Murió la reina y sentimos, los de la generación X, que despedimos una era.

Este adiós alargado empezó a partir de la llegada del virus SRAS-CoV-2 donde muchos atestiguamos que nada iba a ser igual nunca más. La certeza de los tiempos extraños era impecable y recordábamos con ironía aquella antigua maldición china: «Que vivas tiempos interesantes…».

Ese periodo histórico donde dominaba un personaje como Isabel II, nos hizo creer que las circunstancias podían cambiar con parsimonia y en aparente lentitud en tanto nos empezamos a mover entre telegramas, faxes e emails. De hecho, nos despertamos un miércoles a las 5 de la mañana para ver la transmisión de un absurdo cuento de princesas en la boda televisada de Lady Diana Spencer. Muchas transformaciones estaban por gestarse en la superficie, muchos cimientos de esa etapa generacional estaban por derrumbarse.

La tecnología, el imperio de lo digital, las nuevas maneras de comunicarse llegarían para imponerse y nosotros con ellas sonriendo, al principio, porque hacíamos nuestra tesis en WordPerfect, sabíamos navegar y hoy, después de varios terabytes, regios decimos que guardamos en la nube. Nos sentimos a salvo de ser vistos como análogos viejos decrépitos mientras hacemos un live en Instagram.

El exilio, los recuerdos y Cadenas

El exilio, los recuerdos y Cadenas

Acerca del exilio uno pudiera decir muchas cosas, pero creo que lo peor de todo son las devastaciones que van quedando en el alma”, expone Miguel Ángel Latouche.

En una sociedad que se mueve de forma online donde, por ejemplo, una jovencita entusiasmada explica el descubrimiento del uso de un ¡exprimidor de limones!, hacer entender que la civilización, la civilidad y la sagacidad deben ser conceptos que nos interpelen a diario es todo un elaborado pandemonio.

El gozo por el conocimiento, el disfrute de las clases de Historia Universal, lo sapiosexual de conversar y aprender e interconectarse con la intelectualidad, está out. Ya esos tiempos cuando nos jactábamos de la cultura quedó atrás, ni siquiera la cultura pop está vigente, terreno de los ahora olvidados Millennials, rumbo a la bajada sin frenos a partir de los 30.

Cada vez sorprende más la ignorancia offline. Más personas que no saben de geografía pero que no dejan de usar el GPS. Muchos soñando con vacaciones en Santorini y no saben ni de las Islas Cícladas ni quién fue Homero.

La guerra y su impacto es desbancado ante los millones que está obteniendo Bad Bunny en su serie de conciertos en lo que va de año. Feministas encolerizadas que hacen canticos y bailecitos frente a una plaza, pero no gritan incansables por los asesinatos en Irán o Perú.

Y así vamos, defenestrado el valor de la enciclopedia, muy a pesar del magnánimo Google.

«La era está pariendo abortando un corazón,

No puede más, se muere de dolor

Y hay que acudir corriendo

Pues se cae el porvenir

En cualquier selva del mundo,

En cualquier calle».

Tal vez te interese ver:

Artículos recientes

Escritora y cronista.

Columnista en The Wynwood Times:
Vicisitudes de una madre millennial / Manifiesto de una Gen X

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad