Por Marissandra Malaver Pinto.

La historia del mundo está llena de grandes sucesos que más o menos han configurado nuestro presente tal y como lo conocemos. En la actualidad, las grandes batallas, en el plano físico e intelectual, que libraron hombres como Bolívar, Washington y Alejandro Magno; Voltaire, Rousseau, Darwin y Newton, entre otros, nos muestran la capacidad que tiene la naturaleza humana de resonar en cada una de sus manifestaciones.

Sin embargo, las mujeres también aportaron un grano de arena a esta configuración del mundo contemporáneo que ahora disfrutamos. Desafiando las convenciones de su época sobre el papel de la mujer en la sociedad, lograron romper los límites de lo establecido ganando un lugar en la historia, haciendo gala de los recursos que las circunstancias pusieron a su disposición.

Una de esas mujeres fue Jeanne-Antoinette, mejor conocida como Madame Pompadour. Amante oficial de Luis XV, la cual logró darle un giro de tuerca al clima político y cultural de la Francia del S. XVIII. Por ejemplo, gracias a su papel como mecenas, propugnó la expansión del Rococó como corriente estilística que promulgaba un espíritu diferente, enfocado en representar el disfrute de la vida y sus placeres a través de una relación cercana con la naturaleza. El Rococó buscaba encarnar la alegría, el misticismo y la simplicidad de la vida a través de una paleta de colores pasteles que remite a la sensualidad, el detalle y la libertad.

Esta corriente artística podría pensarse como un tanto superficial, supeditada al disfrute de la corte y la poderosa burguesía francesa. Pero, el trasfondo del Rococó es mucho más interesante, ya que esconde en sus arabescos y colores pasteles la independencia total del artista de la esfera religiosa.

 

Amante, consejera y referente cultural

Hermosa, inteligente, astuta y sagaz, Madame Pompadour se encargó de quebrar cada una de las convenciones sociales de la época. En Francia, para el momento, aún persistía la posición del jurista francés Jean Bodin quién básicamente proponía la marginación de las mujeres de la vida social, política y económica del país. De hecho, Bodin consideraba que las mujeres estaban confabuladas con Satán, ya que tenían una naturaleza dual que mostraba, por un lado, un rostro angelical capaz de llevar al hombre a la elevación espiritual y, por el otro, un rostro diabólico que incitaba a las bajas pasiones.

Hasta cierto punto, obviando aquello del pacto con Satán y demás, Madame Pompadour logró darle la razón a Bodin, pues demostró que, en los juegos de seducción, la inteligencia es un factor clave para convertir un romance en un asunto de Estado. La futura Madame Pompadour, en cuestión de segundos, logró conseguir una separación oficial pues Antoinnette estaba casada; un título nobiliario (Marquesa de Pompadour) y una madrina para el acto de entrada a la corte de Versalles como Amante oficial, tarea bastante difícil ya que ninguna de las mujeres la aceptaba por su origen social.

Sí, la llegada de Madame Pompadour revolucionó la corte de Versalles. Las intrigas no se hicieron esperar. El lado positivo del asunto es que la Marquesa contaba con el apoyo total del Rey. Además, tenía varios castillos –regalos de Luis XV– donde esconderse de sus enemigos y llorar sus desgracias. De hecho, uno de los más cercanos a Versalles, conocido como Palacio Elíseo es, en la actualidad, la sede de la presidencia de la república francesa.

 

Sexo, Arte y… ¿Política?

La amante oficial del Rey debe cumplir con dos sencillas obligaciones: hacer realidad cada uno de los deseos eróticos del Soberano y mantenerlo entretenido. Pero, debido a los “trastornos ginecológicos” (frigidez) de la Marquesa, la relación carnal duró muy poco.

Sin embargo, la astucia e inteligencia de Madame Pompadour lograron mantener ese sentido de novedad y diversión que tanto buscaba Luis XV, factor que la llevó a conservar su lugar en el corazón del Rey como amiga y leal consejera política. Esto le concedió un gran poder dentro de la corte, al punto de que era considerada una especie de “embajadora” del Rey.

Ortega y Gasset dijo alguna vez que el arte era una parte de la vida del hombre, esta frase tiene una resonancia increíble porque tiene dos dimensiones. Por un lado, cuando miramos en retrospectiva, cada monumento, cada pintura, en fin, cada expresión artística revela una forma de ver el mundo, una forma de relacionarse con su época. Pero, por el otro, también es un testimonio de la vida de personajes claves de la historia, sus amores, sus aciertos y sus fracasos.

En este caso, Madame Pompadour hace referencia a ambas dimensiones del arte: gracias a su apoyo a las artes y como objeto de representación, dada su relación con el Rey de Francia.

De ahí que uno de sus protegidos, François Boucher, a la hora de pintarla, utilizó todos los recursos plásticos a su disposición para representar la belleza de la Marquesa de Pompadour. El enfoque en el detalle es impresionante, demostrando así a través de una pincelada pulida, la maestría del pintor en el planteamiento casi arquitectónico del vestido de la Marquesa. Pero no sólo eso llama la atención, como podemos ver el retrato plantea una escena casi mítica, idealizada en la que se hace referencia al estatus social de la modelo, pero, desde una perspectiva bastante intimista.

Retrato de Madame Pompadour. François Boucher, 1759. 

Por el poder que la Marquesa de Pompadour llegó a ostentar, está bastante claro que Luis XV la amó. Pues, aceptó hasta el final su espíritu trasgresor y rebelde. El retrato hecho por Quentin de La Tour da cuenta de esto ya que, a la figura, la acompañan una serie de libros escritos por los filósofos de las luces que habían sufrido la censura del momento. Pero, es que, gracias a ella, la irrupción del cambio social, político y cultural que manejaba la ilustración, tomó cuerpo en Versalles, manifestándose en el Arte y la Ciencia.

 Retrato de Madame Pompadour. Quentin de La Tour, 1755.

Voltaire (su protegido) pudo publicar La enciclopedia o diccionario universal de los conocimientos humanos, esto no es cualquier cosa pues recordemos que los enciclopedistas, la mayoría a favor de la Monarquía absoluta, defendían una visión más terrenal de la figura del Rey, alejada de la perspectiva divina con la que había estado asociada.

Como podemos ver, más allá de ser “la otra” –si buscamos un término dramático para describir la función de Madame Pompadour en la corte de Versalles– tenemos aquí un claro ejemplo de la importancia de convertir el esquema de la relación, en una fortaleza que va más allá del típico rol de amante –regalos, dinero y disfrute–. Para Madame Pompadour se trató de aprovechar las cualidades individuales para trasgredir las limitantes del momento.