La mamá latina de un milénico se diferencia mucho de otras madres. Sus vicisitudes pueden parecer iguales, pero no.

La intensidad de aquella que vigila que su hijo tenga la estampita de la Virgen en la billetera es de considerar. Esa que le recuerda que la fe lo mantiene a salvo, con una leve dosis de fanatismo religioso. Esa misma que reza porque su hijo de más de 25 sea juicioso y correcto.

Está la que cuestiona el comportamiento del hijo, así viva en Estados Unidos y haya independencia y libertad y frenesí sexual y ¡tú a mí me respetas mi casa, he dicho!

Un hijo millennial cuya mamá sea venezolana, colombiana, peruana o mexicana sabe que nunca tiene las de ganar en una discusión. La madre latina se impone así tenga que mandar al hijo a sentarse y ella subirse a un escalón. Es la que habla en tercera persona con voz de mando: Escuche no más mientras hable la mamá.

Con la madre latina, el milénico resignado debe responder los mensajes de voz, con la voz. Nada de mensajitos escritos. Estás vivo, tengo que oírte, oye.

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Los parámetros de comportamiento entre ambas generaciones pueden agriarse dependiendo del grado de comprensión tecnológica que tenga la progenitora inmigrante digital. El hijo verá desplegarse el escribiendo… en la pantalla del chat de WhatsApp por más de dos minutos y sentirá que ha perdido varias vidas en ese jugo filial. La madre preguntará más de diez veces por los significados de los emoticones mientras sube la mirada entre sus lentes. Ella no entenderá el afán de las poses y las fotos constantes, y él usará el móvil para hacer memes por la presbicia de su madre. En fin, siempre saldrá el genio maternal echando chispas por la brecha analógica-digital con su retoño humano (¿humanoide en ocasiones?).

Por fortuna para el milénico allí siempre estará mamá para hacer alguna transferencia urgida, ocuparse de complacer los gustos culinarios del joven-adulto y brindar seguridad emocional en los momentos de angustia existencial ante la normalidad con tapaboca que sigue desenfrenada.

Aguante mijito, así es la vida.

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Escritora y cronista.

Columnista en The Wynwood Times:
Vicisitudes de una madre millennial

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