Por Florángel Quintana

Estar en un espacio cerrado. Tener provisiones. Sentir el ánimo en una montaña rusa. Así parece que estuviéramos escribiendo nuestros diarios. De esta manera vienen pasando los días en una cuarentena de dos semanas, pero que sentimos como si en efecto fueran cuarenta días de pesar.

En casa con un par de milénicos, la verdad no se pasa mal. Ellos en esencia mantienen ese frescor todavía de la adolescencia y sus juegos y su manera de divertirse con cualquier cosa nos pone a todos de buen humor. Por ejemplo comienzan retos que nos pueden parecer absurdos, como mostrar habilidades de dominio de un rollo de papel higiénico como si fuese un balón de fútbol.

A pesar de que es más el tiempo que se la pasan dentro de sus habitaciones, nuestros millennials comparten en familia: son los encargados de hablar de cifras, están pendientes de reportes, muestran muchos videos, unos divertidos, otros no tanto de gente que no acata normas. La disrupción les llama la atención a ellos, en esencia despreocupados también en cierta medida ante las alarmas y la paranoia.

Momentos de miedo plural en una población que ama los cambios y las rupturas de patrones comunes. Para nuestros milénicos estar en el hogar con sus horarios flexibilizados no supone mayor agobio, muchos están habituados a trabajar desde casa, de hecho. Más le molestan las cadenas de angustia, a estar confinados en la comodidad de sus cuartos con todos sus dispositivos conectados a la wifi hogareña.

Este el período para conversar y preguntar; descubrir en quién se ha convertido ese niño, esa niña que solía acudir a nosotros cuando desconocía algo o cuando tenía miedo. Aprovechar las conversaciones adultas, confrontar puntos de vista sobre la guerra, la corrupción, la trata de personas, el terrorismo, la drogadicción.

Son los mejores momentos para compartir juntos en la cocina haciendo recetas, para leer en voz alta un pasaje interesante de un libro y verificar opiniones sobre el valor o no de lo leído, y porque no, jugar con esos juegos de mesa que les empezaron a parecer aburridos al momento de crecer y que ahora sonríen con melancolía de viejos tiempos de despreocupación.

Estamos a salvo en casa todos unidos por el amor y el miedo al contagio. Ya volverán los tiempos para darse espacio, volver a la rutina de verse poco, hablar lo justo, soportar las intromisiones parentales. Por ahora, ¡fuerza Millennials!, también sobrevivirán a sus padres.

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