Cada persona es un mundo de visiones diferentes con múltiples experiencias en su individualidad. En el contexto de las experiencias entre culturas, lo individual se podría referir también a la cultura local y nacional. Las percepciones que desarrollamos y consolidamos dentro de nuestra familia, comunidad y nación delimitan y hasta limitan la experiencia intercultural. 

Al hacernos conscientes de los aspectos de la cultura nacional venezolana que apoya nuestro camino al éxito y lo que nos detiene en nuestra experiencia fuera de Venezuela, podríamos construir una referencia de crecimiento en el transitar internacional. En este viaje diario entre dos culturas, contar con algún mapa es más que necesario. En este sentido, Erin Meyer (2020) ofrece una serie de dimensiones de las culturas nacionales que podrían apoyar significativamente en la creación de una cartografía de referencia para nuestro mundo fuera de Venezuela. 

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Acerca del exilio uno pudiera decir muchas cosas, pero creo que lo peor de todo son las devastaciones que van quedando en el alma”, expone Miguel Ángel Latouche.

El Mapa Cultural: Las 8 escalas de las barreras culturales y cómo sortearlas es un material valioso que ayuda a dar paso a la reflexión, alimentando la intuición necesaria en el momento de tomar ciertas decisiones como venezolanos en Estados Unidos. En las categorías que establece Meyer, las culturas se acercan o alejan a lo largo de una línea continua y la toma de decisiones es una categoría en la que Venezuela y Estados Unidos parecen encontrarse. Esta dimensión se divide en los descriptores “toma de decisión consensuada” y “toma de decisión de arriba abajo”. Siguiendo el mapa que ofrece Meyer, las decisiones en Venezuela tienden a manejarse de arriba abajo, asumiendo que las personas o grupos en posición de autoridad determinan las acciones (o reacciones) de aquellos que dirigen o representan. 

El acercamiento en esta dimensión entre Venezuela y Estados Unidos invita a reflexionar sobre la forma en que vemos a nuestros jefes y líderes, y cómo actuamos como líderes venezolanos en nuestro espacio laboral o personal incluso en casa en un contexto cultural estadounidense. El mapa de Erin Meyer nos dice que venezolanos y estadounidenses se parecen mucho al tomar decisiones. Podrían los dos encontrarse en el espectro cultural de esta dimensión donde la jerarquía tiene mucho valor al tomar decisiones, y aunque en la práctica se busquen formas de tomar decisiones en equipo, es muy probable (incluso a nivel inconsciente) que se fomente la necesidad de contar con un líder que decida por todos. Sin embargo, Erin Meyer menciona algo interesante: “Estados Unidos se sale de la norma, al combinar una filosofía igualitaria con una forma de toma de decisiones de arriba abajo, donde una persona normalmente el responsable decida rápidamente en nombre de todo el grupo”. 

Esto hace de la experiencia venezolana algo confuso, como país inclinado a la jerarquización de funciones y aceptar decisiones que surgen de los líderes. En estas situaciones, se podría notar con cierta incomodidad, que se debe participar de la decisión. Probablemente como venezolanos necesitamos que la última palabra “siempre” llegue de un líder. A esto se une la posibilidad de que se regrese a problemas que pensamos se habían aclarado, con ánimos de buscar consenso o soluciones nuevamente.

Meyer cita en su libro una experiencia de asesoría donde uno de sus clientes concluye que “para los estadounidenses, una ‘decisión’ no es más que un acuerdo para continuar con las discusiones”. En esta segunda oportunidad de tomar decisiones, es muy probable que volvamos a inclinarnos por esperar que el líder principal tenga la última palabra. Sin embargo, puede escucharse la voz de líderes secundarios o hasta miembros del equipo en general para concretar la decisión. Incluso, esta responsabilidad podría recaer en algún venezolano percibido como líder “tácito” en el equipo. En este sentido, la misma cultura estadounidense nos invitaría de forma práctica a buscar un balance con respecto a lo que percibimos como correcto en nuestra cultura nacional y lo apropiado en el contexto cultural donde nos desenvolvemos. 

Aunque Venezuela y Estados Unidos se acercan culturalmente como países en la forma de tomar decisiones, no llegan a superponerse. Los milímetros que los separan en el mapa de la cultura de Erin Meyer invitan a evaluar nuestra forma de pensar como venezolanos en Estados Unidos. En contextos globales, la norma se basa en la cultura del país donde se toman las decisiones mientras que los miembros del equipo provenientes de otros países podrían reaccionar de manera emocional ante la ‘supuesta ineficacia’ en algunos procedimientos. De hecho, Meyer reconoce que “la mayoría de nosotros ni siquiera somos conscientes del sistema que nuestra propia cultura emplea para tomar decisiones. Nos limitamos a seguir un patrón sin pensar, por lo que resultaría más difícil controlar nuestra reacción defensiva ante planteamientos diferentes.”

Para nuestro beneficio, vale la pena el esfuerzo de seguir estos consejos de Erin Meyer para un crecimiento armonioso en la experiencia entre venezolanos y estadounidenses:

  1. Hacer lo que podamos por mostrarnos pacientes y comprometidos a lo largo del proceso, aun cuando las diferencias de opiniones parezcan provocar discusiones interminables e indecisión.
  2. Hablar con nuestros colegas con regularidad para demostrar compromiso y responder a posibles preguntas.
  3. Prepararnos para adoptar una decisión, aunque no te hayan pedido tu opinión o esta no se haya tenido en cuenta. Es posible que un proyecto triunfe, aunque el plan inicial no fuese el mejor que pudiera diseñarse.
  4. Cuando seamos quienes estamos a cargo, pidamos opiniones y escuchemos con atención los distintos puntos de vista, pero procurando tomar las decisiones con rapidez. De lo contrario, podríamos descubrir que nos consideran líderes indecisos o ineficaces.
  5. Cuando el grupo esté dividido en cuanto a cómo avanzar y no haya un líder claro, podríamos sugerir una votación. Todos los miembros deberán adoptar la decisión que apoye la mayoría, aunque no estén de acuerdo. 
  6. Seamos flexibles durante todo el proceso. Las decisiones pocas veces están grabadas en piedra; la mayoría puede ajustarse, revisarse o discutirse de nuevo si fuese necesario.

Estados Unidos se ubica en un punto intermedio entre la toma de decisiones consensuales y de arriba abajo. El reto sería ajustarlo en el camino, haciendo camino al andar mientras se afina la intuición que da la misma experiencia intercultural.

Nota: las sugerencias fueron tomadas directamente del libro El Mapa Cultural de Erin Meyer

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