Johann Montenegro se vale de la música para adentrarse en los enigmáticos territorios del Espíritu. Se presenta en el escenario artístico venezolano desde una experiencia musical de apetitos múltiples: canto lírico, dirección coral y el virtuosismo en la ejecución del piano. Vibraciones emocionales como carta de navegación que orienta su imaginario, el deseo que teje la trama de sus construcciones estéticas, su vida. El viaje hacia el encuentro con el alma, los momentos de inspiración determinados por el contacto con el Otro, ese otro tú que amplía su existencia sonora, determinan el temblor sintiente en que cree: el arte como práctica sanadora.

La música es su manera de entender la existencia, su paso por el mundo, su forma de construir una ética donde es posible que el ser humano se transforme y trascienda.

¿De dónde viene tu relación con la música?

Mi familia tiene nexos profundos con la música. Mi madre es músico, cantante. Mi tía a lo largo de su vida ha participado en coros. Tengo primos cantantes. Mi abuela materna amaba cantar. En su juventud fue la voz cantante de una emisora de radio en Cumaná. A los cuatro años ingresé en la Escuela Nacional de Música “Juan Manuel Olivares” y fue allí donde me formé académicamente como músico.

 

¿Qué te inspira al momento de interpretar, crear, dirigir?

Tengo una frase que siempre recuerdo de Hellen Keller: “Las mejores y más bellas cosas no pueden ser tocadas o vistas, deben ser sentidas con el corazón”. Es desde los sentimientos que voy creando, interpretando, dirigiendo. De ahí parto cuando creo con la música. Mi mayor inspiración siempre será hacer arte.

¿Qué te permite decir la música más allá del lenguaje cotidiano?

La música es una experiencia completa: Transmite historias, deseos, emociones, nos conecta con otras personas, nos vuelve más empáticos, nos permite conectarnos con nuestro “yo” interno. Definitivamente es un lenguaje universal que puede unir cualquier cultura, frontera, universo.

 

¿Qué proyectos te ocupan y qué espacio tienen en el quehacer cultural?

Actualmente me desempeño como director coral y cantante en el Sistema de Coros y Orquestas, cómo asistente de dirección en la Schola Cantorum de Venezuela y Jefe de la Cátedra de Piano y Corista de la Fundación Orfeón Libertador. Por el momento, estamos trabajando de forma virtual, sin parar. Por la situación de la pandemia, me estoy dedicando también a impartir clases de canto online. Tengo varios proyectos en el futuro inmediato, esperando que esta situación amaine pronto y activar cada uno de mis propósitos profesionales. Uno de mis mayores objetivos es llevar la música a las comunidades e integrar la ciudadanía a las actividades. La cultura es una de las bases fundamentales para una sociedad educada en Venezuela, creo firmemente en ello.

¿Cómo ha sido tu formación y en qué ha impactado tu vida?

Mi primera maestra fue mi madre, enseñándome los primeros pasos mediante métodos sencillos y a tocar un teclado que teníamos en casa. Al ingresar al conservatorio, mi vida cambió por completo. La música desde pequeño me centró, fue gracias a ella que pude empezar la vida musical a los nueve años, estudiando Piano, y teniendo claro que mi vocación sería la música. Me gradué de pianista a los 20 años. Tres años antes comencé mi segunda carrera, el canto lírico y entrado a los 23 a la dirección coral. Tuve grandes maestros que influyeron decisivamente en mí: Nancy de Felce, María José Leyba, Mariam Ember, Olga Capriles, Coralia Maiolino, Jesús Milano, María Luisa Arencibia, Zaira García, Víctor López, Sara Catarine, Margot Parés Reyna. Y en el presente, la maestra Lucy Ferrero y el maestro César Alejandro Carrillo.

 Mi segunda casa formadora es el Sistema Nacional de Coros y Orquestas, abriéndome las puertas en el año 2010. Me formé los primeros cuatro años en el Núcleo La Rinconada, junto a grandes profesionales como lo son Iris Morales, Mónica Daniele y Valeria Camacho, teniendo varias generaciones de coros infantiles y experiencias maravillosas que nos hicieron crecer humana y profesionalmente. En 2014 entré en la Coral Nacional Simón Bolívar, dirigida por la maestra Lourdes Sánchez. Me especialicé como pianista repertorista y fundé el Coro de Cámara Antonio Lauro, en 2015. En el año 2017, en un momento difícil de su existencia artística, tomé el Coro Sinfónico Metropolitano, una familia coral en toda regla. Ser líder es potencializar las capacidades de tu equipo, haciéndolo brillar. No es empujar ni jalar a quién no quiere trabajar. Quien enseña apoya, capacita y orienta a quien tiene ganas de progresar. Han sido cuatros maravillosos junto a un equipo único, con el apoyo del director del Centro de Formación Coral Inocente Carreño, Cruz Taylor Almao.

Reseña artística.

Johann es caraqueño, del 92 e inicia su formación musical en la escuela “Juan Manuel Olivares” 1997. Posteriores estudios como pianista con las maestras María José Leiva, Mariam Ember, Olga Capriles, y Olga Miolino, entre 2002 y 2013. Pianista acompañante y asistente de dirección de SNOC 2010-2014. Cantante lírico formado con los maestros Víctor López, Sara Catarine y la cátedra de canto de la maestra Margot Parés, 2010. Coralista de la Coral Nacional Simón Bolívar, dirigido por la maestra Lourdes Sánchez, desarrollando giras nacionales e internacionales, 2013. Formando en Dirección Coral en el conservatorio Simón Bolívar, tutelado por el maestro César Alejandro Carrillo, 2015-2017. Se ha desempeñado como director del Coro de Cámara Antonio Lauro, asistente del Coro Sinfónico Juvenil Metropolitano y director titular de la agrupación coral antes mencionada, 2016-2017. Actualmente es Jefe de la cátedra de Piano de la Fundación Orfeón Libertador y cantante profesional del coro de esa fundación, dirigido por el maestro Jaime García y asistente de dirección en la Schola Cantorum de Venezuela, dirigido por la maestra María Guinand.

RRSS:

  • IG: @johann_music
  • FB: Johann Montenegro

Entrevista realizada por Yorgenis Ramírez.

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Lector. Educador Somático, Somaterapeuta.

Colaborador articulista de The Wynwood Times

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