Raquel Abend van Dalen (Caracas, 1989). Poeta, narradora y académica. Magíster en Escritura Creativa en Español por la Universidad de Nueva York (2014). Ha publicado en poesía: Sobre las fábricas (Sudaquia Editores, NY, 2014/Ediciones Libros del Cardo, Chile, 2021); La beata de las locas (Entropía Ediciones, España, 2019/Sudaquia Editores, NY, 2021) y Una trinitaria encendida (Sudaquia Editores, NY, 2018). Ha publicado en narrativa: el libro de cuentos La señora Varsovia (LP5 Editora, Chile, 2020), y las novelas Andor (Bid&co. Editor, Caracas, 2013/Suburbano Ediciones, Miami, 2022) y Cuarto azul (Kalathos Ediciones, España, 2017/Sudaquia Editores, NY, 2022 ). Su trabajo ha sido incluido en antologías como Escribir afuera: Cuentos de intemperies y querencias (Kalathos Ediciones, España, 2021), Nubes: Poesía Hispanoamericana (Editorial Pre-Textos, España, 2019) y Escritorxs Salvajes: 37 Hispanic Writers in the United States (Editorial Hypermedia, Miami 2019). Ha sido ganadora de la Mención Honorífica del Premio Anual Transgenérico en el 2013 y 2016, así como de la Mención Honorífica del Concurso para Autores Inéditos de MonteÁvila Editores en el 2012. Actualmente estudia el Ph.D. en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Houston. Sus intereses académicos giran alrededor de la petroficción y la petrocrítica.
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¿Cómo nace la idea de Andor? Cuéntanos un poco ese behind the scenes, el proceso creativo. Cuánto tiempo trabajaste en ella.

A mis diecinueve años tenía una idea metida en la cabeza: contar la historia de un chico atrapado entre la vida y la muerte. Comencé la novela ese verano del 2008 y pasaron tres años más, en los que la retomaba solo en las vacaciones. Cuando finalmente me gradué y me mudé a Estados Unidos en el 2011, terminé de escribirla mientras buscaba trabajo. Recuerdo que durante esos años no había nada que me ilusionara más que escribir ese libro. Fue un momento importante para mí porque en ese proceso se materializó la fantasía de ser escritora.

Andor se publicó originalmente hace diez años. Cómo fue el reencuentro con esa obra después de tanto tiempo. ¿Cómo la ves ahora? ¿Cómo la veías antes?

Confieso que no recordaba gran parte de la novela, entonces me sorprendí con algunas cosas. Hice pequeñísimas ediciones, pero me contuve de modificarla demasiado. Con las reediciones siempre está la tentación de «corregir», pero la escritora que soy ahora tuvo que respetar a quien era en ese momento. También disfruté reencontrarme con algunas referencias biográficas que quizá solo yo entienda. Reconocí algunas búsquedas, el inicio de algunas fijaciones, mi interés por fabricar mundos. Es un libro que me sigue emocionando.

Eres poeta y también tienes una novela de corte realista titulada Cuarto azul. Andor es una mezcla de gótico, con surrealismo con… en fin, un delirio total. ¿Crees que ese riesgo de escribir algo así de loco (que tuvo un resultado excelente) pueda estar relacionado con la juventud que tenías al momento de escribirla?

Creo que no tiene que ver con la juventud, sino con la manera en que funciona mi cabeza. Escribimos los libros que podemos, ¿no? Andor es la puerta al tipo de literatura que seguramente seguiré escribiendo. Mi segunda novela es realista, pero hay que tomar en cuenta que la narradora de Cuarto azul es una judía perseguida durante la Segunda Guerra Mundial. Este hecho histórico es en sí mismo un delirio mucho más grande que lo que cualquiera pueda imaginar.

Andor es un guiño a la muerte trágica (suicidio). ¿Por qué? ¿Cómo surge concretamente esta idea?

Por un lado, el suicidio es el portal que lleva al personaje a quedar atrapado en Andor (no estoy haciendo ningún spoiler, ya que esto sucede en la primera página). Por el otro, es el hilo narrativo que atraviesa todo el libro, pues queremos saber por qué lo hizo y cómo su «estadía» en Andor lo hará, quizá, cambiar de idea. En ese entonces me interesaba explorar el sentido de la vida y de la muerte, a pesar de ser preguntas muy grandes sin una única respuesta posible. También estaba especialmente fascinada por el psicoanálisis y el trabajo del inconsciente, algo que sustenta gran parte de la trama.

Actualmente los «géneros menores» como la ciencia ficción, el horror y la fantasía están reivindicándose en la literatura contemporánea en Latinoamérica. ¿Qué te hizo escribir una novela que entra dentro de estos géneros hace una década, cuando se leía más otro tipo de literatura?

Me parece que la atención que ahora le damos a estos géneros obedecen a una necesidad imperativa de narrar el futuro tanto como el presente o el pasado. Incluso pensaría que después del Covid-19 necesitamos más que nunca volver a creer que hay futuros posibles, que no estamos estancados en un presente infinito. Cuando escribí Andor, no tenía la intención de que fuera ficción especulativa. Sin embargo, el resultado entra en este género pues narra un futuro que todavía no existe pero podría existir algún día (como diría Margaret Atwood). Lo que distingue ese futuro de nuestro presente es un uso particular de la tecnología, pero incluso ahora (diez años después) ya es más probable que algo como lo que ocurre en Andor suceda pronto.

Vives en Estados Unidos desde el 2011 y no siempre viviste en la misma ciudad, ¿De qué manera afecta tu escritura vivir en un país ajeno?

Estados Unidos ya no me es tan ajeno, porque llevo aquí más de una década, pero es innegable que todo lo que vivimos contribuye a una mirada peculiar sobre las cosas. Quizá estar en un lugar que no fue donde nací ha enfatizado una cierta extrañeza en mi escritura; la sospecha de que algo raro está sucediendo frente a mis ojos. Por ejemplo, mis narradores nunca tienen certeza de nada y lo absurdo en mis historias no necesariamente causa gracia sino miedo también. Me gusta trabajar con el lenguaje de tal manera que produzca un efecto inquietante.

Cuando comparas tu obra con la de escritores que residen en tu país, ¿notas que te hayas distanciado? Si la respuesta es sí, ¿lo consideras positivo o negativo? Si la respuesta es no, ¿qué crees que hace que se conserven esos lazos?
Es una pregunta difícil, pero siempre habrá escritores de quienes me sienta más cercana que otros. No creo que residir dentro o fuera de Venezuela haga necesariamente la diferencia. Ahora muchos están escribiendo sobre la crisis migratoria desde lugares muy diversos, por ejemplo. Pero más que algo geográfico, creo que hay sensibilidades compartidas que responden a otro tipo de factores. Los libros que más me interesan son los que me llevan a sorprenderme de nuevo, independientemente desde dónde se escriban.

En el artículo “La literatura venezolana sí existe, señores”, publicado en suburbano.net, en el año 2014, la escritora y académica Naida Saavedra, habla sobre la invisibilidad de la literatura venezolana. Ahora, sin embargo, la literatura venezolana brilla en Europa y Latinoamérica. ¿Cuál es tu percepción sobre este momento de brillo que tienen las letras de tu país?

Para serte honesta no tengo la misma percepción. Siento que apenas se están empezando a asomar algunos nombres, pero Venezuela tiene una tradición grandísima de poetas y narradores que son desconocidos fuera del país. Igual te diré qué me gusta: quienes también nos dedicamos a la academia estamos desempolvando algunos de estos nombres. El verdadero interés por la literatura venezolana en el exterior apenas comienza.

¿En qué proyectos te encuentras trabajando actualmente?

Estoy terminando una nueva novela. Me ilusiona, porque es la primera vez que escribo un libro cuyo escenario es Caracas. No es una Caracas realista, pero es Caracas al fin.

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