Hay muchas personas por allí odiando los términos emprender, emprendimiento y emprendedor/a.

Desconozco la razón del odio a una familia de palabras que califican una acción maravillosa de gente sin temor a encontrarse con sus sueños. Porque eso significa enfrentarse a ser dueño, director de recursos humanos, administrador y creativo de marketing. Todo en uno, atrevido y aterrador al mismo tiempo.

Aquel que emprende está depositando su fe en un proyecto que lo ilusiona demasiado para dejarse llevar por las voces agoreras de familiares y amistades. Es como una fuerza arrolladora que te dice: “no te aguantes más a ese jefe estúpido”, “arranca esa idea buenísima porque tienes talento de sobra”. “¿quién dijo que iba a ser sin miedo?, ¡dale que no viene carro!”.

Si quien emprende es una mujer que posiblemente esté en la menopausia, con el nido vacío, es decir, sin hijos qué atender, la tildan de “soñadora” con algún adjetivo a juego o mal gusto de quien critica: tonta, ilusa, creída.

El hard-boiled de Miami

El hard-boiled de Miami

La década de los ochenta fueron el gran momento del Noir Tropical de Miami, con Charles Willeford como figura del género. Pedro Medina León nos cuenta.

Una cincuentona emprendedora, una mujer de la GenX entrepreneur está validando sus habilidades que quizá estuvieron hibernando mientras se afanaba en ser la ama de casa ejemplar, la ejecutiva sobresaliente o la mujer en modo mamá-por-siempre.

La vida no se acaba después de los cuarenta, aunque a los TikTokers adolescentes les parezca que el regreso de los dinosaurios cabalgados por zombies se avecina. Una madre que decide emprender en una idea de negocio viable y fructífera debería tener todo el apoyo de sus hijos, pero muchos no comprenden la razón. 

La verdad no hay sino una decena de razones para emprender y todas se vinculan con darle cabida a aquellas aptitudes, destrezas y saberes que hemos acumulado en el tiempo de vida y ahora nos ocupamos de hacerlas realidad. Tras un emprendimiento está la duda constante del fracaso inminente luchando con el autorreconocimiento de las experiencias como salvoconductos para llegar al éxito.

Emprender es una maratón a solas luchando con la sombra de quienes solíamos ser. Supone mucho esfuerzo por mantenerse con el ánimo arriba así las cuentas surfeen la mínima ola. No se gana dinero rápido, hay que invertir mucho en aprender cómo hacerlo mejor cada vez. Sin embargo, la satisfacción de ganar dinero haciendo lo que te hace feliz, sí, así de simplón e ingenuo, es mayor a todas las críticas, los vaivenes financieros y las crisis emocionales. 

Soy una emprendedora que habla de comunicación entre mucha gente que piensa que todos nos comunicamos… ¿y qué hay de novedoso, ah? Conozco a muchos entrepreneurs valerosos, esforzados y muy, muy creativos que están rompiendo los moldes de lo que era acostumbrado entre la gente de cincuenta años.

Los aplaudo y me abrazo: quien emprende es alguien que decidió reformatear su vida, activar nuevas neuronas y regalarse más años para masajear su amor propio y su capacidad de crear de manera ilimitada.

Tal vez te interese ver:

Artículos recientes

Escritora y cronista.

Columnista en The Wynwood Times:
Vicisitudes de una madre millennial

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad