Nos encontramos próximos a cumplir 48 años desde que la NASA envió al espacio profundo 1679 bits de información codificada a través de un gigantesco radiotelescopio desde Arecibo, Puerto Rico. Ese 16 de noviembre de 1974 se convirtió en el primer intento oficial de comunicación con vida inteligente extraterrestre.

Aquel mensaje es conocido como “El Mensaje de Arecibo”. Fue enviado con dirección a un cúmulo de estrellas denominado M13 conformado por 400.000 astros solares a unos 25.000 años luz de distancia de nuestro planeta Tierra.  El mensaje codificado fue redactado por Frank Drake, astrónomo estadounidense e investigador de vida inteligente extraterrestre, y el conocido astrónomo y divulgador científico Carl Sagan, conocido teórico extraterrestre y defensor de la idea de que “no estamos solos en el cosmos”, quien lamentablemente falleció en 1996 a los 62 años.

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El Faro de la Galaxia

Recientemente la NASA informó al mundo una nueva redacción de la epístola galáctica. Un nuevo mensaje que lleva por nombre “El Faro de la Galaxia” compuesto por 25.500 Bytes de información equivalente a 204 mil dígitos en código binario. 

En esta oportunidad, el mensaje ha sido redactado por Jonathan Jiang, investigador del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA. 

La información que incluye este mensaje es considerada por muchos como “crucial y delicada” ya que cuenta con detalles muy específicos de la composición anatómica y química del ser humano, un mapa detallado de la Tierra y de su ubicación en la Vía Láctea, conceptos físicos y matemáticos básicos, demografía de la población y composición bioquímica, características de cómo y por qué la vida es posible en el “planeta azul”, a demás de un “caluroso” saludo e invitación a nuestra casa. 

La codificación del mensaje se realiza en binario ya que se considera como un lenguaje básico. Lenguaje que una posible civilización extraterrestre inteligente pudiera entender y responder. 

De modo que, los científicos de la NASA buscan un nuevo hito en la investigación espacial y búsqueda de vida inteligente extraterrestre en el espacio. Esta vez la diana a la que apuntan se ubica en el centro de la Vía Láctea. 

¿Cómo será enviado el mensaje al espacio?

La misiva podrá ser enviada a través de los dos únicos centros de radiotelescopios que existen en la actualidad con la capacidad tecnológica de enviar dicho mensaje, después del desmantelamiento de Arecibo. El primero a considerar es el conjunto de radiotelescopios de ALLEN, ubicado en las instalaciones de SETI, acrónimo del inglés Search for Extra Terrestrial Intelligence (búsqueda de inteligencia extraterrestre).

El segundo en la lista es FAST, telescopio esférico de quinientos metros de apertura ubicado en China. 

El “Beacon in the Galaxy” será enviado antes del mes de octubre ya que, en la actualidad, la Tierra se encuentra a 90° con respecto a nuestro sol y al centro de la Vía Láctea, lo que facilita el proceso de transmisión de la señal codificada en 13 páginas y que serán enviadas paulatinamente desde cualquiera de estos gigantescos radiotelescopios con dirección a un anillo concéntrico ubicado a 13.000 años luz del centro galáctico, un lugar que recientemente atrajo la atención de los científicos de SETI.

¿Y si responden?

El 15 de agosto de 1977 el radiotelescopio “Big Ear” ubicado en Ohio, Estados Unidos, y perteneciente a los radiotelescopios administrados por SETI, recibió una señal proveniente de la constelación de sagitario. Aquella señal no fue grabada sino impresa en un papel luego de ser registrada por una computadora especialmente diseñada para supervisar la actividad de la mega estructura. 

Aquella señal fue denominada cómo: “WOW!” dada a la reacción de Jerry R. Ehman, científico que trabajaba como voluntario en SETI quien, al revisar la lectura, no pudo más que sorprenderse por lo que estaban recibiendo en aquel laboratorio. La señal no solo provenía de un lugar muy lejano a la Tierra sino que, por primera vez, nos topábamos con una señal producida por un potente transmisor perteneciente, desde luego, a una civilización extraterrestre, por un lado inteligente y, por el otro, muy bien equipada en términos de tecnología. 

Para entender el impacto de esta señal hay varios factores a considerar. Uno de ellos es que el radiotelescopio escaneaba un espacio aleatorio del cielo solo por 72 segundos. Para poder registrar cualquier sonido o señal proveniente del cosmos, esta debía ser lo suficientemente potente ya que el rango de tiempo que duraba el escaneo de la antena era muy corto. Aquella señal “Wow!” completó los 72 segundos exactos –se considera que si el rango de duración del escaneo hubiera sido mayor, mayor sería el tiempo de transmisión de la señal– y su potencia era no solo estable sino de gran calidad. 

Existen muchas referencia de esta señal en la cultura pop. Tal es el caso de la película El Día de la Independencia (Ronald Emerich – 1996) y Contacto (Robert Zemeckis – 1997), por citar algunos ejemplos. En ambos filmes se da a conocer un contacto extraterrestre a través de una señal o mensaje codificado recibido desde el espacio profundo y su impacto en la Tierra.  

Si en algo podemos estar de acuerdo es que la pregunta de “si estamos solos en el universo” no es una cuestión de posibilidades sino de probabilidades; tomando en consideración el número de soles y nuevos planetas similares al nuestro que año tras año se descubren, entonces podemos tener una idea de que la existencia de vida más allá de nuestro sistema solar es mucho más certera de lo que parece y que, en realidad, solo hay una variable de importancia que impera sobre el descubrimiento de inteligencia extraterrestre, y esa es el tiempo. 

En tal sentido, para la comunidad científica la investigación y descubrimiento de una civilización extraterrestre, el “qué” importa más que “cuándo”. No se trata de qué tipo de civilización inteligente nos encontremos sino cuándo haremos contacto con ellos. 

En lo personal, no solo creo que desde ya hace unas cuantas décadas atrás ese contacto se llevó a cabo, sino también considero que estos nuevos intentos persiguen retomar el hilo comunicacional que quizás hemos perdido con aquellos seres interestelares.  Y esta operación, que implica miles de millones de dólares y en medio de una inestabilidad económica mundial post pandemia, es un indicio que no solo les urge hacer contacto, sino que saben en que dirección hacerlo y que puerta están tocando.

Como es arriba es abajo

Ahora bien, también es importante considerar que adelantarnos a psiquis intergalácticas desconocidas bajo la aventurada afirmación de que “todos allá arriba son buenos” y despacharnos un mensaje con información sensible de nuestro planeta y sus habitantes es un tiro que puede salirnos por la culata.

Y no se trata de una idea descabellada salida de una obra de ciencia ficción, ni mucho menos. Se trata de sentido común. De poner a consideración todas las aristas y consecuencias que conllevaría un contacto interestelar con civilizaciones desconocidas no deseadas.

El Kybalión, documento escrito en 1908 que resume las enseñanzas del hermetismo como concepción y conceptualización de un pensamiento alquimista y místico, han descrito un pensamiento cósmico que gobierna a los seres que hacen vida en este y en todos los universos posibles. 

Según la “Ley de correspondencia”, bajo el pensamiento de Los tres Iniciados descritos en el texto mencionado, describe el hecho de que “como es arriba es abajo; como es adentro es afuera; y esto gobierna los tres grandes planos: el Físico, el Mental y el Espiritual. 

Si partimos de este concepto, pudiéramos –y quizás peco de simplista– analizar la conducta de todos los seres vivos que pululan en el cosmos, dando cabida a la maldad tanto como a la bondad. En resumidas cuentas, hay una probabilidad 50-50 de que nos topemos con una civilización con una u otra característica dominante –bondad o maldad– y esto es tan preocupante como alarmante. 

Los científicos involucrados en la hazaña, liderados por Jonathan Jiang, ya han salido al paso afirmando que “…la posibilidad de encontrarnos con una situación que ponga en riesgo nuestra seguridad planetaria es mínima” y agrega que de encontrar una civilización extraterrestre esta “…habría alcanzado altos niveles de cooperación entre ellos y, por lo tanto, conocería la importancia de la paz y la colaboración.”

Sin intentar desacreditar al científico, lo seres humanos –o quienes lideran esta clase de investigaciones– estaríamos jugando a la ruleta rusa con una venda en los ojos si concebimos a priori la idea de “la bondad interestelar absoluta” y asumimos que la maldad solo es patente intransferible de la raza humana. 

Estaríamos cometiendo los mismos errores que una vez cometieron los indígenas con la llegada de los colonos; desechando entonces la idea de la conquista, anulándola de la ecuación al tiempo que colocamos todos los huevos en la canasta de la escandalosa ingenuidad y la imprevisibilidad de la existencia de una raza alienígena perversa, allá en el cosmos.

«Fotos tomadas en Google»

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Escritor, lector y aficionado al cine y la fotografía.

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