Por Florángel Quintana.

Dwight D. Eisenhower dijo cierta vez que “la política debería ser la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano”. Pienso cuánto podría mejorar una sociedad si cada uno de sus conciudadanos se sintiera, de verdad, comprometido con el hacer político. Aquí valdría preguntarse: ¿están nuestros milénicos –como casi mayoría demográfica– interesados en ella?

Solo en Estados Unidos, los millennials representan casi el 22% de la población, eso significa que para las elecciones presidenciales de 2020 habrá un bloque de votación importante que podrá ser capaz de decir a viva voz cómo quiere permanecer en el mundo, es decir, qué será lo prioritario a tratarse en materia de política nacional e internacional.

Recordemos que ellos son un grupo de jóvenes idealistas, cerrados a cánones sociales tradicionales, con una mayor conciencia y sensibilidad sociales respecto a los Baby Boomers, sus abuelos, y a sus padres (GenX). Pueden considerarse más liberales y renuentes a los habituales ideales políticos. Son tecnológicamente avanzados y han aprendido a usar las redes para hacerse sentir, por lo cual aquellos que están en política saben, perfectamente, cómo dirigirse a la masa, cómo señalar las faltas de los contrincantes, cómo emocionar a los electores, aunque algunos puedan salpicarse por las faltas usuales del viejo establisment, caso por ejemplo de Aaron Schock, el primer millennial que llegó al Capitolio en 2009, muy conocido por su cuenta de Instagram antes de ser llevado a juicio por corrupción.

Dijo el filósofo francés Edmond Thiaudière que “la política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”, y esto me lleva a reflexionar si acaso nuestros milénicos serán capaces de ponerse en los zapatos de los descamisados, ignorados y vilipendiados…

Creo que sí, tal vez de una manera distinta al esquema del quehacer político como hemos estado acostumbrados. Quizá encontrarán otras formas de acercarse, otros caminos para la propaganda, otras estrategias para hacer llegar el mensaje transmutador de la política en modo milénico. Algo interesante que ya está pasando, como lo demostraron los resultados de una encuesta entre millennials llevada a cabo en marzo de 2018 por el Centro de Investigación Pew donde el 44% se identificaba como independiente, mientras que el 35% se identificaba como demócrata y el 17% como republicano. Entonces estamos “olfateando” en la sociedad que pueden surgir nuevas ideas en estos jóvenes, hay nuevos aires o se avecinan nuevas tormentas…

Hoy día incluso los centennials están en la brega de involucrarse en cambiar los tiempos. Valga leer la breve historia personal de Greta Thunberg, estudiante sueca de 16 años que aboga porque los gobiernos piensen y hagan algo sobre la crisis climática.

Transformación en el pensamiento, buscar las soluciones a los conflictos sociales, ver cambios en las estructuras de poder, eso siempre hemos querido los de mi generación. Para mis congéneres ha sido frecuente escuchar frases groseras sobre los políticos, asociándolos con corrupción, inmoralidad y escándalo. Siempre hemos soñado con una sociedad más justa, más abierta a las diferencias. Todo es política, siempre hemos escuchado; todo lo pudre la política hemos criticado y, aunque suene contradictorio, no entendemos cómo se vive sin hacer política.

Desde los tiempos de la antigüedad griega la organización de los grupos humanos era objeto para filosofar. Quizá largas caminatas en círculo tuvo que hacer Aristóteles en el ágora para intentar entender el entramado del poder dentro de la polis. Hoy todavía andamos sin salir de las viejas discusiones sobre lo correcto o no para la mayoría, ¡oh, mayoría según quién! Ahora se suman tópicos como la inclusión y la libertad como concepto más amplio (desde el cuerpo, desde las emociones). Afortunadamente hay más redes para la denuncia, más vías para la confrontación.

Tal vez en los años por venir serán más políticos nuestros hijos, maduros y comprometidos con su tiempo. Nosotros, si estamos vivos, veremos los cambios del mundo con una sonrisa satisfecha: los hicimos pensar distinto al menos, diremos orgullosos.

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