“Nosotros usamos la fotografía como una excusa para hablar y reflexionar sobre otras cosas, específicamente sobre espacios que representen libertad”

En la urbanización Las Acacias, ubicada en el suroeste de esta incomprendida metrópolis llamada Caracas, se encuentra una casa que alberga a La ONG. Pero no estamos hablando de una “organización no gubernamental” más. Las siglas, en este caso, corresponden a la Organización Nelson Garrido.

Hablamos de un espacio cultural auto-gestionado donde se conjugan diferentes actividades relacionadas con el arte. Su eje fundamental es la fotografía y por esta razón desde el año 2002 están formando fotógrafos a través de sus talleres que funcionan en cuatro ciclos anuales, al mismo tiempo que en sus tres salas de exposición están continuamente exhibiendo el trabajo de los artistas que hacen o han hecho parte del espacio, fungiendo como caja de resonancia para las minorías y dando a conocer distintas propuestas. 

Nelson Garrido, fotógrafo venezolano y ganador del Premio Nacional de Artes Plásticas 1991 es el fundador de esta organización, la cual surgió como consecuencia del paro petrolero en el año 2002 y en respuesta a toda aquella crisis del momento.

Sin embargo, hoy en día es su hija, Gala Garrido, quien se encarga de llevar las riendas de esta organización, ampliando el concepto inicial de una escuela de fotografía hacia un centro cultural donde la imagen es la excusa para la reflexión. De hecho, cuando le preguntamos a Gala ¿en qué se diferencia La ONG de otras instituciones dedicadas a la enseñanza de la fotografía? nos comentó:

“Nosotros usamos la fotografía como una excusa para hablar y reflexionar sobre otras cosas, específicamente sobre espacios que representen libertad. Fotografía, arte, serigrafía, escultura, escritura, poesía son solo los medios. Claro, nos especializamos en fotografía porque fue la semilla donde empezamos. Nuestra biblioteca se especializa en fotografía (siendo hoy por hoy de gran importancia como referencia del área, tanto en el país como en Latinoamérica), pero La ONG actualmente también imparte talleres en torno a otra cantidad de temas y funcionamos como un espacio cultural”.

En ese sentido, La ONG cuenta con un estudio de grabación de audio, un taller de serigrafía, un laboratorio fotográfico y brinda sus espacios para grupos de teatro y danza. También ofrece ciclos de cine en su azotea y, a lo largo del año, distintas personalidades del mundo de las artes dan charlas gratuitas para el público en general. 

Pero Gala resalta que la intención fundamental que motoriza el mantener las puertas abiertas de La ONG mes tras mes –tarea que no ha sido fácil– es darle espacio a todos aquellos raros, solitarios, que se sienten rechazados y que aquí (en la casa que era de su bisabuela) puedan sentir sensación de pertenencia; lo que queda de manifiesto en el slogan de la organización: “El espacio de los que no tenemos espacio”.

Otro aspecto al que se ha enfrentado La ONG prácticamente desde sus inicios ha sido el lidiar con la censura, ya sea del Estado u otros medios de comunicación. 

“Justamente por eso existe La ONG”, comenta Gala entre risas.

“Yo creo que cuando nos censuran nos están haciendo un favor, porque sencillamente el efecto termina siendo el contrario, se genera mucho ruido a nuestro alrededor y termina enterándose mucha más gente de las cosas que hacemos. Pero es inevitable que nos censuren pues justamente somos un espacio libre y nuestros temas tienen que ver con el cómo ser unos individuos libres, tolerantes y cómo gestionar esa libertad en comunidad. Y no me refiero solamente a la comunidad real, sino también a la virtual porque incluso esa censura ha convertido el internet en los últimos diez años en un espacio controlado que, sinceramente, yo casi no consumo, me alejé, pues siento que ha cambiado demasiado. 

En sus inicios internet era una promesa de espacio libre, fue bandera para el anarquismo, para diversas corrientes de pensamiento, democratización, alcance, eran otros conceptos. Actualmente es un espacio segmentado, controlado, es un espacio de gestión de poder carente de libertad. Pero bueno, esto es un círculo vicioso y así ha funcionado la humanidad durante miles de años. Simplemente debemos seguir generando espacios temporalmente libres, como decía Hakim Bay, que aunque luego llegue el poder y los tome, nosotros debemos tener la velocidad de cambiar, mutar y mudarnos a otra instancia”. 

Y el mejor ejemplo de esa capacidad de adaptación es la cucaracha, que es el símbolo con el que se auto-denominan los miembros que hacen vida en La ONG.

“Son varias razones por las que escogimos a la cucaracha como nuestro símbolo. Una porque son resistentes a todo y justamente se adaptan. Por otro lado la cucaracha es un símbolo de lo que da asco, es un símbolo de lo subterráneo, hacen vida donde nadie las ve y de alguna manera ellas representan todo lo que la sociedad no quiere ver, no quiere afrontar y aparta la vista. Y nosotros justamente eso es lo que somos. Un colectivo de seres disidentes pero pensantes y aceptamos las diferencias. Y si le damos un matiz poético, aquí en el trópico las cucarachas pueden volar”.

Y con esa misma capacidad de adaptabilidad La ONG continúa activa, aunque de manera virtual, haciendo frente a los nuevos desafíos que ha impuesto la actual pandemia.

“La ONG se desenvuelve en un contexto de constantes desafíos y la pandemia solo ha sido uno más de ellos. Si una cosa he aprendido con la gestión de La ONG es que hay que prever, hay que planificar, pero también estar claros de que hay que llevarlo todo un paso a la vez porque siempre surgirán situaciones que nos sobrepasan. Lo clave en este caso es la capacidad que tiene la organización de adaptación y reinvención y muestra de ello son nuestros talleres virtuales, que ya veníamos haciendo desde hace algún tiempo y por su puesto nuestras herramientas de difusión a través de las redes sociales y de nuestra página web”.

 

Redes sociales:

Mail: info.laong@gmail.com

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