Entrevista por Rafael Baralt Lovera.

Ese día del concierto en el Aula Magna llegué temprano. Ocupé mi asiento en la parte más alta del patio. Recuerdo sentirme afortunado al ocupar una silla, pese a lo lejos que estaba del escenario; el evento estaba agotado. A medida que se iba llenando la sala, fui haciéndome una idea visual de lo que vendría. El “Carmina Burana” de Carl Off estaría representado por artistas venezolanos, desde la dirección orquestal hasta los coros, pasando por los cantantes líricos principales: barítono, contratenor y soprano.

Comenzó la función con la famosa “O fortuna” alcanzando un clímax prematuro en el público, que luego se repetiría una y otra vez. Pero hubo un momento mágico, al menos para mí. Y fue cuando Ninoska Camacaro apareció en escena. Ya tenía algunas referencias sobre ella, pero su interpretación en los solos para soprano me tomó totalmente por sorpresa. Con una voz más que prodigiosa, logró estremecer a una audiencia que supo identificar en ella un don pocas veces visto. Las notas más altas y exigentes del programa pudieron sentirse hasta en los recónditos rincones de la majestuosa sala. En lo particular, su versión de “In trutina” ha sido la más hermosa que haya escuchado jamás. Al final, los aplausos de pie que se extendieron por casi diez minutos se concentraron en el trío de cantantes líricos, siendo ella la diva de la noche.

El talento de Ninoska tiene sus bases en la disciplina. El estudio y la práctica vocal forman parte de su rutina diaria. Ninoska se toma muy en serio su carrera como cantante lírica y eso se aprecia en la calidad de sus interpretaciones. Con todo, detrás de ese estricto régimen, está una mujer desbordante en simpatía y calidez humana con una línea de pensamiento de avanzada.

Ninoska sale al escenario. Así el mundo se esté cayendo, así le rompan el vestido, Ninoska está ahí cantando y lo hace lo mejor posible

 En tus propias palabras, ¿Cómo describes a Ninoska Camacaro?

Ninoska, la cantante, es sumamente seria con su trabajo. Meticulosa, dedicada, crítica, muy crítica al extremo de criticar hasta la forma de parpadear. Pero todo siempre en pro de una ejecución más limpia, más apegada a la tradición o a lo que el autor quería expresar con esa composición. Me encanta leer y escudriñar en la historia y buscar, aunque no tengo la mejor memoria del mundo. Aprendo muchísimo para el momento y al salir del compromiso lo olvidé. Ninoska también es fuerte de carácter a la hora de estudiar, es decir, no le gusta algo que no esté bien. Siempre le gusta repetir y repetir hasta que salga la nota como quiere que salga. Absolutamente perfeccionista.

 ¿Llegaste al canto por voluntad propia o fue planificado por tus padres que vieron algo en ti?

Desde pequeña cantaba. Mi primer concierto fue como a los cuatro o cinco años, cantando canciones para niños, obviamente. Y de allí en adelante yo canto y canto y canto. Ese es mi ser, mi forma de vivir. Yo estoy aquí y viene alguien y me dice algo que me recuerde una canción y yo la canto. Luego, ya casi saliendo de bachillerato, yo le digo a mi mamá que quería ser arquitecto, porque mi mamá lo es; o músico, porque mi papá es un músico empírico con un oído prodigioso y por ello en mi casa hay un piano, guitarra, cuatro, flauta, tambor.

El caso es que no quedé en arquitectura y decidí ser músico, nada más. Mi mamá me dijo “Bueno, estudias música pero también tienes que estudiar otra carrera”. Yo accedí, ella me inscribió en administración y empecé en el Conservatorio. Yo quería estudiar piano o violín pero tenía dieciocho años y para esos instrumentos ya estaba pasada de edad, era viejita. Y la opción que quedaba era canto, así que audicioné y quedé sin saber con claridad que se trataba de canto lírico; es decir, yo sabía que existía la ópera pero muy borrosamente, pero comencé a estudiar y me enamoré de una forma automática.

 ¿Fue ese el momento cuando sentiste que querías estudiar canto lírico?

Así es. Luego de comenzar los estudios entendí que esto era lo mío.

 ¿Hubo como un “click”, una revelación?

Bueno, yo creo que eso le debe pasar a todo aquel que estudie canto lírico. Es como un gusanito que entra dentro de ti y te marca. No quieres que salga nunca más de ti. No sé decirte en qué momento exacto fue que se produjo ese “click”. Pero sucedió. Era como enfocar toda mi atención en un conjunto de cosas tan interesantes. Buscar el significado del texto, actuar, leer, te transportas a una época en específico que no es la mía. Entender lo que el autor quería expresar en ese año del mundo. ¡Ahh, demasiado interesante! <risas>.

– ¿Hay alguien en tu familia de quien hayas heredado el talento vocal?

No. Por lo menos entre abuelos, tíos, hermanos, familia cercana, no. No sé si tatarabuelos, pero que yo sepa, no.

– A propósito ¿Qué tan cierto es eso de que se hereda el talento vocal?

El oído puede ser que se herede, yo sí creo. Mi papá, como te dije, tiene un oído excepcional y yo creo que heredé algo, quiero creer que por lo menos la mitad <risas>. El talento vocal… no lo sé. El talento musical podríamos decir que sí. Yo sí creo que se hereda pero también se aprende.

– ¿Quién o quiénes, son tu mayor inspiración dentro y fuera de la música?

Dentro de la música, Natalie Dessay, pues tenemos el mismo tipo de voz. Ella es así como un ídolo que me ha ayudado a ver repertorio nuevo y conocer estilos de cantar un aria. María Callas, por supuesto. Kiri Te Kanawa, hay muchas, pero definitivamente con quien más me identifico es Natalie Dessay.

Otro modelo a seguir, que me encantaría un día llegar allá –no sé si lo logre– es Isabel Palacios. Porque es una mujer muy intelectual que ha llevado su vida musical muy plenamente. Y yo quisiera saber aunque sea la mitad de lo que ella sabe de música y llegar a su edad y decir: “Mira todo lo que he hecho”.

Y por supuesto, una fuente de inspiración fuera de la música es mi mamá que, es una mujer muy fuerte, muy echada hacia adelante todo el tiempo. No hay nada que la detenga y eso ha sido uno de mis principales modelos, porque yo me considero una persona que nadie me detiene. Pase lo que pase, Ninoska sale al escenario. Así el mundo se esté cayendo, así le rompan el vestido, Ninoska está ahí cantando y lo hace lo mejor posible; y eso creo que me viene por mi mamá.

– ¿Dentro del proceso de formación como cantante lírico, cual fue tu mayor dificultad?

A ver, el idioma que aún me cuesta es el francés y el repertorio que más se ha escrito para mi tipo de voz, que es soprano coloratura, está en alemán y en francés y por tal motivo es un idioma con el que debo lidiar y me cuesta muchísimo. Pero de las cosas, musicalmente hablando, que más me ha costado ha sido la técnica vocal. Debo decir que existen distintas técnicas porque la voz no es un instrumento externo, como un violín por ejemplo, está dentro del cuerpo y cada cuerpo es diferente, cada cuerda vocal es distinta. Y yo comencé con una técnica que no era, digamos, la más adecuada para mi cuerpo, para mi mente.

 

Pero como ya te dije, yo soy obsesiva con el estudio e insistí en profundizar en esa técnica por un poco más de dos años. Luego, cambiar a la técnica de Sara Catarine, que fue mi maestra por once años, me costó, aún más. Claro, era hacer borrón y cuenta nueva; como haber caminado de una forma durante dos años y luego entender que era todo al revés, debía caminar al contrario. Y de verdad fue un gran reto, a tal punto que en un momento Sara hizo cuestionarme a mí misma, pero yo persistí y fueron casi siete años para lograr cambiar de técnica. Pero, para ser justa, debo decir que aprendí muchas cosas con la primera técnica que la segunda encontró resueltas, como la forma de pararme correctamente en un concierto, cosas que debía investigar, leer y conocer, algunos aspectos también de mi imagen que fueron moldeando a la cantante.

– ¿Crees que en Venezuela se puede vivir solamente del canto lírico, es decir, cómo se sobrevive en este país con un talento tan grande como el que tú tienes?

Gracias <risas>. Mira, yo no vivo solo del canto, aunque de algún modo sigo ligada a la música, pues soy Licenciada en Administración y trabajo en la parte administrativa de una orquesta. Pero hay mucha gente que aún vive solo del canto en este país. Quizás no como se viviría del canto en Alemania, con cierta riqueza, pero sí se vive… bueno, se sobrevive, porque aquí se sobrevive. A lo mejor no cantando ópera, pero cantando.

– ¿Cómo es un día de rutina de Ninoska Camacaro?

¡Uyy! Ninoska no se deja casi tiempo libre, mientras más actividades tiene más se acepta. Quizás porque me gusta estar todo el tiempo activa. No me gusta estar acostada sin hacer nada, es que no me soporto yo misma <risas>. Pero un día típico.. me levanto muy temprano, cinco de la mañana, me arreglo, desayuno y me marcho a la oficina a trabajar. De allí salgo a mediodía y me voy al Friedman a dar clases. De allí salgo a las cinco de la tarde, ya voy cansada. Llego a casa y me pongo a estudiar, hora y media o dos horas según lo que tenga, una ópera, un concierto, pero siempre me pongo algo, si no lo tengo me lo invento. Por ejemplo, no tengo un concierto pero escucho algo y me digo: eso lo quiero montar y me pongo a investigar, busco la historia, el autor, busco la partitura por internet y empiezo a estudiar nota por nota; en fin, necesito mantenerme activa. Mi día termina entre las once u once y media.

– Y esa rutina de levantarse tan temprano incluye los fines de semana?

Sí. Inclusive los fines de semana. Además como cantante considero que el hecho de que el instrumento está dentro de tu cuerpo implica muchísimas cosas. Tienes que cuidar tu alimentación, tienes que hacer ejercicio y buscar el espacio para ello; implica también no trasnocharse, no consumir alcohol ni ninguna substancia que relaje tus músculos, pues las cuerdas son músculos y se relajan igual que todo lo demás. No gritar, lo que implica no enfurecerse <risas>. No fumar porque genera flema, cuidarse de las gripes y yo que tengo actividad tras actividad, si yo me enfermo pierdo un montón de actividades, aparte de lo molesto que es tener que cantar enfermo.

“El cantar es como ponerte unas alas y comenzar a volar”

– Me gusta tu día a día <risas>, sin embargo esa rutina tan intensa y con tan pocas horas de descanso, ¿no te genera algo de stress?

Bueno, sí. Ahora mismo necesito vacaciones, sobre todo de la oficina que es algo que genera muchísimo stress. Pero yo dreno mucho stress cantando. El cantar es como ponerte unas alas y empezar a volar. Yo siento que en ese momento me libero de todo. No hay nada en el mundo que durante esas dos horas entre en esa capa de protección. Es como estar en un vientre, nada me puede hacer daño.

– Ya que mencionaste el volar, vamos a volar con la imaginación y soñar un poco con las siguientes preguntas: ¿Con quién quisieras realizar ese dúo soñado?

Rolando Villazón. Es un tenor mexicano. Mucha gente lo critica, como lo han operado de las cuerdas vocales dicen que tiene mala técnica. Yo pienso que más que una mala técnica es que tiene un nivel de entrega en el escenario que admiro enormemente. Él lo entrega todo en cada presentación, no se guarda nada y eso para mí es algo tan… es que no tengo la palabra, ¡tan maravilloso! Que toda tu pasión la botes por la boca sin importarte si mañana te va a doler la garganta. Eso para mí es demasiado interesante.

– ¿Y con quién te hubiese gustado compartir escena pero que ya no se encuentre en este plano?

Me hubiera encantado conocer a Alfredo Sadel. Y moriría por haber hecho un dúo con Hvorostovsky que fue un barítono ruso. Me confieso enamorada de él. Ese señor abría la boca y ya yo estaba suspirando. Fue un hombre sumamente viril, dígame cuando interpretaba a “Escamillo” y salía a cantar el “Toreador”, yo enloquecía <risas>.

– ¿Y la ópera soñada que quisieras interpretar?

Bueno, primero te voy a hablar de una que ya hice que fue Lucía de Lammermoor. Yo soñaba tanto con cantar esa aria de la locura. En 2011 mi mamá me regaló un globo del deseo por mi cumpleaños; esos que se encienden y se les escribe un deseo y se van flotando. Yo escribí: cantar Lucia de Lammermoor en mi país; y se logró. Así que voy a seguir escribiendo cosas en los globos <risas>; pero sí, esa era una de mis óperas soñadas.

Otra ópera que sueño hacer es El Elixir de amor de Donizetti. Suele ser una ópera que se interpreta cuando uno está comenzando, pero no me importa porque fue con la primera ópera que me enganché y que adoro de comienzo a fin. Además, me identifico mucho con el personaje de “Adina”.

Y otra ópera que también quisiera interpretar es “La Sonámbula” de Bellini.

– Como soprano coloratura, ¿cuál es esa pieza que representa el mayor desafío?

Hay varias. Las coloraturas es algo que hay que estudiar mucho, por más que tenga una condición que me permite abordarlas con mayor facilidad. Pero hay que trabajar y estudiar y repetir y repetir y repetir. ¡Uy! Luego lo hago lento y luego un poquito más rápido, pobrecitos los que viven con una <risas>. Pero en general las coloraturas son difíciles de abarcar. Yo llevo año y medio intentando, óigase bien: intentando con la “Agitata Da Due Venti” de Vivaldi; pues se trata de un aria importante y conocida que no se puede exponer si no la tienes realmente “domada”, pues es como un caballo que jamás ha sido montado. Y es que no se trata solo de tener las notas, sino también de imprimir el carácter del personaje. Eso es lo interesante del canto.

– Ya entrando en un aspecto un poco más frívolo, ¿es cierto que existe rivalidad entre los cantantes líricos, aquí en Venezuela?

No solo aquí, en el mundo. Yo lo he visto donde he ido. Nueva York, Madrid, Valencia. Pero es lógico que exista esa rivalidad. El cantante no puede ver su obra, como un pintor, por ejemplo. Nunca te ves en vivo, solo a través del video y eso te hace vulnerable. Dependes de la aceptación de un público. Tú me oyes cantar y quizás te guste mi voz pero tal vez al que está a tu lado no, y eso me puede generar inseguridad. Luego se suma lo de las comparaciones que es terrible, pero las hacemos y de pronto surgen los celos. Y todo eso te afecta. Si estás triste tu instrumento no suena igual a que si estás alegre. Y todos esos factores te afectan en mayor o menor grado según tu nivel de espiritualidad, aunque es una palabra en que no creo mucho.

 

“Me gusta la ópera, es lo que quiero cantar, es para lo que estudié y allí me quiero quedar”

– Háblame ahora de tus planes a corto, mediano y largo plazo.

Ahora en agosto tengo Rigoletto, ya estamos en ensayos, voy a hacer “Gilda”. Después de eso me llamaron para una audición pero aún no sé muy bien cómo va a ser, creo que en el Teatro Nacional con la Orquesta Filarmónica, pero eso aún está en veremos.

A largo plazo… No, la verdad no tengo nada en mente a largo plazo, aquí.

– ¿Qué le aconsejarías a una persona con un talento vocal excepcional, aquí en Venezuela?

Estudiar música. Saber analizar una partitura, conocer de la historia, del autor. Es decir, aprender a cantar es fácil, más aún si tienes un gran talento pero ese talento solo es el 10%, el 90% es trabajo. Porque para mí, lo más importante no es que alcances las notas, es que logres interpretar lo que el compositor escribió. Y lo otro es entender que esta carrera demanda muchos sacrificios y tienes que estar consciente de ello si en verdad quieres destacar en este campo.

– ¿Hoy es ópera, pero te has paseado por la posibilidad de abrirte a otros géneros, más pop tal vez?

No. Principalmente porque no quiero dejar de ser reconocida como cantante de ópera. Me gusta la ópera, es lo que quiero cantar, es para lo que estudié y allí me quiero quedar.

Seguro estoy de que Ninoska seguirá cosechando triunfos. El mundo es el límite para la Diva de Venezuela.

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