Entrevista realizada por Rafael Baralt y Richard Rey.

Cuando niño comió mango verde con sal y jugó a volar “zamuras”. Los primeros libros que leyó fueron sobre misterios y asesinos en serie, cuando apenas tenía once años. Sumado a las historias sobre aparecidos y espantos que le contaba su abuela fue surgiendo su particular gusto por el terror y el misterio. Su natal Barinas se le hizo pequeña y se vino a Caracas para estudiar cine; su sueño era dirigir una película pero el destino le indicó que su camino iba por la escritura; aunque años después pudo sacarse el clavo con las “Almas en Pena”.

Con “Angélica Pecado” tuvo su primer éxito y luego “La Mujer de Judas” terminó de consagrarlo internacionalmente.

Es Martin Hahn, quien gentilmente nos abrió las puertas de su casa y del rinconcito donde transforma sus ideas en textos exitosos para el teatro, el cine o la televisión. Y con el privilegio de una vista maravillosa del valle caraqueño, mientras atardecía con cafecito y muy buen ambiente, pudimos conocer un poco mejor al hombre tras los asesinos de mayor rating de nuestra televisión.

“Mi abuela nos contaba muchos cuentos de muertos. Ponía una vela y todos los muchachos se sentaban alrededor y ella comenzaba sus relatos”

RR Háblanos un poco sobre tu infancia y cómo influyó esta en tu gusto por las historias de terror, misterio y suspenso.

MH – Nací en Barinas, Estado Barinas, Venezuela. Les puedo decir que fue una infancia muy llena de experiencias interesantes para un niño que no tenía una computadora ni todos esos juegos tecnológicos que por supuesto salieron mucho tiempo después, pero que se tenía que distraer con las cosas más pedestres que había. Teníamos juguetes, sí, pero mi papá no nos los dejaba usar porque los íbamos a echar a perder. Entonces jugábamos volando papagayos (cometas, papalotes, barriletes) que en mi época y en mi ciudad le decían “zamuras”, los cuales construíamos de manera artesanal. Comíamos mango verde con sal, correteábamos a los perros, jugábamos béisbol –yo era malísimo en eso, nadie me quería escoger–. En fin, ese era más o menos el estilo de vida que teníamos y poco a poco fuimos creciendo en un ambiente bastante sano de muchachos de barrio.

RR ¿Cuántos hermanos eran?

MH –  Éramos cuatro varones y una hembra. Y con respecto a  influencias en esa época, como me preguntabas, recuerdo que se iba mucho la luz en esa ciudad y mi abuela nos contaba muchos cuentos de muertos. Ponía una vela y todos los muchachos se sentaban alrededor de la llama y ella comenzaba sus relatos. Lo interesante es que echaba los cuentos como si le hubiesen pasado a ella y eso le imprimía un tono de verismo que hacía que nosotros nos creyéramos todos los cuentos.

Luego vino el divorcio de mis padres y yo para evadir un poco toda esa situación me fui refugiando en la música pues mi papá tenía una amplia colección de óperas y música clásica. Y por parte de mi madre, quien pertenecía a lo que se llamaba “el círculo de lectores” –una suerte de “netflix literario” de la época– me fui acercando a la literatura.

RB – ¿Qué edad tenías en ese momento? 

MH – Como trece años.

RR – ¿Recuerdas el primer libro que leíste?

MH – El primer libro que leí fue “El Misterio del Cuadro Robado” (Elise Broach), estaba más niño, como de once años, pero fíjate tú “El Misterio”.

Luego le pedí a mi mamá si me podía comprar uno que había visto en el catálogo del Círculo de Lectores cuyo título era “Dejad que los niños” (John Saul); era un thriller de suspenso con un asesino y niñas que desaparecían y todo. Entonces ya por ahí se fue moldeando mi gusto por ese tipo de historias.

RB – ¿Y cómo traspasaste ese gusto a la escritura?

MH – Producto de ese mismo escape del divorcio de mis padres descubrí el teatro. En el colegio montábamos las obras que por supuesto se ven en bachillerato. También descubrí el cine y empecé a sentir que Barinas se me quedaba pequeña así que me vine a estudiar a Caracas y en la UCV (Universidad Central de Venezuela) estudié toda la carrera de artes mención cine, porque yo quería ser director de cine. Y casi finalizando la carrera teníamos que hacer un ejercicio y no había quien escribiera el guion. Nadie quería escribir, todos querían ser director. Y César Bolívar me dijo: “Pero escribe algo. Si no traes un guioncito yo no les voy a prestar ninguna cámara y no van a hacer nada”. Entonces yo me dije que sí lo iba a escribir y lo hice. Cuando César Bolívar lo vio me dijo: “Tú sirves para esto”, pero yo solo le decía: “Yo quiero ser director, yo quiero ser director”. 

Pero él me hizo escribir otra cosa y luego otra más y descubrí que tenía gusto también por la escritura, me sentí bien, lo disfruté y así de repente un día me doy cuenta de que soy escritor y no director de cine.

RB – ¿Y así fue tu incursión como escritor de telenovelas?

MH – Sí, básicamente así fue, pues luego hubo la oportunidad de trabajar con Salvador Garmendia, que fue otro de mis grandes maestros y fue quien me introdujo en la televisión, escribiendo algunos diálogos y poco a poco seguí escribiendo escenas para a él hasta que terminamos escribiendo una telenovela a cuatro manos.

RR – Por ahí corre un rumor de que tuviste una experiencia como actor en una película húngara. ¿Eso es cierto?

MH – (Risas) Eso es mentira. Es completamente falso. Yo no sé quién me hizo esa “biografía” en Wikipedia, incluso he tratado de entrar para cambiarlo, porque la gente me lo pregunta. Pero bueno. Ya la última vez opté por decir que no se me daba bien el idioma y me regresé; pero no, nunca he ido a Hungría aunque me encantaría, especialmente por el dramaturgo y novelista Sándor Marai que me encanta pero nunca he hecho nada allá, ni nunca he actuado.

RB – Un escritor tiende siempre a ser también un gran lector. ¿Qué autores te han influenciado?

MH – Soy más lector de teatro que de literatura.

El primer autor que yo te diría por el que siento una gran fascinación, y no solo yo, la mitad del mundo, es William Shakespeare. Y es que yo tuve un maestro maravilloso que me introdujo en las letras de Shakespeare que se llamó Isaac Chocrón. Él me llevó de la mano a descubrir un Shakespeare que yo antes ya había leído pero como una cosa más impuesta que por decisión propia. Pero a través de esa especie de tutoría con Chocrón, aprendí mucho de estructura, de cómo se crean los personajes, de cuál es la función dramática de cada uno de esos personajes, realmente aprendí muchísimo.

Luego leí otros autores, pero así que hayan incidido en mi manera de escribir, muy pocos. En tal caso tendría que decir que el mismo Isaac también me marcó porque tuvimos una relación muy cercana. Él fue mi maestro, mi mentor y mi padre. Y esto lo digo porque él dejó un testamento; realmente un testamento como una telenovela, que se leyó y donde dejaba una herencia para mí como uno de sus hijos. Ahí estaban también Boris Izaguirre, Javier Vidal, Michel Hausmann y otras personalidades de este mundo. Lo dejó así para que hiciéramos una labor por su legado dramatúrgico. De hecho él me hacía leer sus obras apenas las escribía y me decía: “lee a ver qué te parece esto” y yo tuve el privilegio de ser una de las primeras personas que las leía.

RR – A la hora de escribir, ¿qué se te hace más complejo entre el teatro y la televisión?

MH – Son dos discursos diferentes. Los disfruto por igual. Y como tengo clara esa diferencia, no se me hace difícil ninguna de las dos. Porque hay una pasión cuando las hago, hay un deseo de escribir más; si tú me pides una obra de teatro yo te escribo tres porque me encanta. Ojo, yo siempre he dicho “no” a escribir por encargo, pero si tú me haces un comentario, por ejemplo,¿conoces a equis famosa mujer de la historia?, bueno ¿sabías que en su juventud fue prostituta?; si yo desconocía ese cuento me pongo a investigar y aunque tú no me encargaste la obra, yo hago la investigación, veo si ese pequeño incidente tiene el potencial para escribir una obra completa y la hago. 

Incluso hay actrices que me dicen: “Si la escribes me la das a mí”, yo sé que ellas me manipulan de esa forma, a veces me sueltan: “Ay, a mí me encantaría hacer…” (Risas), y te sueltan alguna historia, a veces me llama la atención y a veces no; pero como te digo, me gusta escribir las dos cosas. Y me gusta experimentar, tanto en teatro como en televisión. Eso es muy importante, porque si yo no tengo la libertad para experimentar me aburro, y si me aburro hago todo mecánico, pierdo el disfrute y queda todo mal.

“Tenía que escribir una novela nueva, con la presión del tiempo y la producción ya estando en el aire”

RR – Ya que tocas ese aspecto. ¿Ha existido alguna telenovela con la que no te hayas sentido satisfecho con el producto final?

MH – Sí, me ha pasado. No sé si decir el nombre (risas). Lo que ocurre es que en una oportunidad me hicieron esta pregunta y yo dije la telenovela que era y una de las alumnas dijo “No, no, esa era mi telenovela favorita” y ahí me di cuenta que aunque a mí no me gustara, había mucha gente a la que sí y realmente el producto estaba hecho con calidad, no fue una mala producción.

Lo que ocurrió es que decidí escribir una novela con un planteamiento distinto a las que tradicionalmente hago, porque uno también se cansa de escribir que si el asesino y el misterio y quería demostrarme a mí mismo que podía hacerlo. Todo el mundo en el canal estaba de acuerdo con el cambio, que iba a ser una sorpresa para la gente y mentira; fue todo un fracaso. La gente empezó a decir que “eso no parecía Martin Hahn, no voy a ver eso, me engañaron”, en fin. Fue entonces cuando el canal, me sentó y me dijo: “Cámbiala y conviértela en una de tus típicas novelas”. Y claro, yo que trabajo con mucha anticipación, tengo mis historias completas antes de sentarme a escribir, eso para mí fue un shock. Porque yo tenía que escribir una novela nueva, con la presión del tiempo y la producción ya estando en el aire. En ese momento lo que quería era terminarla rápido y resulta que luego la alargaron porque le fue bien de rating. No fue tan sobresaliente como “La Mujer de Judas” o “La Viuda Joven”, pero sí le fue bien. Lo que pasa es que mi experiencia como escritor fue tan terrible que yo lo veía todo mal.

RR – En las novelas de Martin Hahn ninguno de los actores sabe quién es el asesino hasta el final. Cuéntanos algunas anécdotas de esas complicadas grabaciones de tus finales.

MH –Con los finales hemos hecho diferentes cosas. Por ejemplo, en “Angélica Pecado” se entregaron los libretos sin esas últimas escenas. Los actores se molestaron, que porqué eso, si era ya el último capítulo; y esas escenas se grabaron en la mañana del día en que se emitía ese último capítulo. Y en “La Viuda Joven” se hizo lo mismo, se grabó el mismo día pero ahí sí fue más problemático porque del lugar donde se hacía la postproducción hasta el canal donde se transmitía había una cierta distancia, y la productora tuvo que venirse en moto para poder traer el “reel” del último bloque, pero hubo mucho retraso. La novela estaba ya al aire y la última parte aún no estaba lista; entonces el canal mandó a comerciales y pasaron más de quince minutos y nada que la novela continuaba. La gente en sus casas comenzó a protestar, pensaban que el canal lo había hecho a propósito para mantener a la gente atrapada, pero la realidad fue casi otra novela.

Ahora, recientemente, en una entrevista que me hicieron de radio me dijeron que si yo pretendía hacer algo similar a una serie extranjera, –no recuerdo ahora el nombre– donde existían varios finales y el público decidía cual escoger. Y yo les contesté que en “Mi ex me tiene ganas” ya nosotros habíamos hecho eso. En esa novela se grabaron distintos finales con cuatro o cinco posibles asesinos y la gente podía entrar a la página del canal y votar por el final que preferían. Así que ya nosotros habíamos innovado en ese aspecto antes que la serie de la que me preguntaron.

RB – Martin, háblanos ahora de tu nueva serie, ese gran proyecto llamado “Almas en Pena”.

MH – Mira, me he disfrutado mucho ese proyecto. “Almas en Pena” nace porque José Simón Escalona presentó un proyecto a una compañía productora internacional y le dijeron que sí estaban interesados en eso. Entonces él me llamó para que escribiera la historia. Él me pasa el proyecto, yo lo leo y digo: No, yo no voy a escribir esto, no me gusta; pero me dio pena decirle a José Simón que no iba a escribir eso. Porque aunque hay mucha confianza, son como veinte años trabajando juntos, me parecía descortés. Entonces me puse a pensar cómo lo escribiría yo. Y le mando un correo diciéndole que le iba a pasar una propuesta y me atreví a decirle: “Si no es así, yo no lo escribo”. Era la manera de decirle que no lo quería escribir. Él la leyó y me dijo: “Vente, vamos a hacerlo”.

Pero “Almas en Pena” representó para mí un reto porque había que hacer trece episodios diferentes. Y cada episodio, como lo planteé en el proyecto, quería que fuese un mediometraje con una estructura dramática distinta a la anterior y como se hacen las series que consumen hoy en día los jóvenes en plataformas como Netflix. Y escribirlos no fue fácil. Reescribí muchos capítulos. Me saturé. Me intoxiqué viendo series y películas de terror y juveniles y poco a poco fueron surgiendo nuevas ideas. Hoy por hoy puedo decir que me siento satisfecho con lo que hemos logrado junto a José Simón y el equipo de RCTV.

RR Y además en esta serie tuviste tu primera experiencia como director.

MH – Eso surgió como una broma. Antonio Crimaldi (productor de RCTV), una vez me comentó que por qué yo no dirigía un capítulo, si yo estaba graduado y sabía de eso, pero todo fue como en broma, pero me fui para la casa pensando en el asunto. Yo había escrito el capítulo, estaba preparado; y le planteo a José Simón Escalona la posibilidad de dirigir el capítulo trece que era el más complejo y además el final de temporada; pero yo sentí que podía dirigirlo. Yo me paraba a las cuatro de la mañana, porque no podía dormir. Estudiaba a esa hora las escenas de la pauta. Llevaba casi que plano por plano, hacía una planta del estudio y sabía dónde iba a colocar las cámaras, cómo iba estar la iluminación, cómo iban a entrar los actores. Afortunadamente también conté con un asistente de dirección, que ya es un director comprobado, como Dayán Coronado y eso junto con toda mi tarea diaria que hacía me dio seguridad. Porque sentía que no tenía derecho a equivocarme en ese proceso, yo ni discutí si me iban a pagar porque sentía que era yo quien le tenía que pagar a RCTV por haberme dado esa oportunidad pues, como le dije a José Simón, yo nunca me imaginé caminar por los pasillos de RCTV como director. Fue un sueño hecho realidad.

“Esto obliga, no solo a los escritores sino a toda la empresa productora a replantearse el modo de crear contenidos, pues no se trata solo del tipo de público”

RR – Con todo este cambio que implican las plataformas de entretenimiento y la demanda de consumo que están teniendo las series, ¿Crees que esto implica la muerte de la telenovela?

MH – La telenovela siempre ha pasado por grandes crisis. Para poner un ejemplo muy particular, aquí en Venezuela se dio en los años setenta lo que se llamó la Telenovela Cultural, que la hacían José Ignacio Cabrujas, Salvador Garmendia y Julio César Mármol. Ellos hicieron telenovelas como “Natalia de 8 a 9”, “La Señora de Cárdenas”, “La hija de Juana Crespo”; que eran historias más realistas, con problemas más comunes al espectador como el amantazgo, el aborto o el divorcio. Y como el éxito fue muy grande, se habló de la muerte de la novela tradicional, de la novela rosa. 

Entonces llegó la señora Delia Fiallo, hizo “Cristal” y repuntó en el mundo entero y otra vez resurgió la novela rosa. Porque el melodrama es más fuerte que el odio. Ahora bien, hoy en día va a venir una telenovela que va a exigir mejores estándares de producción y va a exigir mejores historias, pero va a seguir siendo telenovela, va a seguir siendo melodrama, solo que contado de otra forma.

Pero la telenovela como la conocemos tipo “La Dama de Rosa”, esa telenovela sí va a morir. Porque además el público que gusta de ese tipo de novela es mayor de cincuenta años y ese grupo es mucho más reducido que el de treinta hacia abajo y que representa a la mayor cantidad de consumidores del mercado y son los que mandan. Y esto obliga, no solo a los escritores sino a toda la empresa productora a replantearse el modo de crear contenidos, pues no se trata solo del tipo de público sino de la manera en que ese público consume tu producto. Tú puedes ver la temporada completa de “Almas en Pena” en un fin de semana. Y si te gustó y quieres repetir algún capítulo lo haces y ya. El consumo es inmediato y lo positivo de ello es que el trabajo aumenta para todos los que pertenecemos a esta industria pues cada vez hay que crear más contenidos.

RB – Para cerrar la entrevista nos gustaría saber, ¿con qué nuevos proyectos nos va a sorprender Martin Hahn?

MH – Bueno, uno no puede hablar abiertamente de los proyectos que vienen porque cuando se está en esas negociaciones se firma como un acuerdo de confidencialidad y es lógico, no tanto porque un periodista te lo pregunte sino porque otra empresa se te adelante, que pasa con cierta frecuencia. Pero puedo comentarles que estoy en otro proyecto de terror para el exterior, sigo en esa línea mientras siga estando de moda el género, así que tengo que aprovecharlo porque es mi momento. Este proyecto implica una película y luego servirá de base para lanzar una serie. Y en Venezuela venimos con la segunda temporada de “Almas en Pena” y a nivel teatral estoy dirigiendo la obra “OK” de Isaac Chocrón, que está cumpliendo cincuenta años de su estreno. Es una producción ambiciosa donde va a haber canto, baile, cambios totales de escenografía y todo ello apoyado en dos grandes actrices de nuestro país como Caridad Canelón y Dora Mazzonne junto al joven talento de Damián Genovese; y el estreno está pautado para este cuatro de octubre en el Teatro Trasnocho.

(Todas las fotografías, cortesía de Textos_y_guiones)