Por Florángel Quintana.

No es necesario trabajar duro para ganarse el sustento. Esto podría ser el mantra de los Millennials. Ellos –con ideas de hacer el mundo más conectado con el bienestar– nunca sufrieron lo que nosotros, perteneciente a la Generación X, escuchamos con frecuencia: “hay que ganarse el pan con el sudor de tu frente”, “vivimos en un valle de lágrimas” o aquella idea nefasta de “la letra con sangre entra”. Todos parámetros aniquiladores del entusiasmo y la creatividad.

Los milénicos, de forma definitiva, no comulgan con las palabras esfuerzo y sacrificio. Eso es propio de sus abuelos, los Baby Boomers, criados con recesión y bajo la égida de frases castradoras: “trabajar como un burro”, “ya los ricos están completos”, “el dinero es la fuente del mal”, “pobre pero honrado”.

Los Millennials y la Gen Z aman el conocimiento y tienen el poder de la conectividad para producir ingresos que no signifiquen, en ningún sentido, palabras asociadas a sufrimiento, pesar, angustia. Aquí vale decir que en mi generación tuvimos una serie de patrones que forjaron creencias arraigadas sobre lacerarse para lograr un objetivo.

Por fortuna, fue tanto lo que se nos marcó que nosotros como padres les dijimos todo lo contrario a nuestros hijos: La vida es para ser felices. Reconoce tu talento y trabaja con él. A mayor intelecto, mayor satisfacción.

Hemos criado seres entrenados para la complacencia. Les hemos hablado de éxito, liderazgo, libre mercado y capitalismo, todas palabras sin adjetivos calificativos. Por tanto no hay malo, bueno, desmedido o salvaje. Hoy les dejamos a nuestros hijos y nietos futuros, un mundo evolucionado donde se han corregido muchas fallas respecto a la manera cómo se gana dinero y a cómo se obtiene mayor sabiduría para propiciar que más gente tenga más ingresos.

Si le preguntas a un Millennial sobre bienestar te hablará de ideas para ser millonario. Intenta hacer una sencilla encuesta sobre qué representa el dinero y qué es bienestar a alguien de tu generación o a tus padres y saldrás con más preguntas para tu próxima sesión con tu psicoanalista.

¿Quién tiene la llave de la prosperidad? ¿A cuál sistema de creencias podemos echarle la culpa de nuestra manera de ver las finanzas? ¿Cómo podemos corregir la peculiaridad de relacionarnos con la dupla “estar bien y ser felices”? Estas preguntas son de alguien de la Gen X. Plantearlas a un milénico es ver entornarse los ojos y escuchar cómo espetan un comentario tan lógico y repleto de sentido común que nos enrojecemos de pena por nosotros mismos.

Por fortuna el mundo siempre ha sido de los atrevidos. Disfrutemos de las generaciones que nos preceden, están haciéndolo mejor que nosotros y superarán más rápido sus miedos.

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