Disney no pierde el tiempo en buscar la inspiración para llevar a la pantalla grande nuevas propuestas y con ello ganar dinero, estemos claros. Durante décadas rentabilizó (y lo sigue haciendo) cuentos clásicos que ya son parte del imaginario colectivo mundial. Cada vez que sale una nueva adaptación animada, la primera comparación es con la empresa del ratón Mickey, sino es que ésta decide adelantarse con un live-action. Pero no se ha quedado ahí, sino que ha sacado ideas hasta de sus propios parques temáticos. Empezando, para sorpresa de un servidor, con la elogiada Dinosaurio (Ralph Zondag / Eric Leighton. 2000), luego la fracasada The Haunted Mansion (Rob Minkoff. 2003) con Eddie Murphy y de la que preparan un remake con Owen Wilson.

Ese mismo año les llegó la gansa dorada del momento Pirates Of The Caribbean: The Curse of The Black Pearl (Gore Verbinsky. 2003) con Jhonny Deep, Keira Knightley, Orlando Bloom, entre otros más, que fue un bombazo tanto para la empresa como para los actores y que dio pie a cuatro secuelas; dos que se acoplaban a la primera para dejar una trilogía bien hecha, bien cerrada y dos más, una con problemas respiratorios y otra que de plano tosía polvo. Y la última adaptación de un parque temático, antes de que la que toca ahora, fue Tomorroland (Brad Bird. 2015) con George Clooney. Y ahora sí, llegamos a Jungle Cruise (Jaume Collet-Serra. 2021)

«Año 1916. Hay un ambiente tenso debido al conflicto bélico que se está gestado, la primera guerra mundial. La Dra. Lily Houghton (Emily Blunt), a través de su hermano MacGregor (Jake Whitehall), pide una vez más a la asociación inglesa de exploradores que se le permita tener acceso a la punta de flecha, una pieza clave en la búsqueda del Árbol de la vida y las míticas Lágrimas de la Luna, pétalos del árbol que, se dice, curan todo tipo de enfermedades y que ella está convencida de que ayudarán tanto al avance de la medicina moderna como a mitigar el conflicto armado. Sin embargo, alguien más conoce dicha leyenda, el príncipe Joachim (Jesse Plemmons), un aristócrata alemán que tampoco descasará hasta hacerse con dichos pétalos. Así, luego de que la doctora robara la punta de flecha, escapa junto con su hermano hasta Brasil, donde conocerán al navegante Frank Wolff (Dwayne Johnson) que a regañadientes los guiará por los recovecos del Amazonas en su búsqueda, no sin antes advertirles de todos los peligros que les esperan, tanto naturales como sobrenaturales.»

Apenas empieza la película, incluso desde el tráiler podríamos decir, el primer referente al que vemos es el mítico Indiana Jones; una pieza arqueológica, alemanes, leyendas y lugares inexplorados y sí, pero no olvidemos que existe The Mummy (Stephen Sommers. 1999), de donde parece beber un poco más esta película, pero no sólo de ahí, sino que incluso recuerda a la mencionada Piratas del Caribe, con detalles similares como en un principio con los exploradores malditos y la razón detrás de su maldición.

Su inicio es usual. La presentación de los personajes va acorde a lo que busca ser la película: una aventura juvenil y con toques fantásticos, para toda la familia. Lily, mujer pícara de armas tomar; MacGregor, un tonto simpático; Joachim el malo; Frank, el capitán valiente con un pasado oculto y finalmente Aguirre (Edgar Ramírez) y los exploradores, el ente sobrenatural que poco a poco se nos irá mostrando, y aunque debemos soportar un par de juegos de palabras malos, bastante malos, hasta eso tiene un cierto encanto tonto, más que nada porqué La Roca tiene carisma. Y es eso, los personajes tienen carisma, aunque no el suficiente para que termines de entrar de lleno en la trama. 

El toma y dame, me fío no me fío entre el Frank y Lily es agradable por la naturalidad con la que se da entre los actores, pero se anticipa un romance que, teniendo en cuenta lo que emula, no cae mal pero se justificaba con un poquito más de desarrollo, también habría valido como una amistad entre colegas. El hermano de Lily, MacGrecgor, posee un estereotipo de joven acomodado sin demasiados atributos destacables y nulo alivio cómico, aunque tiene un par de momentos agradables.

Uno de sus puntos flacos son sus antagonistas a los que no se les da un mayor peso, valga la redundancia, antagónico. El príncipe es un pre-nazi de caricatura y los exploradores malditos son olvidados por un trecho considerable, para retomarlos casi llegados el final, pero sin que se sientan como una amenaza real. Y esto, porque los juntan en un principio, luego los separan y ya no saben qué hacer con ellos, intentando algo similar a la dupla Beckett/Jones de Piratas del Caribe, sin dejar que el príncipe se comprometa con su rol de villano y sin dar libertad a Aguirre y compañía para tomar las riendas y complicarles la faena a nuestros protagonistas. Una oportunidad desperdiciada. 

En cuanto a efectos especiales, se podría decir que la película queda a deber a momentos, más que nada en el diseño de los exploradores que, y volviendo a comparar, lucen más gastados que los marineros en Piratas del Caribe, lo cual intenta compensar mostrándolos sólo durante la noche.

La banda sonora es algo que inunda los momentos más movidos y emotivos de la cinta. Algo que sí o sí recobra esa sensación de heroísmo aventurero, incluso ese cambio a rock durante un flashback (que puede gustar a algunos) adereza todo el ambiente y agita el corazón. Atención al principio cuando suena Nothing Else Matter de Metallica.

Como un todo la película es divertida, sabe a quién apunta, lo que es y lo que busca. Misterio, maldiciones, una tribu perdida, aventura en un sitio inexplorado, todo el paquete lo tiene, equilibra bien la comedia con la acción pero da la sensación de estar atada y no poder terminar de explotar su premisa. Queda ver si, siendo muy optimistas, Disney estaría dispuesto a dar luz verde a una secuela y que ahora sí podamos disfrutar de una aventura mucho más resuelta y memorable.

Estará disponible en la plataforma de Disney Plus el próximo 12 de noviembre.

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Alumno empírico y polifacético, entusiasta de las artes audiovisuales.

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