Canadá, el país de las hojas de arce, se ha visto involucrado en un mórbido escenario que expone un pasado no menos que dantesco en donde la comunidad indígena de ese país ha sido la principal víctima.  Desde 1831 hasta 1996, alrededor de 165 años, las autoridades de las escuelas residenciales de Canadá separaron a niños indígenas de sus familias pertenecientes a las denominadas “Primeras Naciones”. Este grupo, en su mayoría niños indígenas de entre 7 y 15 años, sufrieron en distintos internados católicos del país –que en algún tiempo fue colonia británica– abusos sexuales y físicos de todo tipo.

La escuela Kamloops en 1937

La escuela Kamloops, en 1937, tenía capacidad para albergar hasta 500 niños. (FOTO: EPA)

A mediados de junio, líderes indígenas pertenecientes a La Primera Nación de Cowessess, hallaron 750 tumbas sin marcar luego de registrar con radares especiales los terrenos de la antigua Escuela Residencial Indígena Marieval. El hecho produjo la inmediata reacción e indignación de toda la comunidad ya que, para la fecha, era el mayor hallazgo después de que, a finales de mayo, descubrieran más de 215 cuerpos de menores enterrados cerca del internado indígena de Kamloops, en British Columbia, Canadá. Estos hallazgos han desatado la histeria colectiva que ha convergido en la quema de iglesias y el derribo de las estatuas de la reina Victoria y de la actual monarca Isabel II, ambas reinas de Inglaterra.

George Lavarca, hilar el alma

George Lavarca, hilar el alma

En esta entrevista conoceremos a George Lavarca, artista plástico venezolano cuya obra nos habla desde los hilos y tejidos de la ancestralidad Wayúu

Mientras las estimaciones superan las 6.000 muertes de niños bajo la tutela de internados católicos durante los siglos XIX y XX –ya se han identificado más de 4.100 menores– el país al norte del continente americano se encuentra en la lupa de la comunidad mundial que aboga por los derechos humanos.

 

La dantesca historia de Canadá y la colonia inglesa

 

Durante la fundación de Canadá, como país independiente del Reino Unido, la reina Victoria encabezaba el trono inglés. Bajo su cetro, la corona británica negoció con la comunidad aborigen la creación de las escuelas residenciales bajo el tutelaje de la Iglesia católica.

Esto trajo como consecuencia una suerte de adoctrinamiento por parte de la iglesia para la “expiación de los pecados” de toda la comunidad indígena canadiense, quienes fueron obligados a dejar sus tradiciones indígenas para convertirlos en “verdaderos católicos”. 

A la luz de lo que hoy se puede evidenciar es que, en realidad, no se trataba de convertir en creyentes a los niños indígenas sino, más bien, de exterminar a toda la comunidad indígena a las sombras de la frialdad del norte desligada de toda práctica humana. Como resultado: un genocidio.

Quien le escribe es un católico no practicante, pero para nadie es un secreto que la iglesia católica, desde aquel Primer Concilio de Nicea (325 D.C), convocado por el emperador romano Constantino I y quien, desde ese preciso instante, sentó las bases de cristianismo y tiempo después bajo el Concilio de Constantinopla, convocado por el entonces emperador Teodosio, quien termina el trabajo y decreta el catolicismo como la religión oficial de todo el imperio romano, trajo como consecuencia las mayores calamidades religiosas al punto de sentenciar a muerte todo aquel que no fuese católico- cristiano.

Desde entonces, la arruga histórica de las religiones se ha alargado hasta nuestros días, desatando paradójicamente los peores demonios de la humanidad. Y el hallazgo en tierra canadiense en nuestro tiempo no es más que una piedra más en la vergonzosa cruz de lo “hecho por la fe”. 

Por supuesto Canadá, al igual que Falkland –mejor conocidas como Malvinas Argentinas– Nueva Zelanda, Australia, Jamaica y Reino Unido, todas pertenecientes a la mancomunidad de naciones bajo el reinado de la monarquía británica, se rigen por preceptos católicos-romanos. Y si algo nos ha enseñado la historia del colonialismo es que las reglas, normas y tradiciones de la colonia no son negociables, mucho menos ante los ingenuos aborígenes.

Sin embargo, los tiempos cambian y, por fortuna, el pensamiento evoluciona. No por nada existe el dicho “no se puede tapar el sol con un dedo”. Es la memoria en el pasado y la evolución del pensamiento lo que hace que la verdad salga a flote. Es necesario afrontarla por muy dolorosa que sea. En el caso de Canadá, la verdad está siendo desenterrada de un pasado que culpa a sus fundadores y que visibiliza, nuevamente, las atrocidades cometidas en la edificación de las democracias.

Los Esquimales revelan la otra cara de Canadá.

 

Canadá es el mejor país del mundo por su calidad de vida y su propósito social, esto según el informe anual de “2021 Best Countries Report”, coronándose así en el primer puesto en la clasificación anual de “Mejores Países del Mundo” por encima de Japón, Alemania, Suiza y Australia, siendo estos los primeros puestos desplazando al sexto lugar a Estados Unidos de América, de un total de 79 países.

Mientras escribo estas líneas se han encontrado 182 cuerpos más, esta vez en la ciudad de Cranbrook. En palabras de Mumilaaq Qaqqaq, parlamentaria de 27 años y representante del grupo indígena inuit, comunmente denominados esquimales, en una entrevista realizada por el periodista Gerardo Lissardy para la BBC Mundo, comenta que “es algo que como indígenas siempre supimos, pero ahora hemos tenido la posibilidad de confirmarlo en la sociedad” y remata con la afirmación de que “los canadienses son conocidos como muy diversos, inclusivos, felices y geniales, pues esa idea está lejos de ser compartida por los pueblos originarios del país”.

Estas afirmaciones están se alejan de la cotidianidad demagógica del verbo que desde algunos países del sur del continente recibimos a diario por parte de sus políticos. La parlamentaria solo alza la voz con sus reclamaciones históricas basada en pruebas tan brutalmente fehacientes que silencia a cualquiera que intente siquiera refutarlas.

Y son estos hechos, los cuerpos que día a día desentierran en los alrededores de las iglesias católicas y museos, lo que ratifica la aseveración de los pueblos indígenas esquimales que, en Canadá, en los tiempos de su fundación hasta mediados de los noventa, se intentó exterminar a toda la población indígena bajo métodos de tortura y, mientras esto sucedía, intentaron ocultar las pruebas bajo la santidad de la eucaristía. Y esto nos trae como consecuencia otra penosa pero innegable afirmación de que no todas las costumbres, sociales y religiosas, traídas desde “el viejo continente” en tiempos de la colonia fueron “buenas nuevas” para el avance de nuestras sociedades.

Los primeros afectados no fueron los blancos de orillas ni los blancos criollos, mestizos de la cruza entre colonos y aborígenes, no. Fue la población indígena quien sufrió el impacto colosal de la toda poderosa corona quienes, desde las armas, las ideologías renacentistas y la bendición proveniente desde la Iglesia de San Pedro, obligaron a los pueblos indígenas al adoctrinamiento irrisorio hasta casi su exterminio.

 

Canada genocidio cultural

No queda más que asumir su error

 

Los errores del pasado no deben ser reafirmados en el presente para luego ser la vergüenza, nuevamente, en el futuro y eso lo está asumiendo el gobierno central de Canadá.

Si bien los hallazgos apenas están comenzando, el gobierno de Canadá ha dispuesto todo el apoyo tanto de recursos como de equipos para dar continuidad a la búsqueda de las tumbas clandestinas. El primer ministro, Justin Trudeau, calificó los hallazgos como un “doloroso recordatorio de un capítulo vergonzoso de la historia de nuestro país”, dijo.

Y es que imagínense lo que esto significa para la comunidad internacional hoy día, sobre todo bajo la creciente conducta de cancelación y denuncia que se ha venido incrementando en los últimos años y pareciera que ha entrado en etapa de ebullición con la llegada de la pandemia, desde las protestas en el marco del “Black Live Matters” por el homicidio de George Floyd, en Estados Unidos, hasta el reciente asesinato catalogado como “crimen homofóbico” perpetrado por tres delincuentes que golpearon hasta la muerte a Samuel, un joven homosexual de 24 años de edad residente de La Coruña, España, al término del mes de la diversidad y las manifestaciones en apoyo a la comunidad LGTBQ+.

El mundo entonces pareciera que se niega a aceptar los errores del pasado para así dar un paso a un verdadero cambio de la conciencia. Es por lo que, a pesar del horror que significa desenterrar los más oscuros secretos de la historia, es necesario que el gobierno canadiense pueda demostrar que se pueden reconocer los errores, asumir el momento histórico en el que se encuentran y transformar de raíz todo aquello para así trascender a un desarrollo real de la conducta humana.

Quizás entonces, solo entonces, pueda incluso servir de ejemplo a una comunidad internacional que espera que todo esto se aclare, mientras los observan.

Tal vez te interese ver:

Artículos recientes

Escritor, lector y aficionado al cine y la fotografía.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad