Religiosamente incorrecta
No creo en la iglesia católica, no creo en los políticos, que vienen siendo la misma cosa nostra del manejo de masas.

En la acera donde me muevo la libertad de pensamiento no es solo una consigna, una etiqueta en Instagram o una frase de franelas parlanchinas.

Cuando se dieron a conocer en la opinión pública los desmanes de sacerdotes de la sacro-santa-millonaria casa de Pedro en Roma, muchos fieles sintieron la daga de la infamia. Sé de fervorosas creyentes que no daban por cierto los rumores hasta que el escándalo salpicó el colegio de sus hijos.

Yo, la verdad por delante, ya desde la universidad empecé a cuestionar a esa institución que propuso y ejecutó la matanza del que pensaba distinto, del que era distinto o siquiera lo parecía. La Inquisición, Las Cruzadas, La matanza de San Bartolomé para nombrar algunas tan solo, son la prueba de la conducta impropia de quienes eran presa del mayor oscurantismo de alma conocido bajo el pretexto de un dios amoroso. ¡Vaya incoherencia!

Tetrálogo de Bacci

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El escritor venezolano Nixon Piñango, también columnista The Wynwood Times, nos comparte un texto de su autoría para Relatos para llevar

El Líbano y su sabor especial | Marysol Akil

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Marysol Akil lidera el proyecto Sabores de mi Líbano. En sus talleres de comida libanesa comparte su cultura y conocimientos de cocina sin mezquindad. Alida Vergara nos cuenta.

Steven Spielberg, más allá del efectismo

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En esta nueva entrega de Judíos en la ciencia ficción hablamos de Steven Spielberg, el más exitoso de los directores-productores de Hollywood. De la mano de Sami Rozenbaum

Recuerdo ciertas clases en mi amada Ucab con el padre Gazo. Allí hacía cuestionamientos que nos producían incomodidad algunas veces. Nos mirábamos entre nosotros y seguíamos atentos a ese sacerdote rebelde que señalaba errores y hacía críticas duras. Quince años después supe que estaba vinculado al chavismo, pero esa es otra historia.

Y advierto, mi idea de Dios, Jesús, el Cristo y las advocaciones de la Divina Madre María, están en mi memoria con respeto. Aprecio las catedrales, las pinturas de La Anunciación y los cantos gregorianos como manifestaciones del arte de genios creativos. Es el grupo de simples hombres con orgullo, avaricia, pasiones oscuras y perversión, es decir, son los vulgares seres con sotanas y falsas palabras las que me causan rechazo.

Son cosas de mi generación, supongo, que tuvo sus encontronazos, sus escaramuzas con la iglesia. El amor libre, la libertad de culto, las leyes de los humanos en sociedad tenían mayor fuerza que las creencias con anteojeras, mantillas y rosarios de nuestros amados abuelos, nuestros respetados padres.

Los niños de los años sesenta crecimos con el interés por las culturas allende nuestros mares y aprendimos de budismo, yoga, la era de Acuario, los psicotrópicos para elevar la conciencia y otras ideas sutiles de discusión existencialista como el aroma del incienso de los Hare Krishna («¡Hare Krishna, Hare Krishna /Krishna Krishna, Hare Hare!»)

Hoy los Millennials y Centennials están más atraídos por la espiritualidad. Hablan de física cuántica y energía con Einstein y Hawking como santos patronos. Allí coincidimos, debo confesar. Del papa izquierdoso, las monjas usureras y el sistema de creencias de unas escrituras traducidas bajo el criterio sesgado de un hombre de su tiempo, no da garantía de fe a quienes descorren el velo de cada vez mayores secretos dentro del Estado del Vaticano.

Mejor oremos por la consolidación de la inteligencia superior a favor de las ciencias sociales y del bienestar humano de agnósticos, humanistas y ateos.

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