Cristina Núñez, la inagotable pintora venezolana, ha recibido una mención honorífica en la Hindsight is 2020, muestra organizada por el Art League de Columbia en la Betty Art Robins Gallery de Missouri.

La obra que mereció tal reconocimiento es una Muñeca introducida, al igual que otras piezas que ha venido realizando la artista,  en una caja transparente. Ya Cristina había experimentado con esta modalidad a través de sus estudios del Hanbok, el traje típico coreano, o sus frascos  repletos de caramelos, pero, en aquel entonces, se trataba de objetos prácticamente planos, mientras que la Muñeca premiada está investida de toda corporeidad, de un volumen que hace de ella una escultura.

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El trabajo de Cristina Núñez puede clasificarse en series: aborda un asunto y lo explora, reinterpretándolo una y otra vez en cada una de sus posibles variantes.

Durante muchos años ha trabajado en las imágenes vegetales que constituyen la serie Nectáreo, a través de la cual procura recuperar, desde la distancia, las sensaciones de su país natal: “Estas flores llevan el gusto de las frutas de mi tierra, de los jugos y colores de mi jardín y de mi mesa. Venezuela desarmada en tonos y vuelta a armar, son las flores gigantes que me dan sombra cuando estoy lejos de mi casa”.

Antes que eso había insistido en la temática de las Geishas, y después indagaría en las  transparencias de sus frascos de caramelos, o en la vestimenta coreana. Cristina denomina fiebres estas líneas de  investigación: “Una nueva fiebre no apaga la anterior. Las dos viven paralelamente, y cohabitan con otras tres o cuatro que ya existían. No hay plan ni proyecto, sigo el impulso de hacer, y mi mente y mi cuerpo están en eso todo el tiempo”.

Durante el último año se ha sumergido en la serie Nuances: “los colores se abrazan y flotan, veo la serenidad y la calma del silencio, los colores siendo colores.  Las veo, las guardo y, tiempo después, las saco y las veo otra vez. Y en cada oportunidad descubro algo más (o menos: después de esas sesiones algunas obras terminan en la basura). Cuando creo que el plan es quedarme en la serenidad de los colores, los pinceles asiáticos y los grandes formatos, llega de repente la necesidad de recortar y pegar, taladrar, amasar, moldear…”. Y es de esa necesidad que surgen sus nuevas muñecas.  

Egresada de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, se incorporó en el año 2007 a un programa de residencias para artistas, que le permitió establecerse sucesivamente en España, China y finalmente Corea, país en el que cursó la Maestría en pintura de la Kookmin University.

“Hace poco más de dos años me mudé a los Estados Unidos. Por azares llegué a Columbia, Missouri, y poco a poco esta pequeña ciudad ha permitido que el producto de mis múltiples fiebres se filtre aquí y allá”, dice, refiriéndose a las múltiples intervenciones que ha realizado en áreas públicas: “Comencé con una exposición individual en el International Café. Luego me encargaron una pintura para el techo de la sala de conferencias de Aroma Coffee House. En este momento preparo una pintura de la serie Nectáreo para un proyecto de embellecimiento y recuperación del Business Loop. Pero no solo la serie Nectáreo ha encontrado por donde filtrarse: la primera muñeca que hice también encontró su lugar en Columbia, expuesta en la exhibición de la  9th Street”, explica Cristina, refiriéndose a la pieza premiada.

Su labor, más allá de consolidarse en  el área plástica, representa lo que debe ser el buen hacer de un inmigrante: sumar a los lugares en donde llega, haciéndolos mejores.

 

NdP: @ha.comunicaciones

 

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