En un mundo cada vez más controversial, algunas mujeres entienden la sororidad como un aro salvavidas entre –lo que llaman– el nefasto heteropatriarcado, el machismo, la crianza antigua y cuanto factor tenga relación o no en cómo se percibe una mujer dentro de la sociedad. 

Forman círculos de estrógeno para aliviar sus penas, hacer catarsis de sus malestares y sumar acciones frente a un bicéfalo enemigo común: el hombre y el poder. 

Aclaro que yo no me etiqueto como feminista, ni como nada, la verdad sea dicha. Quizá eso se debe a que nací en un año cuando los fanatismos estaban en etapa de rebeldía. Eso sí, considero que la igualdad entre sexos no tiene distinción, la superioridad está en el terreno de las inteligencias y ser lo que quieras ser no es de incumbencia de nadie. Es decir, creo en esa certeza simplona de cada quien hace de su cu…erpo un florero, si lo desea.

Entre el decir y el hacer

Entre el decir y el hacer

“Lo verdaderamente importante es lo que hacemos con el tiempo que nos ha sido otorgado”, reflexiona Miguel Ángel Latouche en este nuevo artículo titulado “Entre el decir y el hacer”

From Edible Art to Immersive Gastronomy

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Food of War created “The Forbidden Fruit”, their first Immersive Gastronomy Experience (IGE) in order to explore the rich thematic variations in this concept.

La normalidad es una palabra vasta y la mala interpretación de las ideas de los demás es pauta común en las transmisiones del diario vivir en redes sociales. Es regular leer y, sobre todo, escuchar discursos de mujeres que insultan o se victimizan, aconsejan o amenazan, señalan o se excusan, y todo ello en una jerga que no cuida las formas, he allí el sentido de la libertad de pensamiento y de expresión actuales. 

Soy de una generación que no solo ha sabido escuchar los cuentos de sus mujeres antecesoras, sino que ha podido crear nuevas historias para ser contadas a sus hijas y poder ser comprendidas por sus nietas. El asunto está en que ser mujer hoy en día es la complicación de la complicación. Si Freud ya creía a comienzos del siglo XX que nadie podía saber qué quiere una mujer, hoy entender qué busca una mujer al quejarse, al atacar, al mentir o al disfrutar de algo que alguien sin razón ni conocimiento dice que debe hacerse, puede resultar complejo.  

Por eso sonrío con las mujeres que deciden ser atípicas. Esas que aman en libertad y son libres de elegir cómo desean ser amadas. Esas que viven con compañeros de vida no con enemigos en trincheras a la distancia de una almohada.

Sonrío con esas mujeres que crían a futuros hombres de bien (eso ético y moral que no mucha gente entiende o no está preparada para discutir). Esas mujeres que no tienen que pasar el tiempo hablando de otras, de menopausia o del nido vacío. Esas que están muy afanadas en descubrir más dentro de ellas mismas y viven ocupadas en lo que quieren saber, aquello que les excita conocer y todo lo que les falta por aprender con la única deidad irremplazable, Google, la vastedad del conocimiento a un clic de su deseo por ser más ella, cada vez.

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