Foto por Samuel Hurtado

Nació en Nueva York y a los pocos meses respiró por primera vez aires venezolanos. Peleaba con su hermanito, le gustaba jugar en la calle y treparse a los árboles, pero también recibió una estricta formación de piano clásico por diez años. Decidió estudiar Comunicación Social para tratar de superar su problema de autoestima y timidez, pero fue en el teatro donde descubrió su verdadera vocación.

Desde entonces ha construido una sólida carrera hasta convertirse en la gran Primera Actriz que es hoy en día. Casada desde hace más de tres décadas con el también actor Javier Vidal, ha sido productora, directora y sigue cosechando elogios con su magistral interpretación de Sofía Imber sobre las tablas. Pero su más importante rol, asegura, ha sido el de madre.

Y en esta oportunidad nos abrió las puertas de su casa para permitirnos conocer un poco más a la Sra, Julie Restifo.

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“Yo nací en Long Island, Nueva York, y mi papá regresó a Venezuela con un paquete”

RR – Cuéntanos un poco sobre tus orígenes, tu familia y tu infancia.

JR – Mi familia paterna son inmigrantes sicilianos. Mi abuelo, el Nonno, se vino primero y al año se trajo a la familia; como está pasando ahora en Venezuela que primero se va el cabeza de familia y luego manda a buscar a los demás. Y en una casa que tenían por Miraflores hacían vida aquí –como buena familia italiana– todos juntos, porque eran cuatro hijos varones, mi papá era el segundo hermano, el primer hermano de mi papá, que todavía vive, era sastre y después terminó en Los Ángeles cosiéndole a gente muy famosa. Y mi otro tío fue cineasta, ya no lo es, me refiero a Rodolfo Restifo.

Interpretando a «La Señora Imber» Foto por: Textos y Guiones

El primer trabajo de mi papá fue repartidor de carne y luego mis abuelos lo enviaron a Estados Unidos a Estudiar durante la década de los 50, que fue la época de la gran migración europea, Estando en Nueva York se unió a un grupo de teatro aficionado latino y –mira cómo es la vida– mi mamá, que estudiaba castellano, asistió a ver la obra donde él trabajaba y ahí como que se produjo algo, la vida los unió, se casaron y me tuvieron a mí.

RR – ¿Entonces, tu mamá es norteamericana?

JR – Sí, mi mamá es norteamericana, como te digo, se conocieron, se frecuentaron, se enamoraron y me tuvieron allá, yo nací en Long Island, Nueva York, y mi papá regresó a Venezuela con un paquete (Risas). Imagínate tú, un bebé en esa familia de cuatro varones más la Nonna y el Nonno con tradiciones muy italianas todos viviendo en la misma casa, tanto así que al mudarse de Miraflores pensaron en otra casa donde estuviéramos todos juntos otra vez. Luego nació mi hermano y bueno, éramos los juguetes de los tíos (risas), pero lo que marca más en mí es la cultura norteamericana, porque mi madre, aunque tenía raíces calabresas e irlandesas, siempre hizo que se balanceara la cultura norteamericana con la italiana, de hecho aún hoy practicamos algunas de esas costumbres como el “thanksgiving”.

Puedo decir que mi infancia fue muy feliz junto a mis hermanos, con el varón siempre vivía peleando y luego, muchos años después, llegó mi hermanita, así que somos tres hermanos.

RB – Sabemos que de pequeña estudiaste piano ¿Quién te inculcó esa formación, tu papá o tu mamá?

JR – Los dos. En el pueblo de Sicilia hay una foto de mi padre con otros tres amigos que tenían una bandita y salen con sus instrumentos, y en la casa de Macaracuay que teníamos, yo debía tener como 10 años para ese momento, venían los paisanos con sus instrumentos y tocaban canciones napolitanas. Entonces, mi mamá por un lado oía a Connie Francis y Frank Sinatra y mi papá por el otro con la ópera, porque era un melómano de la ópera, más esa cosa folklórica de los pueblos, así que la música siempre estuvo presente en casa. Pero confieso que al piano lo llegué a odiar porque fue una formación muy rigurosa y estricta, fueron 10 años de piano clásico. Me gustaba más agarrar la guitarra y cantar. Toqué un poco de mandolina, porque mi papá también la tocaba y en el colegio pude desahogar esa inquietud musical tocando en los festivales intercolegiales, toqué batería, guitarra, cuatro, mandolina, todo autodidacta pero gracias a que tenía la formación clásica del piano.

“Es que yo siempre me impuse mucho con lo que quería hacer”

RB – Julie, ¿cómo llega la actuación a tu vida?

JR – Por accidente, porque yo era una mujer muy introvertida. En el colegio me costaba hacer amigos, incluso me costaba expresarme. Entonces, claro, al llegar a la universidad elijo como carrera Comunicación Social porque sentía que me iba a ayudar con esa cosa como de autoestima que tenía, y en la Universidad era obligatorio que en el segundo año de la carrera presentáramos una obra de teatro con el profesor Marcos Reyes Andrade y a mí me escogieron a dedo, casi obligada (risas) y ahí descubrí que yo me transformaba en otra persona en el escenario. Me olvidaba de todo y asumía ese rol porque creo que existía una actriz dentro de mí desde pequeña pero que no había explorado. ¡Imagínate tú la cantidad de gente que no lo descubre o que lo tiene y nunca lo desarrolló porque la vida lo llevó para otra parte!

Foto por Josette Vidal

Después fundamos “Autoteatro”, que era un grupo experimental que nació en la UCAB (Universidad Católica Andrés Bello) con Javier Vidal y comenzamos a hacer teatro profesional. Justamente en esa época conocí a gente de teatro como José Simón Escalona y a Pilar Romero. Yo quería escribir en las telenovelas de Radio Caracas y le toqué la puerta a Pilar para ver cómo podía aprender a escribir y en eso ella me dice “¿Tú tocas piano, verdad?” y me propone que haga dos capítulos en su telenovela Maite, que se desarrollaba en un conservatorio de música y yo era quien competía con “Maite”  –que lo interpretaba Caridad Canelón–. Mi personaje era “la gorda Jenny”. Entonces, yo que quería retomar las clases de dialoguista y resulta que no fueron dos capítulos sino que me seguían llamando, y yo le decía a Pilar “¿pero y las clases?”, y ella me contestaba: “olvídate de las clases”. Total, que yo creo que me puso una trampa (risas) y así comenzó mi carrera en televisión.

Después de eso trabajé en La Hija de Nadie, pero yo tenía mi nariz muy italiana, con el huesito incluido y todo, así estilo Anna Magnani; y un día una actriz española llamada Liliana Durán, que además venía de formarse en México en la época de oro del cine azteca, me dice: “Mira, así tú no vas a hacer carrera en televisión”, así mismo me lo dijo. Y un día me lleva a casa de un cirujano plástico muy famoso para la época, el Dr. Figallo, y le dice: “me la tratas bien”. Y realmente me hizo un trabajo maravilloso, muy natural y a raíz de esa pequeña intervención comencé a hacer villanas, porque las villanas tenían que ser tan bonitas como las protagonistas.

RR –  ¿Y cómo vio tu familia esto de dedicarte a la actuación?

JR – Es que yo siempre me impuse mucho con lo que quería hacer. Además ya me había graduado en la “Católica”, porque tú sabes que los padres siempre quieren que uno se gradúe, porque si tú empiezas y ellos te pagan los estudios y después dices “¡ay! me fastidié”, cónchale eso es un golpe para un padre que tanto sacrificio hace para que tú estudies.

“Yo esa televisión de salir a las cuatro de la mañana o hasta las seis no la quiero volver a vivir nunca más en mi vida”

RR – Has logrado desarrollar una exitosa carrera en diferentes medios, lo cual me lleva a hacerte una pregunta un tanto subjetiva y en tono de juego. Si tomamos como referencia al Teatro, el Cine, La Radio y la Televisión, ¿con cuál de esos medios serías la Amiga, la Novia, la Amante y la Esposa?

JR – Woww, vamos a ver. Del cine sería como la amante porque de vez en cuando se presenta esa oportunidad y la tomas con pasión porque no sabes cuándo se va a repetir. Es decir, te lo gozas, pero también te hace sufrir a veces, porque no me siento que estoy en control. Yo soy una persona que necesita saber que todo está bajo mi control, además soy de signo Leo, y en el cine he tenido experiencias muy ricas pero me he sentido insegura muchas veces como una amante que no sabe si la van a botar o la van a volver a buscar (risas).

Definitivamente el Teatro ha sido mi escuela en todos los sentidos y además es donde he hecho mi familia elegida y todo el proceso que implica realizar una obra de teatro, bien sea como actriz, directora o productora y luego el acercamiento con el público es lo que me ha definido a mí como artista, así que soy esposa del teatro.

La Televisión…

RR – ¿Amiga o Novia?

JR – Oye no sé. Es que la Televisión es por encargo. Tú nunca escoges lo que vas a hacer y a veces ni te gusta lo que haces. Yo creo que sería como la “Eneamiga” (Risas). Pondría a la Radio más como la novia por esa cita constante que puede generar un largo noviazgo pero rara vez te casas porque el programa, el horario o la estación pueden variar. Pero volviendo a la televisión no puedo negar que viví momentos entrañables, el ambiente en Radio Caracas siempre fue muy amigable. También debo decir que la televisión me enseñó mucho como artista pero también existieron momentos duros porque ahí hay un juego de habilidades y de resistencia pues eran muchas horas de trabajo y sentías que te estaban explotando pero tenías que hacerlo. Yo esa televisión de salir a las cuatro de la mañana o hasta las seis no la quiero volver a vivir nunca más en mi vida. Pero agradezco mucho las cosas buenas y sin duda el alcance internacional que un actor logra a través de la televisión. Recuerdo después de La Loba Herida, que fue una coproducción con España la cual se vio en muchos países, me llamaron de Colombia, de la cadena Caracol. Pero yo acababa de dar a luz a Jan y no pude ir. La gente me decía pero ve que es una buena oportunidad, pero dije que no, yo ahora soy mamá.

RB – Bueno, ya que tocas el punto, ¿cómo es la Julie mamá?

JR – Muy “Mamá Gallina”. Yo recuerdo que al nacer mis hijos había gente que comentaba, “bueno, la mía la cuida la enfermera” y yo ¿queee? ¡A mis hijos no me los toca nadie! (Risas). De hecho me pasó con Jan recién nacido que me llamaron del canal 8 para hacer “Cinco de chocolate y uno de Fresa” y yo no quería porque estaba agotada amamantando de madrugada, pero me convencieron. Y en el canal me decían “no te preocupes que a las cuatro estás lista”. Sí, como no, luego estaba yo en un estudio a las diez de la noche con la camisa empapada y me tenía que llevar a Jan para darle de mamar, en fin, esa fue una experiencia terrible para mí, porque tampoco fue un trabajo bien pagado. Esa fue la única vez que sacrifiqué un momento precioso de mi maternidad, porque ya cuando nació Josette yo estaba más tranquila.

RB –Y hoy en día ¿como es la relación con ellos?

JR – Es distinta porque son seres distintos. Jan, no sé si saben, es Asperger, y como es un tipo de autismo leve, al principio no sabíamos que tenía esa condición porque cuando él era pequeño aún no existía el diagnóstico, no existía el término como tal. Y bueno ha sido un tema porque a raíz del déficit de atención ha sido cuesta arriba el colegio, las relaciones con los amigos y siempre ha sido así hasta que encontró el teatro. El teatro ha logrado canalizar mejor todo esto.

 Interpretando a «La Señora Imber» Foto por: Textos y Guiones

RB – ¡Y de qué manera!

RR – Así es. En el teatro él ha hecho cosas maravillosas.

JR – Es que el teatro debería considerarse para los Asperger incluso como terapia.

Y con Josette, desde chiquita siempre fue muy independiente. Nunca se dejó ayudar a amarrarse los zapatos por ejemplo, chiquitica y me decía, “No, yo lo hago sola”. Y bueno, ha demostrado que es una mujer independiente. Ese riesgo de irse a México fue una experiencia que le hizo madurar mucho más. Al volver a Venezuela dijo “yo voy a estar aquí porque aquí aún puedo hacer cosas”. Y si la llaman para algún proyecto fuera, qué bien, pero ya no es algo que le quita el sueño. Ella aquí tiene su trabajo.

Pero en fin, creo que debo tratar de preocuparme menos en mi relación con ellos, porque también ellos me han enseñado que ya debo ser una mamá menos metida en sus cosas.

“Eso de que no va a funcionar fue lo primero que dijo la gente cuando lo que estaban viendo era un casorio civil en la Galería de Arte Nacional”

RR – Vamos a conversar ahora de la Julie esposa, porque la gente en general cree que las relaciones entre dos figuras mediáticas no van a funcionar, y sin embargo ya ustedes se están acercando a la cuarta década de matrimonio. ¿Cuál crees que ha sido el secreto del éxito en la pareja Vidal-Restifo?

JR – Fíjate que eso de que no va a funcionar fue lo primero que dijo la gente cuando lo que estaban viendo era un casorio civil en la Galería de Arte Nacional con una corte de teatreros, todos maquillados y disfrazados y una serie de personalidades, estaba Isaac Chocrón, Román Chalbaud, y bueno la gente pensaba que eso era mentira. Yo misma no estaba segura si eso iba a ser para toda la vida como mi mamá y mi abuela, es decir cuando uno se casa es porque hay una necesidad muy grande de estar juntos, eso es real, eso existe, no es que te lo inventas, pero también es cierto que no es lo mismo la luna de miel a la convivencia cuando ya hay un proyecto de vida, cuando hay planes de tener familia y eso es ensayo y error. Evidentemente hemos tenido épocas de crisis grandes, ser ambos artistas e individuos distintos, pues mantenerse es un reto; y puedes llegar a decir vamos a separarnos, tú por tú lado y yo por el mío, pero en ese momento piensas: voy a estar sin él, él va a estar sin mí, y ahí es donde tú dices no. Hay algo tan fuerte que nos une, más allá del amor, es que no concebimos la vida sin nosotros. Parece la letra de un bolero (Risas).

Pero no puedo hablar de que exista un secreto, porque lo que puede funcionarle a un matrimonio quizás a otro no. Es entender cada etapa de nuestras vidas, de ser unos muchachos ambiciosos con ganas de comernos el mundo, de sufrir pérdidas, de vivir experiencias fuertes, de tener el privilegio y la bendición de ser padres, de pasar por crisis y querer separarnos pero no; todo eso suma una vida de 37 años y siempre ha habido una fuerza que nos une como imanes que va más allá del amor. Porque hay que entender que el amor va cambiando, se transforma. No es el amor de los 20 años cuando tú quieres estar todo el tiempo en horizontal, eso luego da paso a otro amor más tranquilo, pero también más auténtico y verdadero, con la certeza de poder sentarnos, tomarnos una copa de vino y mirar hacia atrás y sonreír y decir ¡lo hemos hecho juntos!

 

RB – Y volviendo a la televisión, a parte de las cosas non gratas, también está una gama de estupendos roles que has interpretado y que permanecen en el imaginario del público. ¿Cuál ha sido ese personaje que más has disfrutado?

Foto por Josette Vidal

JR – Mira, quizá la “Juaca” en La Mujer de Judas. Primero, porque estaba muy bien repartida la trama, porque yo he tenido novelas donde trabajo más que la protagonista y es agotador créeme, además son personajes que todo el tiempo están gritando o amargada, o haciendo daño a la gente y eso energéticamente cansa. La villana a todo el mundo le gusta pero te agota. Pero con la “Juaca”… fíjense, les voy a contar esta anécdota: Cuando nos reunieron en el canal junto a Martin Hahn que fue el escritor de la novela, resulta que Martin quería que yo hiciese a la Mujer de Judas y cuando estábamos en esa primera reunión para hablar de los personajes el director dice Julie Restifo: “Altagracia Del Toro” y entonces el productor interrumpe y dice “no, “Altagracia” lo va a hacer Astrid Carolina Herrera, no es Julie Restifo.

En ese momento yo me enteré y claro, pensé, cónchale estas maniobras de la televisión, pero fue una buena decisión que no entendí en el momento y después agradecí cuando empecé a hacer la “Juaca”, porque fue un personaje muy distinto a todo lo que había hecho y “Altagracia” era una villana, claro la gente no lo sabía hasta el final y además Astrid Carolina estaba perfecta porque ella daba esa cosa misteriosa entre ángel y demonio y lo hizo fabuloso. Pero sin duda la “Juaca” fue el papel que más disfruté.

Y también puedo hablar de «Pepa Lunar” en Viva la Pepa. Ese personaje me lo gané a pulso, porque la escritora no me veía en ese rol, ella quería alguien tipo Mimí Lazo, que tuviera más curvas porque había escenas donde la pareja, que era el maravilloso Carlos Olivier, hacía muchas referencias al prominente trasero de “Pepa” y yo soy gringa con trasero plano (risas), entonces hice como tres audiciones para ese papel y al final me pusieron una faja que tenía como unas prótesis en el trasero y otra para que me levantara las lolas, total que así me gané el personaje con mi culito de goma espuma (risas).

Foto por Samuel Hurtado

“Ya en los ensayos llegó un momento en que al entrar en esa parte tuve que parar, pedir disculpas y me puse a llorar”

RR – Continuando con los roles que has interpretado, pero yéndonos ahora hacia el teatro, han sido muchos y muy diversos pero sin temor a equivocarme uno de los que más ha calado en el público ha sido tu gran interpretación de La Señora Imber. ¿Cuéntanos cómo fue el proceso de preparación de este personaje?

JR – Bueno, primero, a mí me escogieron yo no escogí el personaje. Primero fue que a Samuel Hurtado, el productor, se le metió en la cabeza que el libro de Diego Arroyo Gil podía llevarse al teatro y como él y Diego son muy amigos comenzaron a darle forma a la idea. Hablaron con otra actriz y no sé qué pasó ahí pero no lograron concretar, entonces Samuel dijo que si ya teníamos tanto tiempo trabajando juntos ¿por qué no lo hacía yo? Y le dije: ¡¿Qué?, ¿Sofía Imber, yo?! ¿Pero tú me estás viendo? Pero finalmente me convencieron.

Javier hizo la adaptación para teatro, comenzamos a hacer los trabajos de mesa para ver qué le poníamos o qué no iba. Cuando comenzamos ya con las lecturas, cada vez que leía el texto, algo me pasaba que no entendía. Me emocionaba mucho, en especial la relación que tenían Sofía y Carlos Rangel y pensar que a mí me pudiera pasar algo así.

Ya en los ensayos llegó un momento en que al entrar en esa parte tuve que parar, pedir disculpas y me puse a llorar. Y Sofía no era así. Tuve que buscar un mecanismo para contenerme cuando llegaba a esa parte y evidentemente hice lo que hacen todos los actores: ir a la fuente. Ver los programas de Sofía en Youtube, entrevistas, leer el libro de Diego dos y tres veces, hasta que llegó un momento que dije ¡basta!, hasta aquí. Y comencé a dedicarme a los ensayos, pero todo ese proceso fue una angustia constante hasta el día del estreno, le decía al equipo que estaban locos, que nadie se iba a creer que yo era Sofía, que cómo permití que me metieran en esto (risas), era un poco como auto saboteándome porque era un compromiso muy grande ya que Sofía era un personaje muy reciente en nuestra historia, todo el mundo la conocía, no era un personaje que pudiera hacer con cualquier voz sino con la particular voz que ella tenía. Y un día después de muchos ensayos, después de darme golpes y cuestionarme tanto, algo pasó, Javier y Samuel se miraron y Javier dijo: ¡Ahí está Sofía!

Era como si ella quisiera salir y yo con mis cuestionamientos no la dejaba, hasta que finalmente surgió. Pero sin duda interpretar a Sofía fue una gran bendición en mi carrera. Nunca me imaginé que iba a alcanzar el éxito que logramos. Si yo más bien decía que esta era una obra para viejos como yo, porque los chamos no conocieron a Sofía ni vivieron en la Venezuela que ella vivió para poder disfrutar de todo lo que allí se dice, así que seguramente esto iba a morir ahí en el Teatro Chacao con tres funciones y ya. ¡Qué equivocada estaba! Funciones agotadas y el público pedía más, una gira internacional, más de cinco mil personas en la función que se hizo en la Concha Acústica de Bello Monte.

RR – Y te reitero lo que te dije hace unos días, ojalá esta obra se llevara al cine porque es un trabajo que se merece estar en la pantalla grande.

RB – Es que sinceramente, tu caracterización de Sofía Imber es extraordinaria. La similitud en la voz es impresionante.

JR – Gracias. Ojalá se diera lo de la película. Con respecto a la caracterización también pasa que en nuestro teatro se ve poco, es algo más del cine, justamente, y eso generó también una gran expectativa. Ahora con respecto a la voz recuerden también que tengo formación en piano, yo canto, y el oído musical para un actor es clave a la hora de imitar una voz, y aunque si tu escuchas una grabación de Sofía y una mía por supuesto que hay diferencia pero encuentras que hay un código que está presente ahí.

RR – Bueno Julie, llegamos a la parte final de esta entrevista y como ya es habitual cerramos con un breve cuestionario de respuestas cortas:

RB ¿Un libro?

JR – Muchas Vidas, Muchos Sabios del Dr. Brian Weiss.

RR – ¿Panettone o Dulce de Lechoza?

JR – ¡Panettone! Y si es de chocolate, mucho mejor (Risas).

RB – ¿La Playa o la Montaña?

JR – Bueno eso depende de qué playa y de cuál montaña. Pero tengo bonitos recuerdos con el mar, sobre todo cuando he viajado. La playa puede ser.

RR – ¿Pedir Permiso o Pedir Perdón? (Risas).

JR – Bueno, yo creo que es más importante pedir perdón. Porque si tú haces algo sin pedir permiso posiblemente luego te toque pedir perdón.

RB – ¿El Rock o el Bolero?

JR – El Rock, por supuesto, yo soy “Groovy Julie”, hasta llegué a cantar rock.

RR – ¿Un personaje histórico que te gustaría interpretar?

JR – Bueno para no irme a otro país y pensando en un personaje que yo pudiera interpretar a mi edad, podría ser Conny Méndez en su adultez. Porque aparte de todo lo de la metafísica, también fue compositora y cantante.

RB – Y hablando de otros países, ¿París o Nueva York?

JR – Me sigo quedando con mi Nueva York natal. (Risas). París es fascinante pero creo que uno como artista puede hacer y disfrutar mucho más en Nueva York, bueno post pandemia, claro.

RR – Y finalmente, si se hiciese una película sobre la situación actual de Venezuela, ¿Qué nombre le pondrías?

JR – Por cierto, un paréntesis, acabo de ver Once upon a time in Venezuela. Díos mío, qué triste y dura. Es la metáfora del país. Les recomiendo que la vean.

A ver qué título se le podría poner, tendría que ser algo que pudiera reflejar lo que en veinte años nos han hecho.

Metamorfosis.

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