Por Florángel Quintana

La deshumanización se puede definir como no reconocer que otras personas tienen pensamientos propios y son capaces de sentir emociones complejas. La retórica de los políticos es un ejemplo claro de deshumanización, seas republicano, demócrata, socialista o anarquista, si te expresas mal sobre los inmigrantes, refugiados o todos aquellos distintos a ti, has perdido bastante de tu humanidad.

Hay deshumanización en nuestra vida cotidiana cuando no estamos completamente presentes en una conversación cara a cara con un amigo, por ejemplo. La deshumanización está aumentando; cada vez hay más personas solitarias, menos conectadas con sus comunidades fuera del mundo digital, y más sumergidas en la despersonalización de las redes sociales. Esto es aislarse, ser menos empáticos, tener relaciones con los demás más impersonalmente. Suena a contrasentido, ¿verdad?

La generación de los Baby Boomers fue la propulsora de los derechos civiles, la causa feminista y la libertad sexual. Los de la generación X llevamos todo eso un paso más allá, sin embargo con el paso del tiempo todos nos volvimos unos intolerantes con juicios, señalamientos y críticas por doquier. Por fortuna la generación de los Millennials ha dado muestra de ser más abierta de mente, por ejemplo acepta las diferencias en el comportamiento sexual con más empatía que otros. Entre ellos la diversidad es un plus, y son capaces de entender mejor eso de binario, queer, género no conforme, pansexual y cualquiera de las categorías para comprender el género.

En este sentido pareciera entonces que la deshumanización solo abarcaría a ciertas generaciones y no es cierto. Ser capaces de conectarnos con una sola persona puede afectar profundamente nuestro comportamiento hacia un grupo determinado. Es el caso de una investigación llevada a cabo por Adam Waytz en su libro “The Power of Human: How Our Shared Humanity Can Help Us Create a Better World” (2019) habla del “efecto de víctima identificable” y pone como ejemplo que cuando la gente vio la famosa foto de Alan Kurdi, un niño refugiado sirio que se había ahogado, el número medio de donaciones diarias a la Cruz Roja Sueca destinadas a refugiados sirios durante la semana posterior a la publicación de la foto fue más de 100 veces mayor en comparación con la semana previa.

La deshumanización pone en una balanza el valor de la gente. Dentro de los conflictos militares la retórica deshumanizante justifica la violencia y sopesa quién vale más que cual. El asunto está en resaltar lo bueno de la diferencia, aunque cueste implementarlo. Religiones, etnias, géneros comparten el mismo rasgo: la humanidad. Pero esto mismo es el elemento perturbador: eres distinto a mí, no te reconozco, no te respeto, no te acepto.

La solución está en ponerse en los zapatos del otro, ver la perspectiva de vida de ese distinto a mí; comprender su situación, sobre todo, entender su emoción –lo más difícil de lograr–. Debe buscarse la construcción de conexiones humanas significativas. Aupar el establecimiento de lazos intrageneracionales. En este aspecto la tecnología ha ayudado. Vemos a nietos milénicos que enseñan a abuelos baby boomers; adultos de la generación X compartiendo saberes sobre moral, ética, buenas costumbres y etiqueta a los pertenecientes a la generación Z.

Quizá el mundo se vuelva una escena de la memoria de Sara Connor en Terminator I: oscuridad, caos y máquinas asesinando a humanos, no obstante hoy hay mucha empatía desplegada en el mundo: videos constantes de solidaridad, campañas en la red con ayuda a necesitados, mensajes de conciencia social de parte de influyentes y famosos. Quizá no todo está perdido al final.