El colgajo (Le lambeau, 2018) es un relato autobiográfico del periodista y escritor Philippe Lançon, quien narra su experiencia al haber sobrevivido un atentado contra su vida. Esta reseña contiene algunos detalles de lo que el lector hallará en este magnífico libro.

Philippe Lancon | Foto: Anagrama

El colgajo es ese tipo de libro que, leído en este lado del mundo, pudiera parecer absoluta ficción. Página tras página de lectura paso de asombro en asombro por lo narrado y la manera que el autor nos presenta su experiencia en este libro testimonio. Quizás por ese efecto distancia y en la mayor de las veces por desconocimiento de los lectores –entro en la mera especulación–, es que algunos de los libros de autores venezolanos que cuentan el desastre político de al menos los últimos veinte años, con sus consecuencias económicas, sociales, entre otros pesares, han tenido éxito en el mercado europeo, unos escritos con mejor tino que otros y que llevados de la mano por sucesos verídicos para narrar las historias, allá son vistos como parte de esa etiqueta llamada “real maravilloso latinoamericano” que no termina de causar asombro y que no terminamos por dejar a un lado.

Fue noticia mundial el atentado terrorista contra el semanario Charlie Hebdo. ¿Motivo? La publicación de una caricatura de Mahoma. Y allí estaba el periodista Philippe Lancon, como escogido por una Parca que, a medias, lo dejó medio muerto, medio vivo, para que con el tiempo terminara contando su historia pues el macabro equilibrio jugó a su favor entre los 12 muertos y los 11 heridos. Como simple lector, me resultó más doloroso y aterrador leer el proceso de recuperación que los minutos de zozobra y pánico cuando entraron los dos terroristas disparando a diestra y siniestra mientras gritaban “Allahu ákbar” (Alá es el más grande), aunque esto no deja de ser espeluznante: “Varios trozos de dientes me pasaron por la boca de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, mi lengua jugaba con ellos como si fueran migas y noté que quizá me costaba articular… Lo que quedaba de encía y dentadura estaba al descubierto, y el conjunto –esta unión de un rostro de tres cuartos intactos y una parte destrozada– hacía de mí un monstruo.”

De este estilo son las descripciones que conseguirán en El colgajo, unas más intensas  que otras; algunas incluso coquetean con la ambivalencia narrativa de un periodista que sabe de su oficio y que de manera constante pasa la frontera hacia lo literario, prosa que estimula a la lectura a pesar de la rudeza de lo narrado. Uno como lector no es más que un voyerista que está a la espera de más y más, y este libro consigue entregarte siempre un poco más de impacto, de drama para conquistarte. No obstante, no puedo dejar de mencionar que hubo ocasiones en que me pareció repetitivo, pero entiendo de la táctica, del dilatamiento para esperar el desenlace de un hombre al borde la muerte: “¿Eso era mi mentón? ¿Para eso me habían operado durante diez horas, quitado un hueso de la pierna y dejado en semejante estado? Estaba que me hundía.”

Philippe Lancon, pudiendo hacerlo, no escribió un libro moralizante aunque contara con todas las herramientas y el derecho ganado por el sencillo motivo de haber sido víctima del terrorismo islámico. Por lo contrario, se ciñe a contar su historia de cómo sobrevivió al ataque y, sobre todo, cómo sobrevivió a esa suerte de calvario que le tocó vivir en sus más de diecisiete operaciones y el proceso de rehabilitación. Por el lado que se le vea, el libro de todas maneras llama a la reflexión pues como afirma el mismo autor, “toda censura es sin duda una forma extrema y paranoica de la crítica”, y fue justo por no censurarse que Charlie Hebdo vivió lo conocido ya por todos.

En todo caso, no hace falta afanarse mucho para hallar en la realidad cuentos de terror, hechos que nos sobrepasan en nuestra forma (des)humana. Y a muestra un botón: imposible no mencionar el reciente asesinato del profesor Samuel Paty en el mes de octubre por un joven de dieciocho años, que después de apuñalarlo varias veces en la cabeza lo decapitó. ¿Qué gritaba mientras cometía semejante atrocidad? “Allahu ákbar”. Salvando las diferencias, El colgajo como libro testimonial trae a mi mente el inmortal libro El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl por el simple hecho de que, cliché mediante, la realidad supera a la ficción, y esto sigue más vigente que nunca.

En El colgajo viviremos el horror de ver a un compañero muerto casi encima de Philippe; otro que murió debajo de él y otro más allá con el rostro sin vida pegado al piso; veremos a un hombre que durante tres meses tuvo que mantener la boca completamente cerrada, sin decir ni una sola palabra para darle oportunidad a que el labio inferior cicatrizara junto a la carne que le rodea. Pero el autor siempre tuvo muy claro el porqué de su profesión: “Si hay algo que este atentado me ha recordado, cuando no enseñado, es por qué ejerzo este oficio en estos dos periódicos: por espíritu de libertad y por gusto de manifestarla”, aunque todo transcurra como en una película de terror, donde el protagonista se vale de una pequeña pizarra para comunicarse con los demás a la espera de la próxima operación, un hombre de 51 años y un agujero en la mandíbula.

 

Fun facts:

  1. La madre de Philippe Lancon cuando recibió la noticia sobre lo sucedido, lo primero que pensó fue que le dispararon por un artículo que había escrito sobre Michel Houellebecq.
  2. El autor reflexionó sobre lo anterior y pensó: “Los que quieren eliminarte tienen siempre un motivo para hacerlo, y es interesante imaginarse que no necesariamente están equivocados.”
  3. Lograr hacer esta reflexión entre pañales y teteros al ritmo de “estrellita dónde estás”.
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