Es poseedor de una de las voces más importantes del canto lírico nacional. Al escucharlo cantar es imposible permanecer indiferente. Algunas personas lo han comparado con otro grande, el recordado Alfredo Sadel. Pese a su origen humilde y de no contar con el apoyo de su familia, la cual no veía con buenos ojos que el muchacho se dedicara a ser artista, este estupendo tenor nacido en la ciudad de El Tigre, decidió venirse a la Capital, estudiar, prepararse y abrirse paso en el difícil, competitivo y muchas veces injusto mundo de la lírica.

A través de esta entrevista logramos descubrir un poco más sobre Luis Javier Jiménez, quién nos abrió su corazón y sin filtros de ningún tipo. Y no solo nos contó parte de su historia de vida, sino que nos desnudó la verdad que se oculta tras bastidores en cuanto a la formación y futuro de la ópera en Venezuela.

 

–  ¿Quién es Luis Javier Jiménez?

– Nací en la ciudad de El Tigre, estado Anzoátegui, pero me crie en Pariaguán. Luego las circunstancias me llevaron a radicarme en la ciudad de Cumaná en el estado Sucre. Me siento llanero por mi familia materna y pescador por mi padre; pero además soy descendiente de inmigrantes europeos: mi abuelo paterno nacido en España y mi abuelo materno nacido en Italia. Pero lo que más atesoro es que soy nieto de una hermosa mujer indígena-afro-descendiente, que en oriente se les llama culisas.

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“Pero los maestros empezaron a notar que tenía cualidades para el canto y siempre terminaba siendo el solista de los coros”

– ¿Y tu gusto por el canto cómo surge?

– Mi abuela y mi madre oían mucho la radio y les gustaba cantar mientras realizaban sus tareas domésticas, así que mis primeros referentes fueron los boleros que ellas escuchaban. Pero la verdad desde pequeño yo siempre cantaba e imitaba a los intérpretes de esas canciones, Julio Jaramillo, Mirla Castellanos, José Luis Rodríguez, Amanda Miguel (risas), me la pasaba cantando y participaba en cuanto evento cultural se hiciese en la escuela, de hecho mi primera experiencia fue a los 8 años cantando Mi burrito Sabanero en el tercer grado de primaria y fue algo traumático (risas), me quedé tildado como el burrito sabanero mientras estuve en esa escuela, pero los maestros empezaron a notar que tenía cualidades para el canto y siempre terminaba siendo el solista de los coros hasta llegar a la secundaria.

–  ¿Contaste con el apoyo de tu familia para dedicarte al canto?

– Pues la verdad no, en lo absoluto. Mi papá no estaba de acuerdo con eso, él quería que fuese herrero metal mecánico como él y yo lo que quería era ser artista, cantante. Todo lo que hice por y para las artes lo hice siempre bajo mi cuenta y riesgo (risas).

– E imagino que eso no era bien visto, “te ibas a morir de hambre”.

– Entre otras cosas (risas). Así que yo lo que hacía era inventar excusas, decía que tenía que estudiar mucho en la escuela y lo que estaba era ensayando con los coros. Ya cuando llegaba el día de los conciertos, que eran en horarios nocturnos, yo agarraba mi ropa del concierto, la metía en una bolsa y la lanzaba por la ventana de mi cuarto, me hacía el dormido y luego me escabullía, agarraba la bolsa y me montaba en el autobús. Llegaba me cambiaba, cantaba y salía corriendo otra vez para llegar a la casa. Y así estuve un tiempo.

– ¿Y nunca te descubrieron?

– Pues no. Cuando sabía que los conciertos iban a terminar muy tarde, ahí sí pedía permiso y mi papá me lo daba, pues pensaba que se trataba de algo esporádico, no que yo me dedicaba a eso todos los días. Fue una etapa de mi vida muy agitada, llevando prácticamente una doble vida (risas).

– ¿Pero cómo llega la ópera a tu vida?

– Al graduarme como bachiller fui a vivir con mi madre, quien estaba radicada en la ciudad de El Tigre. En esa ciudad inicié estudios de Administración Comercial en el Tecnológico y me vinculé con el núcleo de la Orquesta Sinfónica Juvenil “José Antonio Anzoátegui”, en la cual estudiaba y tocaba violoncello. En ese tiempo recibo una invitación de un amigo que era integrante del coro de ópera del Teatro Teresa Carreño para asistir al 15° aniversario del coro. Allí escuché un concierto con el cual quedé fascinado, a tal punto que al día siguiente salí a recorrer las discotiendas de Caracas en busca de discos de ópera y fue cuando descubrí voces como la de Alfredo Kraus y Franco Corelli que me cautivaron. Al volver a El Tigre y darme cuenta del lamentable atraso cultural que existía en esa ciudad, decidí establecerme en Caracas para poder desarrollarme en el canto.

“Desde entonces les adversé y asumí frontalmente las consecuencias del apartheid que me impusieron”

– ¿Cómo fue la experiencia en Caracas y tu formación como cantante lírico?

– Dura. A mi modo de ver injustamente dura. Ha sido un transitar absurdamente difícil. Apenas llegué a Caracas, hice una audición para cursar estudios en la Academia Latinoamericana de Canto Carmen Teresa de Hurtado, donde fui rechazado bajo el argumento de “no tener estilo”. Eso me desconcertó, pero era un joven que no sabía nada al respecto y simplemente me fui con aquel veredicto sobre mis hombros.

Empecé estudios con la maestra Lotti Ipinza, la cual se horrorizó al conocer lo que me había ocurrido con esos seudo maestros. Recuerdo que en ese momento dijo: “Pedirle estilo a un joven que jamás ha estudiado canto es sencillamente absurdo. Quieren que el alumno les llegue formado y ellos solo capitalizar los logros”.

 En 1996 hice la audición para conformar el Coro de Ópera del Teatro Teresa Carreño pero fui rechazado. Sin embargo, al año siguiente lo volví a intentar y gracias al maestro Pedro Liendo, quien valoró mi talento, fui aceptado; algo que siempre le agradeceré al maestro Liendo.

También fui a estudiar con una soprano rumana, la cual a las pocas semanas me dijo, sin ningún tacto posible, que continuara mis estudios de administración porque con mi voz no lograría cantar los grandes roles. Salí espantado. Más tarde empecé estudios en una conocida escuela de música de Caracas, bajo la guía de un reconocido tenor venezolano que desarrollaba una importante carrera para el momento. Cuando mis avances fueron evidentes, la Coordinación Musical del Teresa Carreño me invitó a audicionar el breve pero exigente rol del “Sabio 1” de la ópera Los Martirios de Colón; y logré hacerme con el papel, sin embargo al volver a clases me encontré con la sorpresa de que había sido expulsado, sin recibir ninguna explicación. Tiempo después supe que fue por atreverme a cantar el rol que venía interpretando mi maestro.

Sin embargo seguí perseverando. Comencé a figurar en papeles secundarios en las producciones del Teatro Teresa Carreño. Para ese entonces ya comenzaban a gestarse rivalidades por intereses políticos e ideológicos en el teatro, lo que llevó a generar dos bandos: el del oficialismo y el de la oposición, y se desató la cacería de brujas. Un día acepté apoyar una protesta convocada por el cuerpo estable del ballet Teresa Carreño y fue cuando los esbirros de las autoridades me vieron en el grupo de manifestantes y en retaliación fui sacado de todas las producciones donde estaba trabajando. Desde entonces les adversé y asumí frontalmente las consecuencias del apartheid que me impusieron.

 

– Teniendo una iniciación así, es casi un milagro que no te hayas apartado del mundo de la ópera. ¿Qué te hizo perseverar?

– Creo que mi pasión por el arte, por el bel canto, aunque estuve muy cerca de tirar la toalla. De hecho comencé a dedicar más tiempo a prepararme profesionalmente en otras áreas. Culminé dos carreras universitarias, dos diplomados y comencé una maestría en política exterior. Incluso cursé estudios de gastronomía en la prestigiosa escuela La Casserole du Chef. Todo ello me permitió generar los recursos para poder costearme varios viajes a Europa, lo cual ha sido una de las mejores inversiones que he hecho, pues me permitió visitar importantes casas de ópera donde pude escuchar a grandes cantantes, lo cual se tradujo en un valioso aprendizaje con el que pude descubrir técnicas y tener puntos de referencia para comparar con el trabajo que se hacía en mi país. Por ejemplo, en España tuve el privilegio de recibir clases de la maestra Magda Tatay, quien luego de escucharme me explicó que aunque poseía un importante material, tendríamos que empezar de cero. Y así lo hicimos, además la maestra no quiso cobrarme ni un euro.

Ya de vuelta en Venezuela busqué la ayuda del maestro José Antonio Abreu para poder continuar estudios en Italia pero el maestro, que no era muy partidario de que abandonáramos el país, me propuso participar en las clases magistrales que la gran cantante Mirella Freni, dictaría en la sede de Fundamusical, lo cual le agradecí.

 Luego tuve la fortuna de conocer a nuestra gran artista y mejor ser humano, la soprano Mariana Ortíz, la cual en pocas sesiones me hizo entender y querer aún más a mi instrumento y con quien lamentablemente no pude continuar aprendiendo, pues se fue del país para seguir desarrollando su carrera.

“Se requiere cantar en escenarios apropiados, y de eso también adolecemos en este país”

– Escuchando todo esto se me viene a la cabeza, más que una pregunta, una inquietud. Si un joven quiere en estos momentos comenzar a estudiar canto lírico, ¿Con quién recomendaría Luis Javier Jiménez que estudiara?

– Wow (larga pausa) Mira… mi conocimiento del manejo de la respiración, del fiato, del apoyo y el fraseo se lo debo indudablemente a la maestra Lotti Ipinza, pero ella ya no da clases. Aquí tuvimos una gran maestra llamada Rosita Del Castillo, pero lamentablemente falleció. Otra artista, a quien considero una gran maestra, es Mariana Ortíz, la cual como dije antes, ya no está en Venezuela dadas las duras circunstancias que vivimos los artistas venezolanos. En función de mis experiencias, yo no asumiré responsabilidad alguna al recomendar a ningún maestro. Lo siento. Pero sí te diré que considero que algunas “técnicas” acá enseñadas carecen de solidez por no haber sido probadas con el propio desempeño en el abordaje de roles principales completos de ópera sobre un escenario.  

Posiblemente esos enfoques sirvan para abordar obras corales o quizá algo del bello repertorio barroco, pero para abordar repertorio verista, absolutamente no. Eso se evidencia al conocer que la gran mayoría de los cantantes que han salido de Venezuela han tenido que revisar e incluso cambiar fundamentos de su técnica aprendida para poder desempeñarse cabalmente en un entorno tan competitivo. Además que un aula con dimensiones de 2X2 metros no es un espacio idóneo para  conocer y poner a prueba tus capacidades y dominio de la técnica. Se requiere cantar en escenarios apropiados, y de eso también adolecemos en este país y, en consecuencia, la mayoría de los cantantes no desarrolla volumen, todo lo contrario, se empequeñecen las voces.

Ahora bien, ¿qué puedo aconsejarles a estos jóvenes? Que inicien estudios con quienes se sientan cómodos, pero no obstante los invito a revisar las muchas referencias audiovisuales que existen en canales como Youtube, donde los grandes maestros de antes y de ahora, enseñan técnica de canto sólida. Recomiendo estudiar las grabaciones de Stanford Olsen, Helge Rosvaenge, Elena Obraztsova, Sergei Lemeshev, Ernst Kozub, Aprile Millo, Gösta Winbergh, Guiseppe Sabbatini, Salvatore Fisichella, Gregory Kunde, Bruce Ford, Werner Güra, y muchísimos más, que aunque no son tan conocidos, son realmente grandes maestros.

 

– Sin embargo a pesar del “apartheid artístico” y siendo aún el Jefe de Protocolo y Relaciones Institucionales del Teatro Teresa Carreño, has logrado sacar adelante una carrera como cantante que algunos “más favorecidos” no han podido.

– Pues sí, es cierto. Pero no ha sido fácil. Porque el hecho de desempeñar un cargo en una institución del Estado tristemente ha confundido a algunas personas que, quedándose en lo superficial y sin tomarse la molestia de indagar solo un poco, me han negado espacios, apoyos y oportunidades. Es tristemente decepcionante.

Llegué al “Teresa Carreño” años antes de que el chavismo tomara el poder y fui de esos que sí creyó en el discurso de que no debíamos ceder espacios y que éramos parte de la reserva moral de este país. Ahora con mucha ligereza, nos meten en un saco a todos por igual.

Considero un gran error catalogar a todos los empleados públicos como afectos a cierta ideología de grupo o gobernante de turno, alimentando así el odio y la división que tanto daño ha hecho y aún sigue haciendo a éste país.

 Además, te aclaro, que no fue solo un “apartheid artístico”, no. Esas personas en serio se dedicaron a perjudicarme por muchos años, a tal punto de llegar a sacarme del Censo de Vivienda que años atrás organizó el Ministerio de la Cultura, desestimar y negarme la debida atención odontológica especializada cuando presenté serios problemas en mi dentadura, obstaculizar las gestiones orientadas a obtener los recursos necesarios para poder ir a estudiar en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires, y recientemente, por tercera vez consecutiva, desaparecieron mi expediente para que no pueda acceder a la acreditación por experiencia que conduce a obtener el título como licenciado en canto lirico que ofrece la Universidad Experimental de las Artes UNEARTE a través del programa Bárbaro Rívas.

“Debemos tener cuidado con los falsos altruistas que exponen las miserias de la persona a la cual ayudaron para así ganar más seguidores en sus redes”

– Con base en todo esto que me cuentas, quisiera saber si alguien te ha tildado de “chavista” por trabajar en el  Teatro Teresa Carreño.

Por su puesto, en más de una ocasión. Pero el mayor desencanto me pasó con una muy reconocida pianista venezolana radicada actualmente en Europa, a quien contacté por sugerencia de una querida amiga en común. La respuesta que obtuve, además de intencionalmente tardía, fue insolente y completamente fuera de lugar, lo cual me dejó una profunda decepción porque era alguien a quien admiraba, Pero gracias a eso aprendí que debemos tener cuidado con los falsos altruistas que exponen las miserias de la persona a la cual ayudaron para así ganar más seguidores en sus redes.

 

– ¿Y cómo ves el futuro de la ópera en nuestro país?

Desolado. Porque de no crear nuevas óperas, el público actual, ese público joven, se desvinculará completamente del género por considerarlo una cosa pasada de moda, una cosa muerta.

Fíjate que en el año 2018 se celebró en la ciudad de Madrid el Foro Mundial de la Ópera, donde llegaron a la conclusión de que para salvar la ópera había que fortalecerla desde iniciativas locales en cada nación: crear nuevas óperas donde se tomaran en cuenta las melodías y ritmos populares, la idiosincrasia de cada uno de los países, pero por sobre todo, las características del talento humano. Por mi parte desde siempre he abogado por los compositores de ópera venezolanos, me he involucrado gustosamente en sus proyectos y he propiciado muchos otros porque soy un promotor de nuevas obras líricas. Creo que he aportado bastante a la lírica nacional, y eso me hace sentir muy bien.

 Por eso decidí crear “Ópera Creativa” para llevar a escena nuevas propuestas nacionales y latinoamericanas y dar cabida también a talentos emergentes a través de la creación colectiva. Nos involucramos en la génesis y representación de la ópera Fausto de la joven compositora Diana Daniele, obra con la que luego participamos en el Festival Spots Op West de Bélgica, donde fuimos un gran éxito. Junto al maestro Gerardo Gerulewicz, participamos en su ópera Gertrudis y posteriormente montamos otro espectáculo de su autoría llamado La Libreta de California. Después vinieron otros proyectos y recitales como Misturas donde fusioné arias clásicas con sonidos y ritmos caribeños. Más recientemente, el recital Travesía donde nos paseamos por hermosas canciones tanto europeas como latinoamericanas. Y ahora estamos con Paisaje que es un homenaje al maravilloso cancionero venezolano y que se puede ver en cualquier parte del mundo a través de la plataforma de www.play.ticketmundo.com

“Paisaje”, cancionero venezolano

– ¿Qué podemos esperar de Luis Javier Jiménez a futuro?, tal vez te animes a formar nuevos cantantes

– Todavía no contemplo dedicarme a dar clases de canto, pues aún queda mucho por andar y aprender. Ahora lo que quiero es cantar. También estoy dándole forma a una segunda edición de las clases magistrales sobre “interpretación de la ópera italiana” dictadas por el reconocido maestro Maurizio Preziosi, que por cierto, de aquella primera gran experiencia que tuvimos en febrero de 2020, se ha ido gestionando un convenio entre el Conservatorio italiano Stanislao Giacomantonio y la Universidad Experimental Pedagógica Libertador UPEL.

 Desde mediados de año formo parte del proyecto internacional VoSeis, el cual está conformado por seis tenores latinoamericanos y donde ya lanzamos la primera canción llamada “Canta América”, la cual puede disfrutarse por la plataforma de YouTube. Existen también propuestas diversas a desarrollarse en Praga, pero todo eso está sujeto al giro que vaya tomando ésta situación del Covid-19 en Europa.

Video de “Canta América”

Mientras tanto aquí en Venezuela sigo en la preparación de nuevos recitales: uno sobre arias de autores contemporáneos venezolanos como Diana Daniele, Jorge Díaz, Miguel Astor, Tito Nava y Gerardo Gerulewicz; otro de canciones italianas y uno más de arias de óperas rusas.

Definitivamente soy de los que cree que si las oportunidades no surgen hay que crearlas.

 

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