otro país como hubiesen podido vivir aquí.  Entonces es un grito desgarrador lo que los padres estamos lanzando.

RR –¿De salir del oscurantismo en que está sumida Venezuela, que al parecer todo apunta a que pronto lograremos ver luz, por donde comenzar a reconstruir el área artística, que como todo, se ha visto menoscabada?

JP –El área artística se ha visto menoscabada, es cierto. No hay las posibilidades económicas que siempre tuvimos en el mundo artístico para producir, para hacer, para crear. Pero a pesar del menoscabo hay una especie de roca que no ha logrado ser astillada, que no ha logrado ser demolida por las circunstancias ni por esta gente. Y esa dureza viene dada por la voluntad que ha demostrado un cierto pequeño grupo de personas que sigue haciendo teatro y que sigue apostando a la cultura. Y esto genera dentro de esa roca un remanso de paz  y de seguridad de que, en cuanto esto mejore, esa roca se va a convertir en un océano, en un continente. Va a renacer por que la semilla está ahí, no hemos permitido que muera. Ella rebrota constantemente en el Trasnocho, en La Caja de Fósforos, en el BOD y en tantos otros lugares, tanto en Caracas como en el interior, en donde todavía se sigue haciendo teatro. La cultura siempre sigue viva. Nos han obligado a ser crisálida pero la mariposa va a volar sin duda alguna.