Por Adlyz Caliman

Muchos tenemos alguna historia que queremos contar. Sabemos quiénes son los personajes principales, la trama que queremos desarrollar, pero convertir todas estas ideas sueltas que quizás tenemos anotadas en libretas, papeles, o simplemente arraigadas en el pensamiento, en un libro, no es tan fácil como poner las palabras en el papel o en la pantalla de la computadora, depende del gusto personal.

En mi caso prefiero sentir el trazo libre de mi mano en el papel, y una vez terminado, lo paso a la computadora. Momento en el cual corrijo de manera genérica la redacción y ortografía. Pero ese es otro asunto.

El tema al que me refiero hoy es a la estructura: esa que permite organizar las ideas, los sentimientos, los personajes, y convertirlos en un escrito interesante, entretenido o inspirador.

Entonces cuando hablamos del proceso de  escritura, normalmente se utilizan dos vías que puede escoger el escritor: 1) Planificar lo que se va a escribir y 2) Escribir con libertad sin ataduras ni preconceptos.

Realmente no es fácil saber cuál estilo utilizar, sobre todo si no hemos usado ninguno.

Por ejemplo, yo solía escribir historias cortas a partir de una sola idea, y dejaba volar mi imaginación, como si un ser superior me dictara las palabras. Y comencé a escribir así mi primera novela de ficción, hasta que me di cuenta de que las palabras no llegaban a ninguna parte y no sabía cómo conectar las ideas. Entonces entendí que a mi historia le faltaba estructura. Y con ayuda de otras personas que ya habían transitado ese camino, logré planificar, escribir y terminar mi novela.

En cualquier caso, bien sea que quieras planificar tu escrito, o que prefieras volar entre las letras, estos consejos te serán de mucha ayuda para lograr tu propósito:

  1. El inicio de la historia debe decirnos quiénes son los personajes principales y nos debe introducir al problema o situación principal que quieres explicar. El lector debe sentir que una vez que pasa a través de esa pequeña puerta, no se puede regresar hasta que el problema principal no esté resuelto. Para lograrlo, debes darle peso a tu personaje principal, delinearlo y detallarlo bien. Uno de mis problemas al escribir mi primera novela fue que el personaje principal no estaba bien detallado, era muy genérico y le quitaba fuerza a la historia. Para resolverlo, debes darle acción a tu personaje, que reaccione ante diversas situaciones para irlo conociendo y darle un objetivo a perseguir. Esto debe hacerse antes de que hayas avanzado aproximadamente un 20% en tu escrito.
  2. En segundo lugar, debes hacer inevitable el desenlace o resolución del problema planteado al inicio. En esta etapa de tu texto es donde la mayor parte de la acción ocurre, donde se entrega el máximo de información que fuerce la resolución de la historia. Para ello, debes crear una crisis que se debe superar, un revés al que se debe sobreponer el protagonista.

Estos dos puntos principales resumen la reconocida estrategia de los tres actos cuando se escribe un texto: Inicio, Confrontación y Resolución. Es la manera más sencilla de planificar un escrito.

De tal manera que si eres planificador, o espíritu libre al momento de escribir, debes cumplir con una estructura mínima que acompañe al lector en la búsqueda de la solución al problema que se ha planteado al inicio y que lo lleve al descubrimiento de una historia maravillosa.

¡A escribir esa historia que necesita ver la luz!