¿A cuántos de ustedes les trajo regalos el niño Jesús? Apuesto a que casi todos, por no querer generalizar. A mí me los trae todavía –debo confesarlo– y aún me levanto cada 25 de diciembre con la ilusión de ver debajo del árbol navideño el regalo que me ha dejado el niño Jesús porque he sido buena durante todo el año y, además, me los envía él precisamente, porque soy –digamos– una mujer madura, o mayor de 30 años.

Y ustedes se preguntarán ¿Y eso qué tiene que ver? Pues que a los menores de 30 años –por decir un número aproximado– ya no es el niño Jesús quien les trae los regalos, sino San Nicolás.

Realmente yo crecí con una mezcla de personajes en los que San Nicolás dejaba los regalos que enviaba el Niño Jesús, sin embargo y para las generaciones más jóvenes, San Nicolás ha desplazado por completo al Niño Jesús, quién solo vive en los pesebres católicos.

¿Pero en qué momento se nos cambió el proveedor de regalos navideño? Podría aventurar que con la llegada y, más aún, con la democratización de la televisión a color en Venezuela –por allá por la década de los 80´s– nos comenzaron a inundar en nuestros hogares de programación norteamericana. Los niño de entonces comenzaron a ver en la época decembrina a un personaje anciano y barrigón de barba blanca y traje rojo, que volando en un trineo conducido por renos mágicos, repartía regalos a todos los niños del mundo en la nochebuena, dejando tras de sí un rastro de migas de galletas y un alegre jojojo.

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Ya para la década de los 90´s, la figura de San Nicolás había usurpado el trabajo del pequeño y sencillo niño Jesús, a quien solo le seguimos pidiendo –especialmente por los regalos que alegran el alma, el corazón y el espíritu– los que nacimos en esas décadas previas a la llegada del mago de la cara vidrio, como llamara Eduardo Liendo al televisor en su popular obra literaria.

Recuerdo con especial cariño y emoción, un regalo que trajo el niño Jesús para mi 3era o 4ta navidad: un tren eléctrico con sus vías y estación, que viajaba en un círculo sin fin alrededor del árbol de navidad, y que tenía un botón rojo que, si lo presionabas, dejaba escuchar su característico Chú-Chú.

Me imaginaba que el tren me llevaba de paseo a parques de juego y lugares en los que seguramente había muchos dulces y amigos para jugar, y que llegábamos al pesebre donde un niño Jesús más grande, jugaba conmigo y con otros pastorcitos y sus ovejas, como Heidi jugaba con Pedro en las colinas de Suiza.

Pero sin lugar a dudas, sea el niño Jesús o sea San Nicolás, la magia de la navidad nos embarga de esperanza y felicidad a todos por igual: seamos niños de edad, mente o corazón.

¿Cuál fue tu mejor regalo de navidad de la infancia? ¿Lo recuerdas?

¡Feliz Navidad 2020 y Próspero Año Nuevo 2021!

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