Por Jason Maldonado.

Los diarios son la invitación perfecta para aquellos que tienen mucho de voyerista. Y, créanlo, todos tenemos este placer (¿culposo?) en el cuerpo. El hecho es que aquí no asistiremos a una historia de amor, a personajes desconsolados o conflictivos que a través de sus memorias dejan ver sus éxitos o fracasos, no; aquí asistiremos al diario de un país en la voz, en la palabra, de Ana Teresa Torres (ATT): Diario en ruinas, o como suelo decirle a los amigos, jugando con un antetítulo imaginario: Cómo destruir un país rico en dos décadas.

Todo inicia en 1998 cuando el que no debe ser nombrado (y no me refiero al personaje de J.K. Rowling) gana las elecciones y la esperanza popular estaba en la cima más alta, incluyendo la de algunos de sus adversarios de hoy día que también votaron por él; muchos de los cuales también firmaron un manifiesto de bienvenida a Fidel Castro en 1989, hecho asombroso porque, además, para entonces el tirano mayor del Caribe ya tenía treinta años de dictadura y muerte. Pero mejor vuelvo al punto de interés.

ATT va año a año destacando los hechos más relevantes del acontecer político venezolano (obvio que habrán quedado muchas situaciones por fuera), una suerte de bitácora dolorosa que, en mi caso y seguramente en el caso de cualquier lector sensato, no deja de asombrar, desde esto: “ha dicho frente a todo el pueblo de Venezuela que la Constitución por la cual ha sido electo no está vigente y que la que vale es la nueva, que todavía no existe. No ha jurado cumplirla, ha jurado cambiarla. Ha jurado en vano” (aquí ya todo estaba dicho); colocarle el patronímico al nombre del país; cambio de huso horario; pitazos cual árbitro de fútbol para despedir a altos funcionarios de PDVSA, hasta llegar a las muertes de cientos de manifestantes a lo largo de todos los años, entre tantas cosas más.

La voz que narra, la voz que cuenta, es dolorosa y no puede ser de otra manera, es Venezuela hablando a través de ATT, una ciudadana que, como todos, también padece las penurias de la inseguridad, la escasez, el miedo, la diáspora, entre otros sufrimientos colectivos. En una ocasión le comenté en persona a la autora, tuve la oportunidad de entrevistarla a propósito de La herencia de la tribu, que este libro debería pasar a ser lectura fundamental en el sistema educativo venezolano, a partir de primer año de bachillerato en adelante (“digo yo”, le comenté en aquella ocasión). Y ahora se me ocurre que Diario en ruinas también, porque lo peor que pudiera pasar (y nos ha pasado) es que olvidemos los atropellos y desmanes de la revolución bolivariana, y va en minúsculas.

También el libro tiene sus pinceladas personales, pero siempre ligada la situación expuesta a los hechos del país; referencias a otros autores que, así como ella, también han sufrido las consecuencias del martirio colectivo al cual nos han sometido: por ejemplo reflexiona sobre el caso de Israel Centeno, autor de El complot, quien tuvo que irse del país tras las fuertes amenazas de muerte a él y a su familia por haber escrito el mencionado libro; la remembranza del último Premio Nacional de Literatura (y va en mayúsculas) no afecta al “proceso”, Elisa Lerner, hasta que el importante reconocimiento literario desapareció en su totalidad; el caso  asombroso cuando ATT recibió el Premio Anna Seghers en Alemania y la recepción del mismo se hizo en la embajada de México, porque la nuestra estaba acéfala de embajador, y no hubo alguien, ni un “tercer secretario”, como señala la autora, para darle unas palmaditas en el hombro, entre otros hechos.

No puedo seguir dando ejemplos porque para ello tendría que reescribir todo el libro. Lo cierto es que, tal vez, Ana Teresa Torres escribió este Diario en ruinas con la esperanza de que en casi dos décadas (1988-2017), ya estuviésemos por despertar de esta pesadilla, pero escribo estas líneas a mediados de agosto de 2019 y el país sigue en una caída libre que parece infinita, en donde, como ella misma dice, “el estado general de sospecha es una buena definición de la situación de cualquier ciudadano en Venezuela”.

Fun facts: en un libro como este no cabe ningún dato gracioso, pero, échenle un vistazo a la lista de los 911 firmantes al manifiesto de bienvenida que aludí arriba http://www.venezuelavetada.com/2011/04/manifiesto-de-bienvenida-fidel-castro.html

No me hago responsable por sus reacciones.