Una paradoja para el establishment

Jun 23, 2016 | Arte y Crónicas

por Mariveni Rodríguez

En tanto sea un cenáculo donde han de subvertir las minorías, la contracultura no estará sola. Porque es espiral, flujo, trama, imagen disruptiva y, acaso, un animal insatisfecho… No importa que el icono más cruento, humano o feroz sea absorbido por el establishment o que éste “se cargue” a movimientos underground. De nada sirve que en su afán el poder eleve (primero) y engulla (después) corrientes y voces reivindicativas para (desde luego) servir sus cabezas en bandeja de plata, alevosamente. La contracultura será siempre un sabor agridulce que no se come con patatas.

Manifiestos, colectivos, personas y artistas comprometidos resisten porque al frente de cada uno de sus discursos personales y sociopolíticos hay símbolos inequívocos que despiertan autocrítica y reacción. Problemas de índole sociológicos, preocupaciones medioambientales, ilegalidades constitucionales, derechos civiles, segregación racial, discriminación sexual y de género, crisis de refugiados y exilados sirven como fundamentos a esta fuerza catalizadora contracultural.

El art power está en nuestras calles

El fenómeno contracultural lanza su advertencia preclara a la sociedad más allá del orden sistémico. En contra de los pronósticos agoreros y escépticos, la contracultura sigue aquí. Y la prueba irrefutable está en nuestras calles, debajo de los túneles, acaso, dentro de un vagón de metro donde transeúntes, policías, turistas o trabajadores se entrecruzan.

Un llamado del art power. Creativos, intelectuales y críticos genuinos buscan y encuentran su espacio. Así, hoy, fruteros suizos cantan su mercadería en una mañana soleada; mañana, un artista pinta sobre el lienzo su crítica a la globalización. Hoy, un hombre camina velozmente y negocia en Wall Street; mañana, un poeta y filósofo escribe una oda antiestablishment. Hoy, un político lanza su discurso a una audiencia necesitada; mañana, una mujer con saris disputa a codazos el derecho a su identidad.

La contracultura tiene estas cosas, no obstante. Un día consigue motivar y cambiar estructuras. Otras veces no logra sostener el entusiasmo que en principio ha provocado. Mantenerse en pie, con solidez -cual boxeador campeón- es su sino.

Aferrarse a los sueños con garras 

El fenómeno de las redes sociales, internet , web indie y el runrún del boca a boca ha servido desde hace ya décadas de plataforma a artistas transgresores para que en este púgil de las desigualdades, la contracultura mantenga los guantes arriba. Si antes un sello discográfico era la catapulta para dar a conocer talentos soterrados, ya esa relación ha sido barrida prácticamente de un todo.

Artistas anónimos siguen conquistando plataformas abriéndose su propio espacio. Porque aunque aspiraciones inconformistas sean absorbidas por la cultura del mainstream, la sociedad del futuro sabe reconocer el arte que describe del que prescribe.

Sí, en la historia ha habido iconos que han mantenido hasta su muerte sus reivindicaciones y estilo. Y la generación Beats estuvo a la cabeza. La inspiración es retadora: Mantenerse firme en las cuerdas del ring. Entre algunos más, o menos, podría reconocerse a M.i.A y Benjamin Clementine; dos artistas con talento para contrarrestar la fuerza del sistema. Pero ¿cuánto han sido ser fieles a sí mismos sin ceder al mercado?

M.I.A, acrónimo de Missing in Action. Cantante, compositora, fundadora de su propio sello discográfico Neet, artista visual, directora inglesa de ascendencia Tamil cingalés e hija de activista, ha pisado fuerte para sortear sus sueños. Ha hecho del controversial asunto de los refugiados, la política y la religión sus bastiones. En esta buena lid también reconocemos al compositor y pianista Benjamin Clementine, cuyas letras le han ganado no pocos adeptos por su poética anti sistema.

Efectivamente este cantautor británico ha recorrido muchos vagones del metro de París con su pregón hasta ser incluso considerado un intérprete más cerca de Nina Simone. Y M.i.A ha hecho de la filantropía su ideal hasta llegar a ser considerada por la revista Time como una de las mujeres más influyentes del mundo. En la actualidad, sin embargo, ¿sus discursos son aún promesas de vanguardia o ya son parte del star system?

Título de la Fotografía: “S/T” Fotografía: Manto Pérez-Boza

Desde la política y nuevos medios sobran ejemplos, estándares como el M-15 y quizá los modelos confrontados de Julian Assange (Wikileaks) que entrega gratuitamente información a empresas y es tildado como terrorista, mientras que Mark Zuckerberg (Facebook) vende información confidencial y es nombrado hombre del año. La superestructura del sistema pervierte lo aparentemente antagónico legitimándolo.

La disidencia, una voz escuchada con sordina

Pero hay también otra perspectiva. Quizá en la actualidad la disidencia sea un grito de denuncia que termine por ser una voz de la contracultura escuchada con sordina. Sin embargo esto, justamente, parece ser parte del juego de la contracultura, que no subcultura. Un contra juego, donde aquello que originalmente ha ido en "contra" del sistema no sea desactivado por las estructuras del poder. Cada día, otras voces surgen ¿aisladas, acaso?

La imagen que ilustra este artículo, sin más. La imagen del poder de las flores contra la guerra en Vietnam, en Arlington, Virginia (1967). La imagen de la estudiante defendiendo su derecho a la educación mientras besa a un oficial en una protesta, Colombia (2011). La imagen del hombre tocando piano para la policía en Kiev, Ucrania (2013). La imagen de un manifestante cargando en brazos a un policía anti disturbio herido en Sao Paulo, Brasil (2012). La imagen de una mujer socorriendo a un protestante herido de un bulldozer militar en Egipto (2013). La imagen de un manifestante regalando una rosa a un soldado en Bangkok, Tailandia (2013). La imagen del beso de un soldado ucraniano a su novia en una base pro-rusa, Rusia (2013). La imagen de un niño tocando su reflejo en el escudo policial en una manifestación del Ku Klux Klan en Georgia, EEUU (2014). La imagen de un venezolano socorriendo a un policía anti disturbio tras su agresión a manifestantes que exigen revocatorio presidencial (2016)…

Son imágenes que laten, una dos, tres veces… Y despiertan, como la historia. Porque sin o con garbo, la contracultura, muchas veces, es un espejo incómodo que mira con optimismo el horizonte. Y quién duda que en este cuadrilátero donde se ha subido el poder y contrapoder, el arte no sólo está vivo, sino es libre.