Vengo de una familia donde se nos inculcaron valores. Tuve unos padres extraordinarios y aprendí de ellos el valor por el trabajo, de ganarse las cosas con esfuerzo”

Entrevista realizada por Richard Rey

Todo lo relacionado al arte siempre le atrajo desde niño y eso también le generó situaciones de acoso y bullying durante su infancia y parte de la adolescencia. Sus padres llegaron de Europa y se quedaron en Venezuela, sin embargo la vida lo llevó a él de vuelta a Europa. Como actor ha hecho teatro, televisión y cine, en ese mismo orden, aunque fue el cine quien lo sedujo como director y esa relación produjo el primer Goya para Venezuela.

Su vida ha estado matizada de “azul y no tan rosa” y por las noches el fulgor de “dos lunas” le inspira para arriesgarse en nuevos derroteros. Es Miguel Ferrari y aprovechando su visita en Caracas para presentar su nueva película, pudimos sentarnos un rato a conversar, con dos cafés en la mesa y un torrencial concierto de lluvia que creó el ambiente perfecto para conocer un poco más sobre él, su vida y su obra.

– Comencemos por conocer un poco sobre la historia de tu familia. Eres de padres italianos, ¿cierto?

– Sí. Mis padres son italianos. Mi padre llegó a Venezuela en la época de Pérez Jiménez, tenía apenas dieciocho años y fue recibido por su hermano mayor, que había emigrado antes. Tú sabes que con todo el asunto de la post-guerra las cosas en Europa no estaban nada bien y desde entonces amó a Venezuela a quién siempre consideró su país. Él era barbero y mantuvo su barbería en el bloque 4 de El Silencio durante cincuenta años.

– ¿Y cuándo conoció a tu mamá?

– Bueno lo de ellos dos es una historia bellísima. A los diez años de estar en Venezuela, mi padre regresa a Italia solo para el matrimonio de su hermana y en la boda conoció a mi madre que era la hermana del novio y eso fue amor a primera vista. Y esa misma noche en la fiesta de la boda, mi padre le dijo: “¿Te quieres casar conmigo?” y mi mamá le dijo que sí, y se la trajo a Venezuela.

– Háblanos ahora un poco de ti, de tu infancia caraqueña.

– Nací en Caracas y a los cuatro años me siguió mi hermana. Efectivamente mi niñez fue en el centro de la ciudad, allí en la avenida Baralt, donde teníamos un apartamento. Y bueno fue una infancia… no sé, todo el mundo dice que mi infancia fue muy bonita y todo eso, pero te confieso que guardo ciertos recuerdos de mi infancia no muy agradables. Pero en el colegio, porque a nivel familiar sí fue algo muy lindo. Vengo de una familia donde se nos inculcaron valores. Tuve unos padres extraordinarios y aprendí de ellos el valor por el trabajo, de ganarse las cosas con esfuerzo; sobre todo por ser hijo de inmigrantes sabía lo que era hacer sacrificios.

Pero en el ámbito escolar fue un poco complejo porque siempre fui como un chico diferente al resto, siempre mi tema con el arte es como de nacimiento y quería formar parte de las actividades artísticas y nunca me destacaba en lo deportivo. En lo artístico siempre éramos dos o tres y el resto del salón era los deportes. Y entonces claro éramos como los “raritos” y eso me generó muchos conflictos rudos por parte de los compañeros. Y bueno, tuve que luchar con eso no solo en mi niñez sino también durante la adolescencia. Hoy en día a eso le han puesto nombres como acoso escolar o bullying, pero en aquel momento solo se decía que eran cosas de muchachos y no se le daba mayor importancia, lamentablemente.

– Nos comentas que desde muy pequeño siempre te llamó la atención el arte, pero ¿cuándo surgió en ti la convicción de querer dedicarte a la actuación?

– Desde siempre. En casa cada vez que me preguntaban ¿qué quieres ser cuando seas grande? Yo siempre decía ¡Quiero ser actor! Y bueno, ellos no recibían aquella respuesta con agrado pero pensaban que eso se me iba a pasar (risas). Claro, para una familia de inmigrantes, que además habían pasado tanto trabajo, que un hijo les diga que quiere ser actor, tú te imaginarás.

– Pensaban que te ibas a morir de hambre.

– Exactamente. Mi madre me decía una frase muy famosa italiana que es “Artista que per la fame ha perso la vista” que tiene como un doble significado “Artista y por la fama perdió la vista” pero “fame” significa “hambre” entonces había ahí una doble connotación.

Pero bueno, era mi vocación y eso era inevitable. Además siempre me vinculé a las artes. Estudié música en el conservatorio José Ángel Lamas un par de años. Pintaba al óleo y eso me vino por la familia materna, mi abuelo había estudiado bellas artes en Italia. También fui miembro de la coral de la universidad, porque yo estudié Ingeniería en la Universidad Santa María del Paraíso, intentando de alguna manera complacer a mis padres y llegué al séptimo semestre, no me faltó mucho para graduarme, pero a escondidas de mis padres ingresé a estudiar en la Escuela Nacional de Teatro que quedaba en la avenida Andrés Bello e iba en las mañanas a la universidad y en las noches de siete a once la escuela de teatro de lunes a viernes.

Y un día me presenté a un casting en el Ateneo de Caracas para una obra de teatro. Iban a montar “Mariana Pineda” de Federico García Lorca, éramos cien aspirantes y me escogieron y ahí se me presentó mi primera gran encrucijada. Mi vida ha estado llena de encrucijadas y de tomar decisiones complicadas. Resulta que los ensayos de la obra eran en las mañanas y me coincidían con las clases en la universidad, así que me di cuenta de que ese era el momento de tomar la gran decisión de seguir en la universidad o aprovechar la oportunidad que me estaba dando la vida de actuar al lado de una maravillosa actriz como Flor Núñez, que era mi ídolo y además montarme en la sala Anna Julia Rojas, que te daba mucho prestigio como actor de teatro. Entonces decidí abandonar la universidad y a partir de allí comencé una carrera en el teatro ascendente y bellísima. No paré. Fue una obra tras otra, tuve la oportunidad de trabajar con las grandes compañías en la época dorada del teatro venezolano, donde se hacían las grandes superproducciones y fue para mí todo un aprendizaje maravilloso.

“Cuando yo leí que me pagaban seis veces más de lo que ganaba en el teatro mensualmente me dije «yo creo que puedo hacer esta telenovela».

– ¿Cuándo das el salto del teatro a la televisión?

– Fíjate, la gente de FUNDATENEOFESTIVAL trajo a un director letón para montar “El Inspector” de Nicolái Gógol y por esa obra me gané el premio Juana Sujo como mejor actor –que era uno de los premios más importantes a nivel teatral de la época– y por ese tiempo había una productora de televisión que estaba empezando llamada MARTE TV y estaba buscando caras nuevas, jóvenes pero que tuvieran formación y ellos vieron una entrevista que me hizo el Diario de Caracas con motivo del premio Juana Sujo y me llamaron. Yo la verdad no tenía ningún interés en hacer televisión pues estaba bien en el teatro, tenía un contrato, porque en ese entonces aún existían contratos para trabajar en compañías teatrales.

– Y también había cierto estigma por parte de la gente de teatro hacia la televisión.

– Sí. Había cierto estigma de la gente de teatro para hacer televisión y viceversa. La gente de televisión no veía bien a la gente de teatro. Y fíjate que yo asistí a esa reunión a la que convocaron por una cuestión de cortesía, pero mi intención era que yo no iba a aceptar nada. Pero me insistieron y me mostraron un contrato ya hecho para una novela que se llamaba “La Traidora” y me dijeron: “si quieres léelo y luego nos dices”. Y la verdad es que cuando yo leí que me pagaban seis veces más de lo que ganaba en el teatro mensualmente me dije «yo creo que puedo hacer esta telenovela» (Risas).

Eso sí, pedí como condición que me permitieran seguir haciendo teatro porque ya yo tenía compromisos adquiridos y además recuerda que antes no es como ahora que se hacen funciones solo fines de semana, antes las funciones eran de martes a domingo, solo tenías el lunes libre.

Ellos aceptaron mi condición y así hice mi debut en televisión y no me arrepiento haber aceptado porque aprendí muchísimo. Sobre todo a entender el ritmo y los tiempos del trabajo televisivo y resolver de forma creativa y con calidad un personaje en muy poco tiempo, a veces solo en horas lo que en el teatro toma meses de ensayo. Y esa escuela de la televisión la agradezco mucho porque despertó en mi esa pasión que siempre estuvo latente por el cine, y la televisión era lo más cercano que tenía en ese momento. Yo quería actuar en cine, pero en esos años fue la época de menor producción cinematográfica del país –estamos hablando de principios de los noventa– solo producían dos directores, Chalbaud y el otro que no recuerdo su nombre y se turnaban para estrenar.

“Entonces tomé la decisión y me fui. Y en el transcurso de esos veinte años ya por lo menos puedo decir que tengo un Goya, así que la decisión fue correcta”

– Sin embargo, luego sí pudiste participar en varias películas y labraste una amplia y exitosa carrera en televisión y teatro. La gente, tanto del medio como el público en general, ya sabía quién era Miguel Ferrari. Y justamente mi siguiente pregunta tiene que ver con eso, pues estando en el momento de mayor reconocimiento de tu carrera como actor decides abandonarlo todo e irte a España a estudiar cine. Esa no es una decisión fácil. ¿Qué te llevó a tomar esa resolución?

– Esa fue otra encrucijada, la tercera. La primera fue la universidad o la actuación, luego el teatro o la televisión, que en este caso pude compaginar por un tiempo ambas, pero la televisión es muy absorbente y eventualmente tuve que dejar un tiempo el teatro y luego, como tú bien dices se me presentó esa nueva decisión.

Era escoger entre la zona de confort de un actor que podía quedarse sentado en su casa sin hacer nada al estar contratado de manera exclusiva por un canal o pedir que no me renovaran el contrato y marcharme a otro país a ver qué pasaba; y estamos hablando del año 1998. Pero yo siempre he sido de tomar riesgos, y afortunadamente lo tomé. Un día me levanté y me pregunté qué iba a estar haciendo dentro de veinte años, pues en el teatro y la televisión ya había hecho todo. Y lo digo con propiedad, el techo estaba muy bajo y ya lo había alcanzado y lo que quería hacer era cine y lamentablemente las historias que se producían siempre hablaban de lo mismo, con tantos temas que había para decir. Entonces tomé la decisión y me fui. Y en el transcurso de esos veinte años ya por lo menos puedo decir que tengo un Goya, así que la decisión fue correcta.

– Sin lugar a dudas. Y ya que hablas del Goya obtenido por tu ópera prima  y tomando en cuenta que ya han pasado varios años de su estreno; viéndolo en retrospectiva y con la experiencia que has acumulado ¿dónde crees que radicó realmente el éxito de Azul y no tan Rosa?

– Muy buena pregunta porque el cine es un misterio. Uno puede tener una intuición pero es impredecible, no hay fórmulas secretas, puede gustar como puede no gustar. Pero yo pienso que lo que ocurrió, tanto con el público en general como con los más de 1500 académicos que tuvieron que votar en los Premios Goya, fue que la película conectaba con las emociones de la gente. Yo creo que todo el mundo podía sentirse identificado, no porque el protagonista fuera homosexual, sino por el tema de ser discriminado siempre por alguna razón. Además ocurría algo muy interesante, la película se presentó en muchos países con culturas diversas y todas las personas reían y lloraban en el mismo punto, y eso es maravilloso porque comprendes que no realizaste una película local sino una que habla sobre las emociones de las personas, de sus miedos y sus obstáculos en la vida.

“Hoy día la familia no solo es la consanguínea, tus amigos son también familia, tu familia elegida, eso para mí también es familia”

– Hablando de emociones, una vez leí, en una entrevista que te hicieron sobre Azul y no tan rosa, que te habías planteado un beso entre dos hombres en los primeros minutos de la película y que nadie se levantara y se saliera de la sala. Ahora en La noche de las dos lunas repites ese beso pero mucho más apasionado –por cierto, una joven periodista que estaba sentada cerca de mí, se sintió un poco incómoda con ese beso– pero quisiera saber ¿cuál es el objetivo que persigue Miguel Ferrari con estas escenas?

– Fíjate, una vez yo estaba en el cine viendo la película Kinsey y luego de una hora surgió una escena donde Liam Neeson se da un beso con su asistente y la gente comenzó a pararse y salir de la sala; a mí eso me impactó muchísimo y te hablo del Trasnocho donde se supone que asiste gente de cierto nivel intelectual. La sala quedó casi vacía y yo me dije que aquí estaba pasando algo malo, algo que no está bien. Y fue ahí cuando pensé que en mi primera película iba a poner a dos tipos besándose en los primeros minutos y mi propósito era dejar pegada a la gente a su butaca hasta el final. Y lo logré y eso para mí fue un gran triunfo.

Y ahora, el hecho de volver a poner en la palestra que otra vez dos hombres se besen y esta vez que fuese un beso largo, tendido y quedarme un rato ahí con la cámara es como una vuelta más de tuerca, apretar un poco más al espectador para ver hasta dónde aguanta. ¿Por qué?, por lo que tú has dicho, que todavía hay gente que reacciona de una forma negativa. Pero lo que más me impresiona es que son mujeres y esa es la reflexión que debemos hacer. Hay una sociedad machista que denigra y agrede a la mujer, pero que irónicamente está fomentada por las mujeres donde a los hijos se les cría bajo el concepto de que tengan muchas novias. ¡Qué terrible! Cuánta educación, cuánta información y cuánta concientización hace falta aún. Por eso, hasta que esto no se normalice, yo en mis películas seguiré insistiendo en personajes LGTB+, aunque sean personajes secundarios, pero siempre habrá ese guiño a la visualización y normalización de lo diverso.

 

– He notado que tanto en tu primera película como en La Noche de las dos Lunas, hay un interés de hablar sobre la familia –en todos sus tipos–, incluso Azul y no tan Rosa estaba dedicada a tu padre y tu nuevo filme se lo dedicas a tu madre. ¿Por qué es tan importante el tema de la familia para Miguel Ferrari?

– Bueno, no ha sido mi propósito pero son las historias que me nacen. Yo también reflexiono en torno a eso, ¿por qué son esas las historias que me interesa contar? Y llego a la conclusión de que yo pienso que el ser humano no nació para estar solo. El ser humano es un ser sociable, necesita agruparse, sentirse parte de algo. Y como somos tan diversos es lógico que el concepto de familia haya evolucionado, se haya ampliado por esa misma necesidad del ser humano de buscar encajar y con quién encajar. Por ello, hoy día la familia no solo es la consanguínea, tus amigos son también familia, tu familia elegida, eso para mí también es familia. Esa madre soltera que decide buscar un hijo sin depender de la presencia de hombre a su lado, como planteo en la película, o la familia clásica de padre y madre, o la de dos personas del mismo sexo, todas son familias y al final todos estamos en esa búsqueda de pertenecer, no somos animales solitarios.

– Precisamente en La Noche de las dos Lunas planteas un conflicto entre dos tipos de familias. Obviamente, como director o actor no puedes juzgar a los personajes, pero si tuvieras que ser juez en esa situación ¿por cuál de las partes te decidirías?

– Wow, es que es muy difícil, tengo que ponerme en el lugar de las dos pues como director no puedo sentar una posición sobre mi propia película porque podría generar algún prejuicio en los espectadores. Pero te voy a decir una cosa: yo siempre he defendido la libertad de que el otro pueda hacer lo que le haga feliz y considere mejor. Si una pareja quiere donar un embrión a otra que no pueda tener hijos, perfecto, es su derecho. Pero en este caso ellos no lo donaron, fue un error, entonces hay que entender su posición. Y por otra parte, yo me imagino que esa persona que está gestando debe tener una conexión con ese embrión que tiene dentro y que está alimentando y que te da pataditas, entonces, Dios mío, ¿qué hacemos? Por eso en la película dejo el tema abierto para que el público pueda reflexionar y sacar sus conclusiones.

– ¿Y Miguel Ferrari ha pensado en ser papá?

– A veces me dan como las ganas pero también pienso en la gran responsabilidad que conlleva y tampoco sé si a esta altura de mi vida tenga la fuerza. Porque traer un niño a una sociedad tan compleja donde constantemente tienes que estar encima por la educación, por el tema de los valores que al final es lo más importante que le puedes dejar a un niño, no es tarea fácil. Más aún en una sociedad donde todo el mundo se quiere hacer rico rápidamente, obteniendo las cosas sin mucho esfuerzo, porque el prepararse y alcanzar méritos con tu esfuerzo, tu talento pareciera ser cosa de pendejos y luchar contra eso es difícil, pero bueno, no sé. Yo tengo dieciséis años ya junto a mi pareja. Él es más joven que yo y a veces también le entran esas ganas, así que no lo sé, tal vez en algún momento decida dar el paso.

 “Estar en un país donde hay una confrontación perenne y donde la vida de la gente no se valora, no lo puedo extrañar”

– Como acabas de decir ya son dieciséis años con tu pareja, y unos cuantos más viviendo en España.  Me pregunto, ¿qué extrañas de Venezuela?

– Creo que tal vez no sea políticamente correcto lo que te voy a responder, pero yo no extraño casi nada de Venezuela. Y es triste decirlo. Extraño a mi mamá, obviamente, porque está aquí, pero del resto. Mis amigos se han ido, a nivel gastronómico en España ya se consigue prácticamente todo, que si quiero arepas, yo me las preparo, es decir ya no me queda nada que extrañar.

Además, ¿qué puedo extrañar? ¿Que aquí cada vez que vengo estoy nervioso porque me pueda pasar algo cuando salgo de mi casa? ¿Estar incomunicado, yo que trabajo prácticamente con el teléfono o la computadora y que la velocidad de la internet sea paupérrima o que se vaya la luz? Una de las cosas que no aguanto es la violencia y estar en un país donde hay una confrontación perenne y donde la vida de la gente no se valora, no lo puedo extrañar. Donde las posibilidades de desarrollarte profesionalmente y como persona cada vez están más minimizadas. Que estás filmando una película con gente muy profesional a tu lado pero sabes que algunos de ellos están ahí porque por lo menos tienen la comida del día asegurada; una comida que tuve que pagar completa de una vez y que la congelaran para poder contar con el catering de todas las semanas de grabación, porque si no la inflación diaria se comería el presupuesto. Yo no puedo extrañar eso.

– Con esta situación-país a la que acabas de hacer referencia, ¿cómo ves el futuro de la industria del cine nacional?

– Fíjate, nuestra industria era muy incipiente pero yo creí que íbamos por buen camino. Lamentablemente lo que habíamos logrado se ha derrumbado. Aquí tienen que cambiar muchas cosas para lograr una verdadera industria que pueda producirse y retroalimentarse a sí misma. Y para que ello ocurra se necesita una política de estado –independientemente del político de turno, no puede depender de quien gobierne– porque el cine es la carta de presentación de un país a nivel mundial.

– Y ya para terminar, ¿en qué nuevos proyectos anda Miguel Ferrari?

– Mira, estoy ahorita con el tema, que me fascina, de las nuevas plataformas de entretenimiento, que mucha gente lo ve como el enemigo del cine y no lo es. Yo en estos momentos estoy escribiendo una serie para televisión y, como te dije, me parece fascinante porque ahora la onda es hacer series con un lenguaje cinematográfico y es una excelente forma de que los cineastas podamos seguir haciendo lo que nos gusta y con un lenguaje propio. Por eso no podemos ver a las nuevas plataformas como un enemigo, tenemos más bien que ver cómo nos enfrentamos a eso y como lo podemos utilizar a nuestro favor porque no se trata del futuro sino del presente.

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