Por Angel Moronta.

He caminado entre libros tratando de encontrar respuestas. Eventualmente se presenta la oportunidad de dar pasos en la experiencia como adultos y hacer de los libros acompañantes fieles en nuestro andar. En ese camino se va descubriendo que la respuesta quizás no es la meta más valiosa, sino, por el contrario, el objetivo más productivo sería las preguntas que comienzan a surgir gracias a las lecturas.

Los libros nos llevan a mundos nuevos, formas desconocidas de ver la realidad aunque estos libros sean ficción. Los acontecimientos recientes confirman que la línea que separa la realidad de las creaciones ficticias en papel es bastante delgada y las obras distópicas que encienden la imaginación, como Los Juegos del Hambre o Divergente, podrían estar ocurriendo en la realidad. ¿O será que la realidad invita a los escritores a usar la realidad para imaginar futuros que nadie quiere considerar por no querer hacer cambios reales y positivos en el presente? Aunque se presente el dilema del huevo o la gallina, el libro siempre será un espejo donde se refleja la realidad.

Las costumbres, lo aprendido en el seno familiar, en el colegio, en nuestro pueblo, ciudad, país, en nuestros viajes, en nuestras vidas privadas, personales y colectivas se ve retratado en muchos cuentos, novelas, y poemas. Ese aprendizaje cultural podría ayudar a pintar futuros utópicos, ideales, positivos, así como eventos catastróficos que nos hacen repensar lo que culturalmente defendemos a capa y espada.

En este terreno de las letras se presentan entonces retos a la experiencia. Cuando lo que leemos nos invita a reflexionar o hasta sentimos que nos regaña comienza a tenderse un puente entre lo que lees y lo que vives. Surgen grietas entre lo que conoces o lo que crees y la diversidad que habita a nuestro alrededor.  Precisamente en ese choque de puntos de vista entre texto y pensamiento donde la apreciación  cultural y las posibilidad de crecer interculturalmente son infinitas. Las preguntas comienzan a “burbujear” en el caldo de cultivo de las emociones, los valores y las creencias.

Imagínate como un niño leyendo la historia de dos aves que se encuentran en un árbol. Digamos que es un turpial y un águila. El turpial se dirige al norte y el águila al sur con diferentes intenciones. El águila quizás va de turista. El turpial quizás para vivir por mucho tiempo en el norte. Es ficción…un cuento infantil con un par de aves que conversarán un poco, se harán preguntas y reflexionarán sobre el significado del hogar.

O quizás un par de ríos en una personificación clásica, se encontrarán en el mar, conversarán sobre los retos que enfrentaron en el camino y antes de mezclarse con las aguas del océano entenderán que sin importan de dónde vengan siempre hay esperanzas de regresar para hacer mejor su trabajo.

En estas simples historias se gestan preguntas claves para comprender los retos de vivir en un mundo con menos distanciamiento del que podemos creer que tenemos. Sabemos ya que un virus no respeta fronteras y las personas ahora están visitando nuestros hogares 24/7 a través de la tecnología. Y si estas preguntas se las hacen los niños y jóvenes con la guía y seguimiento apropiado, el poder de transformar la realidad de forma positiva es ilimitado. En la palabra escrita, acompañada de preguntas más allá de lo físicamente presente en el papel, podríamos prepararnos y preparar a otros para comprender y definir los caminos que nos proponemos.

Hoy celebro la publicación de “Cuentos para el Encuentro”, una compilación de cuentos interculturales con la que me estreno como autor apoyado en el excelente trabajo de Editorial Portable, invitando a leer más y a hacernos más preguntas con intención y atención apoyados en lecturas sobre encuentros con la diferencia y la diversidad. Cuentos sobre personajes conocidos que visitan nuestras casas como el ratón Pérez o el hada de los dientes, productos culturales como el arbolito y el nacimiento, símbolos nacionales como el turpial y el águila y portentos de la  naturaleza como el Orinoco y el Misisipi. Encontrarás en este recurso preguntas que invito a responder conectando con experiencias, encuentros con múltiples personajes en la historia de nuestras vidas reales y por supuesto… con eventos y personajes que encontremos en más lecturas.

También invito a leer con los niños, con los chamos. Acercándonos juntos a esos espacios de imaginación que no nos permitimos por vivir en los espacios “adultocéntricos” de la obligación y la necesidad. Siempre hay espacio para una lectura corta que nos provoque hacernos preguntas y salir a darle forma a las respuestas.

Las lecturas para niños son una fuente de preguntas necesarias.

 Y si no te llegan preguntas, lee con los niños, te aseguro que tienen las más interesantes, retadoras e iluminadoras que necesitamos para crecer como seres interculturales.

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