Por Yorgenis Ramírez.

Una mujer con evidentes signos esquizoides se desgarra en gritos frente a la Clínica Alfa, en Maiquetía. Tres PNB la observan, riéndose de forma grotesca y humillante. Uno de los tres policías es conocido mío. Me acerco y le saludo.

 

–¿Qué más chamo? ¿Cómo estás tú? 

–Aquí chico, tripeando el show de la loca. 

–¿Te refieres a la joven? 

–¡Obvio! Esa pana está bien frita.

–¿Qué sucedió? 

–Nada. La tipa entró a pedir comida donde los chinos y nos pidieron que la sacáramos. 

–¿A cambio de?

–Tres potes de arroz chino para cada uno.

–¿Te lo comiste todo?

–¿Tienes hambre?

–Sí.

–Agarra.

 

Tomo medio pote de arroz chino. Agradezco. Los PNB se van. Me acerco a la joven, en un momento donde su delirio descansa. Me mira, entre el hambre y la rabia. Nos miramos fijamente a los ojos, cada uno en su propio dolor. Ella en su vehemencia esquizoide. Yo en mi oceánica tristeza. Le doy el pote de arroz chino. Ella duda, ríe, llora, llora y se lanza al suelo. Me agacho. Toco su espalda, apenas con un leve gesto de mi mano temblorosa. Ella voltea su rostro y pregunta.

 

–¿Dónde están los que se burlaban de mí? 

–Se fueron. 

–¿Tú también te vas a burlar de mií?

–No.

–Gracias. 

 

Ella se apoya en mi cuerpo, nos levantamos. Toma el pote de arroz y pregunta. 

 

–¿Cómo te llamas?

–Yorgenis, ¿y tú? 

–No sé. El hambre hace que me olvide quién soy.

Abre el pote de arroz chino. Come con las manos, desesperada. Me mira nuevamente y dice.

 

–Ponme un nombre. Uno que te guste mucho.

–Fabiana. Es el nombre de mi madre. 

–Me gusta. 

–Qué bueno. 

–Tienes que querer mucho a tu mamá para llamarme como ella. 

–Sí. La amo.

–¿Y a mí? 

–También. 

–¿De verdad? 

–Totalmente. 

–Gracias. Tener comida, un nombre y amor es suficiente. Me voy. Chao… Yor. 

–Chao, Fabiana. 

Ella se va, terminando los restos de arroz chino. Serena, se pierde entre la gente anonadada. Voltea y hace un último saludo con su mano izquierda alzada. Sonríe. Y yo vuelvo a la vida menos triste, con más fuerza, vivo; demasiado vivo.

 

Yorgenis Ramírez / @irreligente

 

#ApuntesDesdeElVertigo