Su mirada trasluce como un vidrio encendido por cien mil fuegos antiguos. Ancestral fuego que palpita en el desparpajo de su carcajada a quemarropa, penetrando la sonora interioridad de quien se deja tocar por su lúdica esencia. Le sigue la calidez de una voz que no ha perdido su vínculo con la infancia, el universo siempre nuevo que nos acompaña hasta el último segundo bajo el azul del mundo. No falta la fuerza sutil desde donde forja una obra que nos pasea por los jardines de la alegría, respetando la resonancia multiforme de experiencias donde ese sentimiento nos reúne.

Y el silencio paciente de un corazón humano, demasiado humano, donde lo sencillo celebra, en callada comunión, con las formas del tiempo. Es Patricia Benfele, una mujer apasionada que se hunde en los abismos de la belleza para darse toda, y así, sin nada, teniendo por patria la suma piel de sus deseos exaltados por el juego de la vida, alcanzar la santidad que el arte propone: descifrar la revelación interior que nos fue dada para escarbar el corazón y hacerlo bailar: el alma.

Atravesando la calle Bolívar de la Guaira, bajo la sombra de antiguos portales, hablamos, reunidos en la excusa de una entrevista para dar cuenta de la amistad, la terca misericordia de la amistad.

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Patricia, ¿qué impulsa y cómo se inicia tu vínculo con las artes visuales?

Me atrevo a decir que no hay ese vínculo iniciático e inicial. Nací siendo lo que soy, el arte es mi vida, se remonta a mi infancia (desde que tengo uso de razón). Mis primeras rayas las hice en las paredes de mi cuarto, mi mamá vivía estresada, al borde de un ataque de nervios, hasta que lo aceptó y fue cuando me compró mi primera caja de carboncillos y tizas de colores.

¿Estéticamente, cómo defines propuesta visual?

Esta pregunta me hace sentir como si me encontrara en pleno examen universitario. Esa palabra, “Estéticamente”, es muy amplia y es un tema que no lo tomo a la ligera por su connotación, ya sea como disciplina filosófica o un modo particular de entender el arte o la belleza. Ahora, mi opinión muy personal, sin tocar el tema de lo estético, mi propuesta visual va cargada con formas, texturas y muchos colores. Desarrollada en diferentes técnicas y diversidad de materiales.

La plaza nos acoge con paz sacramental. Contemplando el ensamblaje de silencio que dibujan los árboles, seguimos, meditando en voz alta.

Cuéntanos sobre tu vínculo con otras disciplinas de las artes visuales.

Soy licenciada en Artes Plásticas, especialidad cerámica. Me considero de la vieja escuela, ya que soy de las que transformo materia; mi obra es quien interactúa con el espectador, va cargada de expresividad, símbolos, se comunica en cualquier lenguaje, romántica, trivial. Me traducen. Esa parte visual, como videografía, cinematografía o lo llamado arte de los nuevos medios se encuentran lejos de mi fortaleza.

 ¿Qué temas te obsesionan desde la creación?

Procuro no cerrarme a un tema, idea, palabra o imagen… pero tengo una tendencia hacia los circos, amo los carruseles, me encanta la alegría de las ferias, parques, me atrevo a decir que me voy hacia lo lúdico.

¿Quién es Patricia Benfele en primera persona?

Soy quien soy.

Trabajo manual, fuego y color…

 es lo que alimenta mi vida

 así me presento yo

 mucho gusto

 sueños, alma y creación. 

 

Caminar por las calles de la Guaira, como por cualquier calle del mundo, supone varios aprendizajes. La escucha, la atención, la disciplina. También la furia del ser, que suavizamos con el verbo, para no ser emboscados por la incertidumbre.

Como pedagogo, ¿qué experiencias facilitas a los participantes de tus clases?

Según mi experiencia, procuro demostrarles un sí se puede. Solo cambia el cómo. No todos tienen las mismas habilidades, pero cada uno de ellos si tiene un don, es descubrirlo y fortalecerlo; es un aprender haciendo mientras se disfruta lo que se hace y quien eres.

¿Qué significa ser una artista visual en Venezuela?

Es intentar expresar un sentir, entre aguas en las que yo me niego a nadar, es una odisea. Vivimos tiempos muy duros, en lo que prefiero crear obras que alegren el corazón, pero políticamente son rechazadas y me encuentro con un entorno marcado entre grupos muy cerrados… ser una artista visual en Venezuela para mí significa ir contra viento y marea. Me encanta una frase de Kandinsky «Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las veces, madre de nuestros propios sentimientos». Me aferro a mis sentimientos.

Trémulos por la nostalgia, nos detenemos frente al mar. Recordamos los que se adelantaron en el viaje hacia tierras equinocciales; en la punta del sol de la tarde donde el muelle es profecía.

¿En qué proyectos y propuestas trabajas actualmente?

Vivimos un presente social, económico, político muy complejo, ¿cómo crear en medio de todas estas realidades? Bueno, me aferro a mis sentimientos, es que mi proyecto (mi obra) está dirigido a cuidar ese niño interno que todo adulto tiene, quien crea que no lo tiene, que lo rescate. Escudriño esa carga de alegría escondida en medio de una realidad que nos lleva a reinventarnos. ¿Qué mejor arrimo que la simplicidad del ser de un niño? Trabajo en mi modo de expresión y comunicación, con diferentes materiales (piensa verde) valiéndome de la multiplicidad de técnicas que manejo y así, compartir mi mundo imaginario, pero no tan imaginario con la intención de robar una sonrisa a todo aquel que tenga comunión con la obra.   

Unas palabras finales a todos aquellos inquietos por el mundo e imaginario visual.

La vida es la suma de nuestros aciertos y desaciertos, si crees en ti. Arriésgate, que nada ni nadie mate tus sueños, simplemente hazlo; comunica, forja, comparte aquello que tu ser quiere gritar al mundo y nunca dejes morir a ese niño interno, en el tenemos el cable de cómo ser feliz.

Más sobre Patricia Benfele

 

Lic. Artes Plásticas. UNEARTE.

Diplomado de Docencia Universitaria UPEL-IPC.

Ha desarrollado distintos cursos en las áreas de aerografía, diseño, modelado en vidrio, mural cerámico, madera y forma escultórica, museografía, orfebrería, entre otros.

Profesora en artes visuales, lenguaje plástico y distintas técnicas del espectro visual.

Ha participado en diversas exposiciones colectivas e individuales, nacional e internacionalmente, y salones que dan cuenta de su versatilidad artística.

Premio 34 Salón Nacional de las Artes del Fuego. Reconocimiento. Asociación Venezolana de las Artes del Fuego (AVAF) Orfebrería, 2007.

Botón de Plata. Escuela Taller Arte Fuego Cándido Millán. Junio del 2005. Caracas- Venezuela.

Botón Festival Baruta de Las Artes. Consejo Nacional de la Cultura, Las Mercedes, Caracas-Venezuela. 15 de octubre de 1997.

Entre otros destacados premios y reconocimientos.

 

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Colaborador articulista de The Wynwood Times

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