Por Florángel Quintana.

Si eres de los que naciste en los 60, ¿recuerdas tus 23 años? De seguro estabas finalizando la universidad, trabajando para pagar tus gastos y con el corazón ocupado en varios intentos de amor. El plan de hijos estaba en un largo standby. Lo importante era atrapar cada oportunidad. Era una búsqueda de placer constante al cual se le sumaba la aspiración por tener y ser.

Ahora, pasadas varias lunas, ¿tienes hijos millennials? Pues ¡bienvenido a la adolescencia tardía! Ellos también están en la persecución del simple disfrute aunque sin muchos recursos para obtener los objetos de sus deseos sino para vivir un evento preciso. Los padres somos apoyo, alentamos sus decisiones, pero a veces no entendemos su inmadurez emocional y su desbalance financiero. Entonces… ¿por qué no comprendemos a cabalidad cómo ven la vida? ¿Qué no podemos ver en la actitud milenial?

Para los milénicos, los adultos somos pesimistas, tenemos un disco duro obsoleto y aunque sabemos enfrentar crisis, estamos usualmente en modo “discurso filosófico reloaded”, eso donde todos nuestros hijos coinciden: la perorata de “saber más de la vida misma”. Aquello de “yo a tu edad…” Y vamos a ser honestos, ¡somos cansones!

Si nos pudiésemos desdoblar, salir de nuestros cuerpos y en espíritu vernos desde arriba en esa conversación-interrogatorio de gastos, deudas, presupuesto, de seguro diríamos que somos la transmutación de nuestro papá o de nuestra recia madre. Son estos momentos cuando algo nos hace clic adentro y sorprendidos decimos: ¡Mamá, sal de este MI cuerpo! Nos vemos como autómatas repetidores de frasecitas clichés que escuchábamos –a nuestro pesar– sentados en el sofá viendo nuestros zapatos limpios de polvo. Nuestra inexperiencia en contraposición a la voz de la verdad de nuestros mayores. ¡Y lo cruel es que lo volvemos a repetir! Somos expertos en la materia “vida vivida” y ¡debemos ser escuchados!

Caemos en cuenta que los tiempos son distintos, pero nada cambia en las relaciones familiares donde dos veteranos se enfrentan a un novato. El eterno juego entre pro vs. rookie.

La generación de nuestros hijos es criticada por un individualismo a veces excesivo. Pero si hurgamos un poco en la red, son más los milénicos que hacen algo con su conciencia global, su interés por el medioambiente, su creación de nuevas ofertas laborales que nosotros, culpables de catástrofes ambientales, de la disminución de los bosques tropicales, de las caídas estrepitosas de la bolsa y la merma de fuentes de empleo.

De todas las campañas mundiales, la mayoría de los crownfundings hoy están en las manos y cabezas de millennials. Su visión peculiar del mundo a través de los entornos digitales que les toca desarrollar les ha abierto las cuentas a youtubers y a influencers que se ganan la vida haciendo lo que les gusta y si no da dinero inmediato, no hay apuro, papá transfiere mientras viven sus sueños medidos en pulgares arriba y enlaces en nanosegundos a sus redes.

Ver la vida con ojos milénicos supone tener conciencia social, estar comprometidos con ser felices –algo que a nosotros nunca se nos dijo– y plasmar las ideas con claridad para ver los réditos en millones de verdes. La vida para un millennial se ve desde la colección de experiencias, no desde la obtención de una casa y su hipoteca, del respaldo de un trabajo seguro, de la tríada papá-mamá-niñitos.

Los milénicos perciben la vida como una necesidad de reconocimiento constante. Buscan perderse de nada… Su vida profesional la satisfacen si están compartiendo en vivo con iguales. ¿Su preocupación? Tener el dispositivo preciso de alta gama para captar y mostrar su estilo de vida.

Han cambiado lo que nosotros apreciábamos de un empleo fijo, duradero y con posibilidad de crecimiento, al compromiso de emprender un nuevo negocio, con excelente remuneración, con impacto global y distinto a cualquier cosa conocida.

Nuestros milénicos son optimistas, por fortuna, y se perfilan como futuros líderes que no temen emigrar o iniciar un nuevo reto con una startup siempre que ganen sonrisas por doquier. La escena mundial está ansiosa por nuevas ideas, por nuevos contadores de historias, ¿vamos a acompañarlos a su paso o nos quedaremos rezagados en nuestra silla reclinable?

@florangel_q