Miami siempre ha tenido la estampa de lugar mítico para los escritores anglo y por eso han tratado de explicarla en diversos libros. Uno de ellos llevó la firma de Joan Didion, figura máxima del periodismo narrativo.

Foto cortesía de Webpage Books and Books Miami

Por Pedro Medina León.

Mientras en 1982 Miami atravesaba la mayor crisis de su historia, Mitchell Kaplan, un joven desencantado de la facultad de Leyes, emprendía en una esquina de Coral Gables un sueño que parecía improbable: abrir una pequeña librería independiente. La comunidad, sin embargo, acogió con entusiasmo el proyecto de Kaplan, y además Books & Books se volvió un referente para escritores de todo el país. Joan Didion fue una de ellas, quien a inicios de los ochenta pasaba las tardes hojeando y recopilando artículos del New Herald y transcribiendo y escribiendo notas en una de las mesitas de la librería.

Una panorámica de la literatura miamense nos muestra que 1987 fue un momento cumbre para la Non-Fiction: los tres libros de divulgación más populares sobre la ciudad se publicaron ese año. El más completo y vigente es Miami, City of the Future, de T.D. Allman, una amplia cronología de la historia de Miami sin caer en el denso ensayo académico de investigación. Apareció también Miami, de Joan Didion, mix de crónica y ensayo viajero sobre su experiencia en la ciudad con el exilio cubano. Y Going to Miami: Exiles, Tourists and Refugees in the New America, de David Rieff, que se pierde un poco junto a los otros porque abarca ambas temáticas de manera insuficiente.

Se atribuye la violencia de los ochenta a los Cocaine Cowboys, al éxodo del Mariel, al narco colombiano y a los Miami Riots —aquellas trifulcas callejeras de trasfondo racial—. Pero la ecuación no cierra ahí y muchas veces excluimos la guerra de la extrema derecha y la derecha no tan extrema del exilio cubano. Y este es precisamente el enfoque del libro de Didion, que pasó una temporada de entradas y salidas en el caos de Miami empapándose de elementos claves para entender, hasta cierto punto, que a diferencia de Los Angeles y Texas, el hispano, o el cubano para ser precisos, gozaba aquí de poder en la pirámide social y poco a poco se apropiaba de la ciudad. Entre otras aristas, Miami da cuenta de cómo desde The University of Miami (UM) operaba la segunda base más grande de la CIA en el mundo y era ahí donde se abrigaba la última esperanza para derrocar a Fidel Castro; también aborda el tema de la célula anti castrista Omega 7, listada hoy en la Global Terrorism Database, y el juicio a su líder Eduardo Arocena  sentenciado en 1984 con 26 cargos de asesinatos y atentados; de manera objetiva inclina la balanza hacia la comunidad cubana y no hacia Kennedy en el fiasco de la bahía de Cochinos, y deja claro el doble discurso que manejaron su gobierno y administración para que los cubanos mantuvieran la expectativa de recuperar la isla, cuando a puerta cerrada, en la Casa Blanca, estaba claro que tal interés no existía.

El escenario que presenta Didion se ha desdibujado, y ante la pregunta de varios medios y periodistas sobre si “El Miami de Joan Didion aún existe”, la respuesta es claramente no. Los “Cuban-Americans” de tercera o cuarta generación casi no se comunican en español, para ellos Cuba es un concepto distante y difuso, y ese exilio radical que en su momento se resistía a asimilarse en Miami, es un puñado de octogenarios que cabe en una mesa del Versailles o La Carreta el martes del Lunch Special de la “Carne con papa”. Los textos memorables, se dice, son los que superan al tiempo y el de Joan Didion ha envejecido mal, es totalmente prescindible, aunque quizás Miami, que entierra su pasado cada quince años y se reinventa, no sea una buena plaza para que un libro eche raíces.

IG: @pedromedinaleon