Calcar la realidad desde el pulso de la madre, constelando el brillo del barro, y en él tejer. Así inicia el trayecto estético de Misael Carpio, seducido por la impronta de lo cotidiano, desde donde teje la trama de una obra liminal: enfrentada a los límites que el imaginario colectivo propone desde le intersticios de su materialidad mental. La memoria es su forma de construir una emocionalidad transversal, capaz de tocarnos en el común acuerdos de sentir, esa palabra que borra toda distancia y ajenidad delante de su propuesta multidisciplinar.

(…) “mis piezas son una metáfora de la piel social, política y hasta de mi propia piel como ciudadano, para aludir al desplazamiento del cuerpo, su fragilidad y el condicionamiento en contextos y paisajes en procesos de cambios, entre lo aparentemente inexistente, la violencia”. Nos dice.

La obra de Misael Carpio habla desde la compleja trama de sentidos donde el hombre contemporáneo se mueve y entrama en un mundo de vida caótico, conmocionado, trastocado y recreado en favor de una multiplicidad de roces donde grita su angustia y logra sacar el ojo del péndulo social, donde vivimos distraídos y enajenados, para enfocarlo hacia esas realidades regularmente invisibilizadas por el poder, la ignorancia y la indiferencia.

Cae la tarde y con ella una pregunta que nos entrama al aro de las dudas

Misael, ¿qué te impulsó a optar por las artes visuales?

Desde muy pequeño he sido creativo. Recuerdo que inicié dibujando, calcando con mi madre. Tenía un tío muy especial que me regalaba cuadernos para pintar, dibujar…eran campesinos. Pescadores del Río Orinoco, muy sensibles. Aunque no tuvieron estudios formales, fueron poetas orales, tejedores, pintores y dibujantes de su cotidianidad. Aprendí mucho de ellos. Decidí artes visuales porque considero que es un sistema de comunicación muy particular y descubrí que puedo re-crear mundos, expresarme “libremente” y darle rienda suelta a la imaginación.

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Los recuerdos de la infancia con mi familia en el campo, son determinantes en mi vida e influyen en la decisión y proceso de formarme como artista visual… la vida misma fue llevándome. Pasé por talleres de escultura, cerámica, fotografía y tuve grandes maestros: Rafael Herrera, José Vargas Sanquis, Víctor Hugo Irazábal, Octavio Russo, Gladys Meneses, Guillermo Abdala y Rommel Hervez.  Todos ellos dejaron su visión en mi andar. Comprendí que hacer arte es crear un mundo de posibilidades y constelaciones donde no existen límites. Es un medio comunicacional liminal. Soy un hombre inquieto, me impulsa siempre el poder de vocación y voluntad, he sido fiel a mi deseo y cuesta mucho.

Deseo, esa isla iluminada que encuentra asidero en sus iluminaciones pasajeras.

 

¿De qué nos habla tu propuesta visual?

En las problemáticas que planteo existe una dimensión hibrida, temporal y espacial de relatos reales e imaginarios. Hablo de “El Hombre Gusano y sus pieles “, una especie de narrativa que he construido de seleccionar notas, visiones cotidianas, textos e imágenes de la historia del arte, internet, hechos de violencia nacional e internacional y el registro de momentos significativos del entorno social y político para construir una poética multidisciplinar. Mis propuestas hablan del deterioro humano, lo político y la burla, la injusticia social, la diversidad sexual, la contaminación local, global, el centro y la periferia. Mis piezas son una metáfora de la piel social, política y hasta de mi propia piel como ciudadano, para aludir al desplazamiento del cuerpo, su fragilidad y el acondicionamiento en contextos y paisajes en procesos de cambios, entre lo aparentemente inexistente, la violencia… Son códigos de múltiples lecturas y temas, un tejido material e inmaterial.

¿Fortaleza? ¿Necesidad? Su forma de derribar su barrera con el vacío.

 

¿Qué ambiente emocional surge de tu proceso creativo?

Trabajo desde el cuerpo y su desplazamiento en contextos diversos y paisajes, como ciudadano-artista, explorando diversos ambientes estéticos. En mi obrar voy desde lo extremo hasta lo más bello e ilustrativo, desde el dolor, la ira, el miedo, la opresión, el llanto, el grito y la sonrisa por la libertad. En el proceso de coser, unir, tejer hay emociones básicas como el amor, el odio, la pena, el dolor, la alegría, el enojo, la culpa y el miedo. La técnica alude no solo a la acción misma, sino, es una forma de escritura de esas emociones, evidencias de una sensibilidad propia conectada con lo ajeno. El cuerpo-voz que expresa, denuncia y expone residuos que lo envuelven, creo, no podemos separarlo del contexto, el paisaje y las emociones que suscitan en la vida, en el proceso, la existencia. hay que sistematizarlas y administrarlas con cuidado e investigación.

Emociones, ese muelle en llamas donde arde su memoria.

 

¿Qué temas te obsesionan y por qué?

Me interesan crear dispositivos de reflexión, que giran en torno a temas diversos. Aunque cada proyecto tiene sus objetivos (y personalidad) variantes, hay similitudes en cuanto a técnicas, personajes, espacios y temas que aluden al deterioro social, el desequilibrio económico, la degradación natural, lo político y su poder de condicionamiento. Me interesa, el tejido como soporte, piel material e inmaterial, el cuerpo en la trama de la vida. El tejido y la piel me permiten conectar con temas análogos, desde lo local a lo global. Hablando desde mi lugar de enunciación: la piel como símbolo y metáfora de lo real, son notorios en mi poética la desigualdad social y económica, el abuso y la pobreza impuesta, el hambre, la desidia, todo ello puede confluir en mis narrativas visuales.

Indolencia, niños hambreados, miradas desencajadas… una poética del temblor humano.

¿Qué proyectos te ocupan actualmente?

Actualmente trabajo para potenciar Cafeterras Taller Creativo, un espacio para las artes y el café, en vínculo con el Taller de Culto Café del diseñador y ceramista venezolano Loeomar Figueredo. Estudio sobre textiles vía On Line y en proceso de montaje-producción de una instalación y audiovisual llamado “silencio”, con los artistas Sainma Rada, Brian Landaeta, Douglas Suniaga y Lina Acevedo.

Vamos dibujando el final de la conversación entre nombres, lugares y esperanza.

 

¿Cómo ves el devenir cultural y tu obra en Venezuela?

Es complejo, quizás sea pesimista-optimista, pero el devenir cultural venezolano está deteriorado y necesitamos los artistas y cultores restaurarlo. No hay apoyo institucional y las universidades están detenidas con presupuestos nefastos. Sin embargo, considero que el “futuro” será mejor. Hay muchos jóvenes con talento creando programas de emprendimiento que están permitiendo activar nuevos espacios para la cultura y el arte. En lo particular, sigo trabajando con disciplina para exponer mis proyectos, sea, en la red, espacios públicos, privados. Mi meta es crear espacios de apoyo para muchos, son tiempos complejos y solo nos queda trabajar con fe y mucho poder de voluntad, creando y recreando nuestros propios espacios, del destierro al encuentro con el alma.

 Nuestras miradas se hunden en el silencio del mediodía.

Nos despedimos. Tal vez en la esperanza, la fe…

O la necesidad de hacer memoria.

Misael Carpio es un artista visual multidisciplinario radicado en Caracas. Liminal es una categoría que utiliza para definir un territorio de prácticas creativas que involucra las artes plásticas, el teatro, la danza y el canto lírico en poesía sonora que denomina Andrógina Voz. Su obra ha sido exhibida en diversas exposiciones en Venezuela y muestras colectivas internacionales, en países como España, México, Brasil, Alemania, Rusia y Hamburgo. Se dedica al estudio, conservación y restauración textil de forma privada con el proyecto @laboratoriotextilvenezuela además de la creación de proyectos independientes como @cafeterrastallercreativo que permiten conectar el arte con otros oficios y experiencias educativas y culturales.

 

Contacto:

  • IG: @misaelmisarte / @misaelilustra

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Colaborador articulista de The Wynwood Times

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