Peter Handke, escritor austríaco y Premio Nobel de Literatura en 2019, publicó “La tarde de un escritor” en 1987 y cuenta la historia de un escritor que, durante casi un año, vivió creyendo que había perdido el habla. Acá una excelente reseña del libro.

Peter Handke (Foto: Javier Velasco Oliaga)

La tarde de un escritor es el primer libro que leo del Premio Nobel de Literatura 2019, Peter Handke. Es un primer encuentro del cual salí satisfecho por conseguirme con una narrativa tratada y trabajada como hecho estético, que a fin de cuentas, debería ser el objetivo de todo escritor cuya herramienta principal es la palabra. Es una lectura que, lugar común de por medio, se hace de una sentada. Creo que con unas tres horas  —poco más, poco menos— se llega al final. En mi caso no fue así por razones de tiempo, familiares y amigos sabrán a qué me refiero.

Me conseguí con un libro breve que —ojo y cuidado con esto— pudiera engañar a cualquiera por dicha brevedad. Aquí queda en evidencia que no hace falta mil páginas para demostrar el talento de un narrador. En contraposición a lo corto del libro, nos conseguiremos con largos párrafos que, sin duda alguna, demandan la atención total del lector para seguir los pasos de un escritor que sale a caminar una tarde cualquiera y junto a él no perderse en ese proceso —su proceso— de creatividad o simple esparcimiento. No es desquiciado pensar que pudiera tratarse del mismo Handke dando a conocer parte de su proceso creativo, cada quien puede hacer su conjetura en un texto donde el narrador en tercera persona marca la pauta de lo relatado y en todo el libro, una sola y efímera vez, el escritor-protagonista es capaz de tomar la palabra para decir algo propio: “He empezado a escribir bajo el signo del relato. Hay que seguir. Dejar que las cosas existan. Exponerlas. Legarlas. Seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento; ser su artesano”.

El libro cuenta la historia de un escritor que, durante casi un año, vivió creyendo que había perdido el habla, algo bastante saramaguiano si de perder uno de los sentidos se trata, razón por la cual las palabras cobraron más fuerza en su oficio de escritor; alguien que en su soledad, y en el recuento de una tarde cualquiera, deja muy claro que llevaba más de “media vida sin más compañía que la idea de escribir”, pero también está el gato (¿su gato?) y un desconocido que por más de un lustro se dio a la tarea de enviarle cartas al escritor desde un país lejano contándole algunas anécdotas de su vida.

De modo sutil la soledad y la locura son elementos fundamentales de La tarde de un escritor. En todos sus esfuerzos por escribir y seguir en su oficio, el escritor cree haber experimentado todas las formas posibles de la locura, y en cuanto a la soledad, como bien dice el narrador: “le sobraba”. Lo que uno se va encontrando página tras página es ese maremagnum de ideas que, suerte de locura, cualquier escritor puede tener en la cabeza cuando está buscando qué escribir. Entre otras cosas, también, está su incapacidad de llevar una vida familiar; el gran sosiego que le transfiere a su alma las noches; su obsesión por creerse el único sobreviviente del planeta tierra y, muy importante, dirigirse siempre a la periferia, nunca el centro, siempre a un lado de lo que pudiera ser lo principal y en un punto importante de la historia, la búsqueda de la reflexión sobre hasta qué punto un escritor quiere vivir en anonimato. Si alguien le hubiera preguntado su nombre en esta historia hubiera podido responder muy al estilo Bartleby de Melville, “preferiría no hacerlo”, pero lo zanjaría con un “no tengo nombre”.

 Creo que La tarde del escritor es un buen texto para entrarle por primera vez a Peter Handke. Me acerqué a este libro por varios factores, pero tuve que dejar de lado toda la polémica que se armó en torno a él por el supuesto apoyo a Milosevic y su terrible genocidio en Bosnia y Kosovo. Y es que históricamente el socialismo huele a muerte. Lástima que un hombre entregado a la literatura, con una prolongada obra que pasa por la novela, el relato corto, poesía, ensayo y guión cinematográfico se viera inmerso en este escándalo. Quizás debió quedarse como el personaje de esta pequeña y gran novela, que se atrevió a pensar: “vacío, tú eres mi verdad, mi bienamado eres”.

Fun facts:

Aprovecho estas breves líneas para agradecer a todo el equipo de The Wynwood Times la oportunidad de tenerme dentro de sus articulistas, especialmente a Rafael Baralt Lovera. En este año tan distópico y dentro de lo posible, les deseo a todos los colegas y lectores una feliz navidad y que el 2021 sea mucho mejor. Namasté.

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