Luego de leer el “Manifiesto en contra de la autoayuda en defensa de la autodestrucción” último libro de la periodista y psicóloga holandesa Marian Donner, donde la autora reflexiona sobre la sociedad actual y su sistema, me hace reconsiderar algunos conceptos y destacar algunos otros, uno de ellos es la manufactura de la felicidad.  

Según datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) la depresión afecta a 264 millones de personas en todo el mundo y es una de las principales causas de discapacidad. Esta cifra convierte a la depresión en una de las enfermedades endémicas más importantes de la actualidad, que junto a la ansiedad se transforman en verdaderos kamikazes silenciosos de nuestra estabilidad emocional y desarrollo social. 

Esta cifra hace frotar las manos de la “Industria de la Autoayuda”, quienes nos ofrecen a diestra y siniestra todo tipo de “trucos” para “sentirnos mejor y más felices con nosotros mismos” manufacturando con empaque y embalaje el concepto de “felicidad”. Y es que la tentadora oferta se hace irresistible pues ¿quién no quiere conseguir la felicidad siguiendo unos “sencillos pasos”?

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La industria de la autoayuda nos echa en cara que la felicidad es nuestra responsabilidad; en pocas palabras “si no eres feliz es culpa tuya”. Es culpa de las decisiones que has tomado, del poco o nulo esfuerzo de tu parte o bien de tu irresponsabilidad económica por no ahorrar “eso” que recibiste y gastarlo en “aquello” que no necesitas. A esto se les suma los feligreses de las mencionadas prácticas del coaching y la superación personal que se multiplican en cada esquina predicando la palabra del “Sí, sí se puede”. 

En una era de empoderamiento, sentirse excluido es parte del plan. Un plan que se ha hecho parte activa de la sociedad para que todos salgamos de nuestra “zona de confort” y nos convirtamos en alienados del “marketing emocional”. Porque, recuerda, si eres infeliz donde estás es culpa tuya. 

¿Soy feliz o conformista?

 

Ahora bien ¿Qué es la felicidad?  

La RAE define la felicidad como un “Estado de grata satisfacción espiritual y física.” Es decir, si estamos satisfechos, entonces, estamos felices.  

Para los beatos del coaching, la autoayuda te ofrece esa satisfacción al alcance de tu mano. Esa satisfacción que, según ellos, no encuentras en tu trabajo, con tu familia, con tu pareja ni con tu realidad porque siempre hay algo más, una realidad mejor que conseguir. Una vida mejor a la mierda que estás viviendo justo ahora, así que ¡no seas conformista y ponte a trabajar!

Todo esto al ritmo batiente de los tambores de la publicidad, la voracidad del consumo y las petulantes redes sociales impulsándote a buscar aquello que es mejor que lo que tienes ahora. A la combinación de estos factores se suma la gota china de “sal de tu zona de confort” y esto nos hace enfrentarnos a la pregunta de ¿soy feliz con lo que tengo o simplemente un conformista? 

Hoy día, dudar es parte de nuestra cotidianidad. Como diría Descartes, filósofo y matemático francés: “Dudo de todo menos de que estoy dudando”. Y en el negocio de las dudas los coaching son expertos vendedores, pues crean situaciones hipotéticas que hacen aumentar la brecha de insatisfacción personal, así que te hacen dudar. Para ellos la felicidad, como en la película, es entonces una búsqueda y no un descubrimiento.  

Descubrir que eres feliz no es lo mismo que buscar la felicidad, o al menos el primer concepto no deja ganancias. 

 

Un mundo feliz

 

En el libro distópico del escritor británico Aldous Huxley “Un Mundo Feliz”, Bernard Marx, uno de los protagonistas, deseaba tener la libertad de ser “infeliz” en un mundo donde la felicidad era una obligación. En el universo de esta distopía se suministraba una droga (soma) para el manejo de las emociones y los humanos, nacidos bajo avanzada tecnología reproductiva, eran dosificados cambiando así radicalmente la sociedad. 

A diferencia de la mencionada distopía literaria, la droga de la “felicidad preconcebida” por los pregoneros de la autoayuda no viene en blíster.  El opioide de la felicidad viene como proyectiles en todas las direcciones: prensa, redes sociales, influencers y, como no, en formato podcast. Bombarderos del estigma de que “nada nunca es suficiente” y de que todos debemos querer todo al mismo tiempo. 

Insatisfacción garantizada

 

Buscar ayuda a tiempo con profesionales de la psicología es el paso oportuno para todos aquellos que en algún momento sientan que necesitan orientación emocional. Es un hecho que la ayuda temprana salva vidas. 

Y es la ayuda de verdaderos profesionales lo que nos permite avanzar en tiempos difíciles donde todos nos dicen que, y como debemos vestir, comer, lucir, comprar, comprar y comprar. 

«Vivimos en un mundo cínico, cínico y nauseabundo, y trabajamos en un mundo de competidores desalmados.” decía Jerry Maguire en la película homónima.  Pero el mundo sigue girando mientras los “competidores y vendedores desalmados” están afuera esperando a aquel incauto que compre su oferta de falsa prosperidad con sello de insatisfacción garantizada. 

 

La felicidad no se compra ni se vende

 

Nada ni nadie puede decirte cómo ser feliz. La satisfacción es individual y las condiciones que se deben tener en cuenta para ser feliz no siguen un patrón. Ser rico o ser pobre –económicamente hablando– no nos hace más o menos felices. Hay ricos y famosos que terminan su vida abruptamente luego de caer en una alarmante depresión clínica y personas muy humildes que ríen y bailan hasta la longevidad. 

No es un pensamiento progresista ni mucho menos. Pero es bien sabido que los expertos en crear necesidades dependen de nuestras ansiedades y se nutren, cual Dementores, de nuestras inseguridades para finalmente fortalecer nada más y nada menos que sus finanzas. Porque “según lo veo su dinero está mejor en mis bolsillos” decía El Lobo de Wall Street, Jordan Belfort. No por nada era coach financiero.

La venta indiscriminada del concepto de la felicidad debe encontrar consumidores atentos y preparados a esbozar un NO como respuesta, ante la oferta engañosa del “amor propio” la “motivación” y la “conexión emocional y espiritual” con productos o servicios que no tienen ni emociones y mucho menos alma. 

Muchas veces pensamos que la felicidad se encuentra muy lejos al tiempo que nos preguntamos ¿Por qué ellos se ven tan felices y yo no?, cuando la realidad puede ser muy diferente, como reza el dicho “Nadie conoce las goteras de casa ajena sino quien allí vive”.

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