“El panorama cultural de Miami en los años 80 era tan próspero y rico como los es ahora, y tan necesitado de mayor espacio como lo es en el presente”

Un cielo cerrado encapotaba el estrecho de la Florida la noche del 29 de mayo de 1980. El camaronero Kraut & Kracker lo surcaba en su ruta desde Cuba a Estados Unidos, con doscientos sesenta tripulantes a bordo. Era el éxodo del Mariel y sus tripulantes refugiados, entre ellos Luis de la Paz, con 23 años, que vomitaba mientras en el horizonte, la isla a la que nunca volvería perdía sus contornos, se convertía en una masa difusa y las luces que le daban vida al malecón, al Prado, al Capitolio, parecían envolverla en un fino manto de luciérnagas.  

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Esa noche de mayo, quizá, sería el gatillo disparador de Luis de la Paz para crear a Mauricio, protagonista “Páramos alucinantes”, cuento que abre el volumen de su último libro, Por las paredes, un conjunto de once piezas que exploran la marginalidad y la cotidianeidad de Miami, su escena cultural, y siempre rememoran con nostalgia a la isla de Cuba. Pero presentar a Luis de la Paz solo por un libro sería poco justo, además de narrador es poeta, dramaturgo y una de las figuras más importantes en la gestión cultural y literaria de Miami. 

Hace unos días conversé con Luis sobre su obra, su legado cultural y el Miami que lo recibió en la década de 1980.  

¿Cuándo emigraste a Miami y qué te trajo a esta ciudad?

Yo no me identifico como un emigrado, sino como un exiliado político. Salí de Cuba en 1980 durante el éxodo del Mariel, que desplazó a 125,000 cubanos hacia los Estados Unidos en barcos, tras los sucesos en la Embajada del Perú en La Habana, donde 10,832 personas se refugiaron en la casa y jardines de esa embajada en apenas 48 horas. La emigración de la mayoría de las personas es buscando nuevos horizontes y una mejor vida, pero en el caso de los cubanos se añade una necesidad adicional: poder habitar un espacio de libertad. El régimen cubano está diseñado para esclavizar a sus ciudadanos, de ahí que, en 65 años de dictadura, más del 25% de la población haya dejado el país y el éxodo crece cada día más. Además de las razones anteriores, yo me establecí en Miami porque para un cubano reúne las condiciones más parecidas a mi ambiente natural. 

¿Con qué panorama literario te encontraste en el Miami de aquella época? 

El panorama cultural de Miami en los años 80 era tan próspero y rico como lo es ahora, y tan necesitado de mayor espacio como lo es en el presente. También tan criticado como el de hoy. Sobresalían otros nombres, otras figuras prominentes en las salas de teatro y en las tertulias. Siempre ha sido un pequeño grupo apostando por la cultura y afrontando las dificultades que la época presenta. Los hispanos somos una minoría en esta gran nación y en Miami (léase el condado Miami Dade) aun con ciudades como Miami, Hialeah, Doral, Sweetwater y Homestead, con una población hispana superior al 80 y 90%, pensamos que hay todo un poder hispano, pero no es así. Solo somos un conjunto de personas de distintas nacionalidades, visión de vida, cultura y deseos que nos une una lengua: el español; también que venimos a Estados Unidos porque en el nuestro nos iba peor (son pocos los que dejan atrás su hábitat por pura aventura). La mayoría de los emigrados buscamos trabajo (dinero) para sostener a las familias al sur del Río Bravo, no cultura. Aun así, hay un sector de la población que apuesta por las artes y se sacrifica para mostrar y hacer valer la cultura. Los hispanos hemos hecho de Miami una plaza cultural importante contra todos los pronósticos inimaginables solamente por el amor a las artes (algunos se burlarán de la frase, pero es así). Estaciones de radio, televisión, cines, cinematecas, salas de teatros, de conciertos, centros nocturnos, librerías, bibliotecas, tertulias literarias, ópera, zarzuelas, galerías de arte, y mucho más. Todo dentro del marco de los hispanos. Eso era el Miami de 1980 cuando llegué. Poco a poco me fui incorporando a ese entorno en la medida que iba supliendo las necesidades iniciales, que siempre son las más apremiantes: un techo, trabajo, auto… en fin, encaminarme.  

El Miami que te recibió fue el mismo que recibió a Reinaldo Arenas, ¿qué memorias o recuerdos podrías compartir de Reinaldo Arenas en esta ciudad?

Reinaldo Arenas era el único escritor del éxodo del Mariel que llegó a Estados Unidos con un nombre ya ganado por sus novelas Celestino antes del alba, único libro que publicó en Cuba y en particular por El mundo alucinante, aparecido en México, bajo el sello Editorial Diógenes y que colocó a Reinaldo entre las más importantes promesas literarias del momento, algo que merecía por su talento. Reinaldo Arenas, por su literatura, tenía todo el derecho a formar parte del Boom Latinoamericano, a pesar de su juventud, pues su obra tiene una gran dimensión literaria. Al llegar a Miami fue invitado a la tertulia de Nancy Pérez Crespo en la librería y editorial SIBI y deslumbró con su verbo. Hablaba con una voz bella, con un sentido del humor extraordinario, cultísimo y con una habilidad asombrosa a la hora de expresarse, donde las palabras y las ideas resultaban esclarecedoras. Reinaldo, en parte a instancia de la escritora Lydia Cabrera, se marchó a Nueva York. Miami era muy pequeño para él y eso lo anticipó Lydia y lo vio Reinaldo. A los recién llegados que nos identificábamos como escritores nos acogieron con frialdad y entusiasmo, unos fueron más cálidos que otros, pero no hubo marcadamente rechazo. 

Había, quizás, algo de celos, como lo hay hoy también. En final de cuentas, cada cuál debía mostrar con hechos quién era literariamente.

Hay un hito en la literatura cubana escrita desde Estados Unidos, me refiero a la revista Mariel, donde aparecieron textos de las firmas más notables de la literatura de la isla, como Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante, Lydia Cabrera, Severo Sarduy y tantos más. Formaste parte del Consejo Editorial de ella e incluso escribiste algunos textos de narrativa (cuentos) en ciertos números. ¿Cómo y por qué nace la revista Mariel? Los editores y colaboradores de la revista estaban dispersos en otras ciudades además de Miami, entonces ¿cómo funcionaba la parte logística de la edición? (ahora todo se resuelve con un click y resulta fácil).

Como los recién llegados por el Mariel habíamos sufrido tanta censura en Cuba y estábamos deseosos de publicar nuestros trabajos, se creó una revista literaria impresa que acogiera a los escritores. Desde luego el nombre apropiado era Mariel, pero la idea no era solo publicar nuestros trabajos, sino abrirnos a otros escritores que nos habían precedido en el exilio. Ahí están las colaboraciones de los creadores que mencionas. El primer número de Mariel sale en 1983 y se hace una gran presentación en el Koubek Center y se distribuye en el 1er. Festival de las Artes del Mariel, que se llevó a cabo en el Tamiami Park. La publicación tuvo gran acogida y de inmediato recibimos muchas suscripciones tanto locales, como de España, Puerto Rico, California y Nueva York. Para el último número, ya Mariel se autofinanciaba. Todo era un trabajo muy artesanal no teníamos experiencia, solo el deseo y la intuición. Se hicieron 8 números en tres años, los primeros 3 en Miami y el resto en Nueva York. A pesar de ser un grupo de trabajo, el peso lo llevaban los directores, Reinaldo Arenas y Reinaldo García Ramos, ambos en Nueva York, y Juan Abreu, en Miami. Las dificultades fueron muchas, no había como ahora un click, como señalas, pero a través del teléfono y el correo (con el costo añadido de la larga distancia), se hicieron los números. El resultado fue maravilloso y Arenas hizo una labor estupenda como enlace y mediador. Personalmente me siento orgulloso de haber formado parte de la revista Mariel.  

Algo que le falta a Miami es un lugar para los escritores. Un bastión. Hace un tiempo, en un intercambio de correos con el escritor español Juan Carlos Castillón que vive en Barcelona, pero que vivió varios años en Miami, me contaba que ese lugar, en su momento, para él fue la librería Universal (1975 – 2013), donde incluso trabajó como librero (además de haberlo hecho en otras librerías de la Calle 8). Juan Carlos me comentó que en aquella época vivió rodeado de escritores, gente de la revista Orígenes de Lezama Lima, por ejemplo, los autores del Mariel, otros que venían de visita como Cabrera Infante y Zoé Valdés y la lista es larga. ¿Cómo recuerdas ese espacio? ¿Representó lo mismo para ti? 

Efectivamente el lugar, el punto de encuentro para todas las artes lo fue la Librería Universal, era como el restaurante Versailles del quehacer artístico. Personalmente allí vi, conocí y traté a muchos de ellos. Guillermo Cabrera Infante siempre que venía a Miami pasaba por allí. De los origenistas, Lorenzo García Vega y Carlos M. Luis. La gran Lydia Cabrera, Armando Álvarez Bravo, Zoé Valdés, Antonio Benítez Rojo, Daína Chaviano… quién no. Cada 24 de diciembre la familia Salvat ofrecía un brindis y por allí desfilaba lo mejor de la intelectualidad de Miami, cubana y no cubana. Los sábados había una peña en la librería, y hasta había quienes iban sencillamente a conversar con Juan Carlos Castillón, un hombre culto, un librero de los que ya no hay. Cada vez que paso frente del edificio no puedo dejar de pensar en todo lo que viví allí, no solo como público y visitante, sino también como protagonista presentando mis libros o de algún amigo. Pero nada se detiene. En la actualidad hay otros puntos de encuentro. Las tertulias de Joaquín Gálvez y la mía, los distintos eventos que se programan en el Miami Hispanic Cultural Arts Center “Las Casona”, donde la colombiana Mercedes Minota organiza una peña poética mensual, también se ofrecen conciertos de música. El centro Imago, enfocado en los venezolanos, pero activo y ofreciendo actividades continuamente. Está el Centro Cultural Español, el Museo Americano de la Diáspora Cubana con una programación continua. La tertulia El Caimán ante el Espejo, y hasta otras privadas en casas particulares, como las que hacía en los 80 Nancy Pérez Crespo. Se podrían mencionar unos cuantos lugares más, donde vibra la vida cultural. Es cierto, no se puede hablar del crecimiento de Miami sin reconocer a la Librería Universal y sus Ediciones Universal, prácticamente la única casa local por mucho tiempo enfocada en la publicación de libros. Pero hubo otras librerías esenciales, La Moderna Poesía, Cervantes, SIBI, Libros Españoles, Impacto y Revistas y Periódicos. De ellas solo quedan Impacto y Revistas y Periódicos, pues prácticamente las librerías tradicionales han dado paso al mayor escaparate de libros del mundo, Amazon. 

En tu libro más reciente, Por las paredes, hay historias como “Páramos alucinantes”, que abordan el periplo de un recién llegado a Miami y varios de los otros textos son un vivo reflejo de La Habana. ¿Cómo se desarrolló el proceso creativo de Por las paredes? ¿Son historias que te han acompañado por años hasta que lograste armar un conjunto que guarde armonía o son historias que han nacido recientemente?

Yo viví 23 años en Cuba y llevo 43 años en el exilio, de manera que mi literatura es dual, continuamente corre entre La Habana y Miami. Los cuentos de Por las paredes son una selección de los textos escritos en los últimos cinco años y se encuentran relatos ambientados en Cuba, como La traición y A partir de un recuerdo. Otros se mueven en esa dualidad mencionada, como Baño público, pero la mayoría en ese libro son muy miamenses. Aunque pueden tener alguna que otra referencia al pasado, el peso del cuento lo lleva Miami. El que mencionas Páramos alucinantes, tiene mucho de mi experiencia al llegar, cuando fui llevado a “conocer Miami” y me adentraron en un mundo de droga, marginalidad y peligros. En otro cuento, Los recién llegados, que formará parte de otro libro, también narro lo que le acontece a un matrimonio en La Pequeña Habana, a pocos días de llegar a la ciudad. Yo creo que mi narrativa es cada vez más miamense, más del patio, y eso me llena de satisfacción, aunque por mi voz y desarrollo narrativo, siempre seré un escritor cubano. 

Pienso en nombres de la narrativa cubana contemporánea en el exilio como el de Grethel Delgado, Andrés Pi Andreu, Legna Rodríguez Iglesias, Carlos Pintado, Dainerys Machado Vento, Kelly Martínez Grandal, etc. Qué aspectos crees que la alejan y que aspectos crees que la acercan a la literatura cubana de tu generación.

Creo que sería un error tratar de buscar la empatía con un escritor por los aspectos generacionales. Hay buenos libros y buenos escritores. Sin duda son más las cosas que nos acercan y escasas las que nos alejan. A la mayoría de los que mencionas los conozco, los he leído y he asistido a algunas de sus presentaciones. Lo hago porque me interesa saber qué se está escribiendo, conocer nuevas voces. Un escritor debe ser curioso, por eso me llama la atención que pocas veces vemos a esos autores en eventos literarios de otros escritores “más viejos”. Añadiría esta observación: hace menos de un año Grethel Delgado presentó su excelente novela No me hablen de Cuba, en el Museo Cubano. Yo fui el presentador y me llamó la atención que sus contemporáneos, esos que citas, no estuvieran allí apoyándola.  

¿Cómo es la relación entre los escritores de distintas nacionalidades -comunidades como se le suele llamar aquí- en Miami? ¿Existe un vínculo entre ellos o no hay comunicación? 
 

El hecho de que me estés entrevistando es señal de que hay algún tipo de relación. Eres peruano, yo cubano. Aunque cada uno se identifica con lo suyo, en el caso de Miami resulta distinto, precisamente porque cada uno de nosotros estamos estableciendo una literatura local, nuestra, es decir miamense. Fuera de nuestros países de origen, somos miamenses, es más, estoy casi seguro que casi todos tenemos un pasaporte norteamericano, de manera que si nos une la naturalización, por qué no unirnos por nuestras experiencias de vida, por lo que aporta Miami. Es un hecho que ya existe una literatura miamense, con una serie de constantes, temáticas, enfoques y eso nos hace simpatizar el uno con el otro. Creo que el verdadero crecimiento artístico de Miami viene a partir de un proceso creativo, en cualquier rama, que va tomando cuerpo localmente y que rompe las nacionalidades o quizás mejor, las integra.

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Pedro Medina León

Escritor y conferencista

En Miami Pop Tour, Pedro Medina León nos ofrece una panorámica de los principales elementos históricos, culturales y populares que han dado forma a la ciudad de Miami.Pedro Medina León (Lima, Perú) es ganador del premio Florida Book Award por su novela Varsovia, y autor de los libros Mañana no te veré en Miami, Marginal y Tour: una vuelta por la cultura popular de Miami, y editor de las antologías Viaje One Wayy Miami (Un)Plugged.

Además es creador y editor del portal cultural y sello editorial Suburbano Ediciones, y conferencista del Florida Humanities Council en temas de historia y cultura de Miami. Estudió literatura en Florida International University y en su país Derecho y Ciencias Políticas.

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