Balance. Estabilidad. La continua búsqueda para encontrar el grial que solucione problemas y nos conduzca al estado ideal de paz y calma. Si encontrar las condiciones esenciales que alimentan este estado de “balance” es la meta de muchos, estar lejos de tu país de origen podrían incrementar esta necesidad de estabilidad.

La experiencia en el exterior nos mantiene alerta, a estar en guardia para recuperarnos, para continuar apoyando, para crecer sin desfallecer, caminar con un paso constante, aunque parezcan lentos, torcidos o temblorosos. Una frase que me acompaña en mi clase, impresa en español y en inglés para que también se escape a los hogares y las experiencias de mis alumnos define gran parte de las actitudes a desarrollar en este 2020 particular, con retos más globales que en la pasada década que nos acercan en confusión e inestabilidad, mientras paradójicamente nos alejan en distanciamiento preventivos y miedos acumulados por la información constante, los grupos de WhatsApp y la sed por repuestas absolutas. Esta frase resuena al cierre de este año lleno de incertidumbre y emergencia global.

Entre el decir y el hacer

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“Lo verdaderamente importante es lo que hacemos con el tiempo que nos ha sido otorgado”, reflexiona Miguel Ángel Latouche en este nuevo artículo titulado “Entre el decir y el hacer”

De las fábulas y las cancelaciones

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Era común que, a los niños de mi generación, lejanos como por necesidad éramos de los video juegos y de las redes sociales, nos leyeran cuentos antes de ir a dormir

La topografía del pánico

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Sí, tienes problemas mentales. Sí, eres mujer. Sí, ambas cosas combinadas son difíciles. Sí, podrás seguir. Aglaia Berlutti nos habla sobre La topografía del pánico

El exilio, los recuerdos y Cadenas

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Acerca del exilio uno pudiera decir muchas cosas, pero creo que lo peor de todo son las devastaciones que van quedando en el alma”, expone Miguel Ángel Latouche.

Nick Santonastaso cita a Melodie Beattie en su libro “Victim to Victor” (De Víctima a Vencedor) con esa frase que veo todos los días en mi salón: “El agradecimiento da sentido a nuestro pasado, trae paz a nuestro presente, y crea una visión para el mañana.” Nick es un joven sin piernas y con un solo brazo y un solo dedo en su único brazo, que aprende a luchar metafórica y literalmente logrando escribir libros y hasta formar parte del equipo de lucha de su colegio. Un muchacho que faltándole mucho de lo que nosotros tenemos (y en esta comparación, hasta nos sobra), hizo uso productivo y creativo de lo que sí tenía, de aquello que lo hacía diferente.

Nick dice que es “emocionalmente imposible sentirse agradecido y triste al mismo tiempo. Es emocionalmente imposible sentirse agradecido y molesto al mismo tiempo. La emoción que genera la gratitud sobrepasa las emociones negativas”.   Agradecer es poner en perspectiva un pasado, para que se reduzcan en el presente la rabia, el desasosiego, la ira, el temor, la duda, toda emoción que limita el desarrollo, apuntando a un futuro de resonancia positiva. Es abrazar y aceptar lo que nos diferencia en momentos donde la realidad nos impulsa a ser iguales. En lugar de camuflarnos entre el malestar y la confusión, a usar destrezas camaleónicas contaminantes, o escondernos detrás de paradigmas culturales limitantes, quedaría alzar al vuelo la imaginación para que lo diferente dentro o fuera de nosotros se convierta en motor de avance. Hago énfasis acá en lo externo porque solemos ver más hacia afuera –la comida, el clima, las personas, las tradiciones, las costumbres– cuando no estamos tan cerca de nuestro país.

Ser diferentes, actuar diferente, podría tener una connotación negativa. Podría parecer que nos rodeamos de un aura de busca pleitos y no querer seguir las normas. La realidad es que los cambios sustanciales han sido promovidos por muchos que se dieron cuenta de la diferencia que le permitió hacerse preguntas sólidas y se dedicaron a tomar el camino para responderla. Sería entonces en esa diferencia que nos acompaña como seres únicos donde podríamos encontrar agradecimiento auténtico, agradecer lo que otros, en su individualidad –o colectividad– no agradecerían.

 El 2020 pareciera no haber dejado mucho que agradecer. La diversidad de eventos únicos, globales o particulares por región del mundo, país o espacios dentro de cada país, podría ser una razón única y simple para agradecer. Incluso la presencia del COVID-19 pudo haber hecho a muchos ver cosas positivas que antes quizás no habrían sido capaces de ver.

Tayo Jackson reconoce que nuestras experiencias hacen que seamos “realistas”, limitando las posibilidades para entender, aceptar y crecer. En estos tiempos tan retadores, ser solamente realistas podrían generar un efecto secundario: bloquear la capacidad de crear soluciones y cerrar las puertas hacia las mejoras que buscamos. Agradecer permite combinar la realidad con las posibilidades que encierran la creatividad al esforzarnos en agradecer cuando parece que no hay muchas opciones. Agradecer por lo vivido en el 2020 como forma de romper perspectivas reduccionistas y superficiales es un esfuerzo que valdría la pena.

El 2020 grita a los cuatro vientos que nos armemos de fortaleza, dedicación y como dirían mis cuates de México: de coraje, para aceptar los cambios, enfrentar los retos, reconocer capacidades, identificar debilidades y trabajar progresivamente en función de crecimiento y desarrollo. Para decir no a creencias limitantes.

Decir sí a proyectos que, aunque son retadores o no parecen generar un beneficio tangible para “otras personas”, nos ayudan a reorientar los pensamientos hacia esa estabilidad y balance tan necesario en tiempos de cólera mundial; hacia tu estabilidad interna.

Esperando que el 2021 sea otro año para navegar exitosamente en el crecimiento de una visión intercultural de expansión y desarrollo teniendo presente la trinidad de realidades que nos ayuda a dar forma a una perspectiva intercultural: “un pasado para dar sentido, un presente en paz y un proyecto de futuro”.

Los espero en un próspero año 2021. 

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