La primera vez que supe de Daniel Dhers fue a través de un video, que se hizo viral, referente al robo de una bicicleta en la villa olímpica de Tokio. No tenía la menor idea de quién era; honestamente me había dado la impresión de tratarse de un tipo inmaduro por la manera en que relataba su historia, no le encontré la gracia de que a su amigo lo despojaran de su bicicleta; no obstante, luego de escucharlo en otras intervenciones he descubierto que, el tonto de la colina es quien escribe estos caracteres y, concluí lo siguiente: es un individuo genuino, siempre alegre, sonriente, espontáneo, sociable, colaborador, de buenos sentimientos, reconoce el mérito del otro y sobre todo, promueve permanentemente el apoyo hacia el resto del equipo olímpico venezolano. Y a pesar de que tiene viviendo muchos años fuera del país ha dado muestras del profundo amor sobre su tierra natal; además, ha ganado con sus habilidades adquiridas por años de trabajo: el segundo lugar en el encuentro deportivo más importante del mundo.

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Tiene unas cualidades envidiables para cientos de miles de individuos amargados que gastan su dinero en psicólogos, psiquiatras, libros de autoayuda, con titulaciones académicas inútiles o, aquellos poseedores de lujosos cascarones de metal o plástico de cuatro ruedas, con un logotipo adherido a la carrocería que genera en la mente del homínido poseedor la idea de macho alfa y que, al final terminan empolvados en un estacionamiento por diversos motivos.

También percibí que Daniel ha sido fiel a sus sueños, renunció a todo lo que venden la inmensa mayoría de padres a sus hijos, el deber ser: que hay que estudiar, graduarse, buscar un trabajo en una compañía seria, que hay que hacer plata, que es importante estar bien relacionado, etc.; así como también, permite intuir que rechaza a otros valores contraproducentes al bienestar social y que, paradójicamente, están siendo promovidos por muchos padres y madres a sus hijos con el objeto de escalar posición social.

Daniel Dhers se dedicó a lo que le apasiona, se relacionó con personas que comparten sus mismos intereses; temerariamente afirmo que, esa pasión había sido percibida por muchos como una distracción infantil, travesuras de muchachos. Él mismo relató, que la policía los perseguían a él y a sus amigos o, los expulsaban de las plazas públicas; aún, así, continuó haciendo lo que le gusta, inicialmente como diversión, tornándose luego para él como un estilo de vida, con seriedad, perfeccionando sus movimientos e inventando nuevas piruetas en una actividad contra todo pronóstico de superación y éxito: la antítesis del deber ser. Vivía su vida sin complejos de nada y, actualmente la vive con orgullo y satisfacción; seguramente, como todo el mundo, habrá tenido sus altibajos y, los seguirá teniendo.

Daniel se dedicó a algo que, en sus comienzos, cualquiera hubiese afirmado “¡qué joven tan vago!”, así como cualquier padre o madre habría asegurado que es un buen muchacho, pero sin futuro, y que su refinada noble doncella merece a un hombre de buena posición, exitoso, con proyectos serios o muy probablemente sin escrúpulos, pero triunfador en sus andanzas y artimañas, y profesional.

Actualmente, Daniel tiene una escuela en los EE. UU., enseña su pasión considerada un deporte olímpico, el BMX. Definitivamente, cada uno es responsable de proporcionarse su propia felicidad, ejerciendo contra viento y marea lo que le apasiona.

El llamado “éxito” es un término engañoso, generalmente es aceptado como un grado de logro de abundancia económica y, en muchos casos obviando el modo de su procedencia. Al individuo se le suele admirar por los artículos materiales e inmuebles que le acompañan, independientemente si se trata de un depresivo, un asesor financiero lavador de capitales, un político corrupto, un enchufado, un cobrador de coimas o, un empresario honrado. Esto no es nada nuevo y siempre seguirá siendo así.

Pero personas como Daniel Dhers nos recuerdan a algunos, de los que aún conservamos intacta nuestra dignidad y amor propio de que el éxito es una situación de felicidad proporcionado por una serie de factores: la valentía de ejercer lo que apasiona, —y si es necesario renunciar a lo que no nos interesa, aunque esté establecido como la senda correcta— vivir a plenitud y honradez, brindar un aporte a la sociedad, compartir los conocimientos a las nuevas generaciones porque a fin de cuentas la vida es un estado que tiene fecha de expiración y es lo único que realmente nos pertenece.

Dudo que este atleta estuviese planificando desde temprana edad, durante sus juegos traviesos en la bicicleta, en crear una escuela de BMX y mucho menos en participar en unas olimpíadas. Tengo entendido que tuvo un mentor de quién aprendió muchas cosas.

Albert Einstein, los Beatles, Steve Jobs, Bill Gates, Amelia Earhart, Monet, Boris Izaguirre, Marie Curie, Stephen Hawking —y podría continuar la lista— son individuos de ramas e intereses inconexos; no obstante, coinciden en que cada uno ha sido fiel a sus propias motivaciones y no se dejaron chantajear, ni por la burla, ni los aplausos, ni los estereotipos. En todos los casos se toparon con maestros que les inspiraron, enseñaron, orientaron y sin estos mentores, estos nombres hubiesen tenido otros destinos.

Se tiene la facultad de elegir entre seguir la receta o en crear una nueva. ¿Qué será más divertido? ¿Qué será más gratificante?

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Escritor, fotógrafo y publicista. Colaborador articulista en The Wynwood Times

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