Foto por Textos y Guiones

Entrevista realizada por Richard Rey.

Por sus venas corre sangre ibérica, chilena y hasta croata. Siempre tuvo clara su pasión por las Artes Escénicas, pero se permitió una “aventura” con la Psicología y también se enamoró; así decidió conjugar a sus sendos amores en un trio que le ha retribuido satisfacciones y éxitos.

El reconocimiento popular llegó pintado de azul y no tan rosa, se debatió entre el crimen y el castigo, cantó “el día que me quieras” en el patio de las Ancízar, escribió sobre una “catira” a pedido del General y de mutuo desacuerdo terminó subyugado por el vampiro del lago.

La vida le mostró sus mieles pero también lo enfrentó con su lado menos amable para redescubrirse, explorar su lado espiritual y salir airoso de un proceso difícil pero lleno de enseñanzas.

Se trata de Sócrates Serrano, el actor, el psicólogo, el amigo y el hombre que gentilmente nos concedió esta entrevista a distancia –como lo impone los tiempos que corren– pero cargada de honestidad, valentía, sensibilidad y aprendizaje.

Pero sobre todo llena de vida, de futuro y de entender que “el mejor momento” es ahora.

“Yo fui realmente muy consentido a pesar de que mi familia era muy humilde pero me cuidaban mucho, sobre todo porque fui un niño asmático”

–Háblanos un poco de tu familia, tu infancia, tus orígenes.

Vengo de una familia de inmigrantes. Mi mamá española –asturiana de nacimiento y gallega de crianza– llega a Venezuela luego de la post-guerra buscando, obviamente, un mejor futuro por toda la difícil situación que se vivió en España en esa época. Mi padre es chileno de nacimiento y descendiente de croata y español. Como periodista, había trabajado en varios países de Latinoamérica y llega a Venezuela también en la búsqueda de un mejor futuro. Y ya aquí se conocen y de esa unión nace mi hermana mayor, que me lleva seis años, y luego llego yo.

Fue una infancia muy especial, pues tuve unos padres muy diversos –mi padre le llevaba a mi mamá casi 30 años– y los dos eran muy diferentes. Mi papá era un hombre que había corrido mucho mundo, gran amante de la lectura, poeta, pintor, un excelente fotógrafo. Mi madre se vino con una precaria educación básica a Venezuela y todo lo que consiguió lo hizo desde el trabajo y con muchísimo esfuerzo; es una mujer trabajadora, hermosa, sensible, cariñosa, una gran madre. Y los dos pues hicieron esta familia original y muy particular. Fue una niñez de mucho amor y mucho cariño. Yo fui realmente muy consentido a pesar de que mi familia era muy humilde pero me cuidaban mucho, sobre todo porque fui un niño asmático, tuve bronconeumonía. Mi relación con mi hermana fue muy buena a pesar de los seis años que me llevaba. Así que pudiese decir que fue una infancia feliz pese a que me sentí limitado en ocasiones por mi enfermedad, por el asma, que no me permitía correr, saltar, divertirme como el resto de los niños, pero en términos generales fue una época feliz y con mucho amor.

Foto por Lil Quintero

Sócrates –el griego– fue el padre de la filosofía política y de la ética. ¿En qué coincides, además del nombre, con el gran filósofo?

No quiero que suene como un lugar común, pero efectivamente una de las cosas en que coincido con Sócrates es esa gran frase de “Sólo sé que nada sé”, es una frase que cada vez ratifico más a lo largo de los años. Por, efectivamente, esta necesidad de tener la información absoluta y de querer comerse el mundo que uno tiene cuando es adolescente y que luego, cuando comienzas a descubrir el verdadero mundo, te vas dando cuenta de que nunca terminas de aprender.

Y si esto pudiese ser otra cosa en común, te diría que siempre me he sentido en una actitud de mucho análisis con respecto al entorno. Siempre he sido un hombre que analiza muchísimo las situaciones, que lo ve todo desde un punto de vista muy de contexto y tengo una línea de abordaje filosófico de las situaciones cotidianas. Siempre me han tildado de intenso, ese calificativo que aplica para muchas cosas y a veces tiende a hacer inapropiado y hasta despectivo, pero que en mi caso describe una tendencia a ver un poco más allá de lo aparente, lo cual forma parte no solo de mi profesión sino de mi naturaleza.

Ya que tocas el punto de tu profesión ¿Siempre tuviste claro que querías estudiar Psicología o fue la opción que te arrojó la prueba de actitud académica?

Yo tenía claro que quería estudiar actuación, arte dramático y me gustaba mucho la psicología y la alternativa para entrar en artes en la UCV (Universidad Central de Venezuela) era a través de psicología, no recuerdo porqué razón, pero era la alternativa que yo tenía y decidí comenzar psicología para después cambiarme a arte dramático, pero me gustó tanto la carrera que decidí quedarme y comenzar a estudiar actuación paralelamente en academias como el CELCIT o el taller de creatividad teatral que impartía en aquel entonces el Grupo Actoral 80.

“Aun así, persistentemente, buscaré la manera de seguir actuando”

¿Entonces siempre sentiste que lo tuyo era la actuación?

Siempre lo supe. Desde niño, cuando estaba en el colegio participaba en las obras que montaban. Mi primera obra fue “Un Sainete o Astrakán donde en subidos colores se le muestra a los lectores la torta que puso Adán” de Aquiles Nazoa y luego “La Cenicienta” en versión también de Nazoa. Eso fue en primaria y desde allí ya había un amor absoluto por la actuación y por el teatro. Pero lo ratifiqué con el tiempo, después de haberme alejado de las tablas por unos quince años, cuando volví lo hice con todas las fuerzas para entender que es lo que siempre me ha gustado y lo que siempre he querido hacer. Siempre he querido ser actor y creo que nunca voy a dejar de serlo, quizás las circunstancias hagan que por ciertos períodos le ponga más energía y fuerza a otras cosas, pero creo que nunca voy a dejar de actuar, esa pausa tan larga que me di en el pasado creo que no va a volver a ocurrir, salvo que las circunstancias me obliguen a eso y aun así, persistentemente, buscaré la manera de seguir actuando.

¿El teatro, el cine o la televisión?

Bueno, cada una te da una mirada distinta y una conexión diferente con la profesión, con este oficio. El teatro es la academia, sin duda, la escuela. Es el Alma Mater en mi caso, es donde me formé, donde nací, donde aprendí. El cine es como una especie de post grado, un master, una especialización, porque son palabras mayores. El cine te da proyección, te da la posibilidad de dejar un legado a través de tus personajes, te da presencia, permanencia, la oportunidad de pasar a la historia y te da a tu formación como actor un aporte fundamental desde el punto de vista del naturalismo en tu capacidad expresiva. Y la televisión es un recreo. ¿Qué quiero decir con eso? Que la televisión te da satisfacciones vinculadas a la masificación de tu imagen, a convertirte quizá en un artista más mediático. Te da la posibilidad de penetrar en ciertos sectores, personas, grupos, poblaciones. Claro, la televisión de antes porque ya hoy en día tendríamos que hablar del streaming, en tal caso porque cada vez se hace menos tele o se hacen cosas para el consumo en ese tipo de formato por internet a través de un dispositivo móvil o cualquier medio tecnológico.

Entonces eso que conocíamos antes como “la televisión” cada vez desaparece más como género o se integra más a otro tipo de género. Yo creo que nunca va a desaparecer por completo pero cada vez se segmenta más en cuanto a su target. Creo que la televisión va a quedar para un grupo de espectadores muy específico, muy particular con producciones hechas solo para ese tipo de televisión al que estamos acostumbrados, porque ya hace varios años está siendo sustituida por las plataformas de entretenimiento donde las personas pagan su subscripción y pueden ver cualquier cantidad de programas.

 

¿Crees que tu carrera se divide en antes y después de “Azul y no tan Rosa”?

Sí, mi vida artística sí cambió, Si, definitivamente sí hay un antes y un después de “Azul y no tan Rosa”, pero principalmente porque fue una película muy exitosa que nos dio a conocer a un grupo de actores poco conocidos y reeditó la imagen de los actores más mediáticos. A los actores que no teníamos una carrera de mucha proyección nos puso un “spot light” sobre nuestros nombres y nos brindó un reconocimiento para poder hacer otros trabajos, pues la película no solamente fue muy premiada –obtuvo el primer Goya para Venezuela como mejor película latinoamericana– sino que también fue muy querida por el público y el haber interpretado ese personaje tan icónico para la trama me da otra mirada y otra calidad como actor. Y siempre una película premiada internacionalmente te coloca en un status distinto, aunque uno no lo vea ni lo sienta así, pero las personas que se mueven en el mundo del cine, que se mueven en el mundo de las artes, si tienen una apreciación diferente con respecto al recorrido de un actor cuando está en una película que tiene un reconocimiento como este.

 

¿Quiénes son tus referentes en la actuación (nacional o internacional) y cuáles han sido tus interpretaciones en las tablas o en el cine por las que guardas un afecto especial?

¡Wow!, tengo varias referencias. Te puedo mencionar algunos. Colin Firth es un  actor que me encanta, me parece sumamente honesto y apasionado. Me gusta mucho como se entrega, la manera en que mira. De verdad que cada vez que interpreta un personaje me parece maravillosa su forma de abordarlo. Benedict Cumberbatch es un actor que comencé a ver con atención hace poco a través de una serie que se llama “Sherlock” y me impactó muchísimo. Hay un actor que hizo la serie “Hannibal”, creo que de nombre Mads Mikkelsen, me gusta muchísimo su sobriedad y contundencia frente a la cámara. Pudiera nombrar a esos tres como referencias, hay muchos otros, pero estos son tres grandes actores que admiro y sigo.

Con respecto a mis actuaciones por las que siento más cariño tengo que hablar de “Crimen y Castigo” que fue un trabajo especial e importante para mí con Juan Souki de director; “Raskolnikov” fue un personaje que me retó muchísimo y me llevó a un lugar distinto en mi registro actoral pues me permitió explorar otras cosas y demostrarme a mí mismo y a otras personas que podía hacer otro tipo de interpretaciones. “Carlos Gardel” en “El día que me quieras” es un personaje hermosísimo y una obra maravillosa que me ha regalado muchos momentos de lindísima nostalgia y alegrías porque además interpretar una obra de Cabrujas –uno de nuestros clásicos del teatro venezolano– siempre es un recuerdo hermoso.

También hay otro trabajo donde empecé a explorar mi rol como productor, que se llamó: ”De mutuo desacuerdo” dirigida por Miguel Ferrari y donde actué con Ana María Simon donde desarrollé con ella una amistad entrañable. Recientemente también hice “La Catira del General” con Javier Vidal donde interpreté al escritor Camilo José Cela, personaje que me permitió conectarme con mis orígenes más ibéricos.

Y en cine un trabajo especial para mí fue “El Vampiro del Lago” que entre otras cosas me dio la satisfacción de compartir el set con el grande de Miguel Ángel Landa, a quien siempre he admirado por ser un ícono del cine venezolano. Fue un súper honor para mí poder trabajar a su lado y además este rodaje poseía una historia que me atrapó muchísimo pues esa obsesión del personaje por pasar a la posteridad como escritor, de alguna manera se asemeja a la necesidad que tengo como actor y además hay un temita de ego ahí (risas), pues me valió una nominación como mejor actor para los premios de la academia del cine nacional.

“El entender que la vida va más allá de los grandes deseos de éxito, de reconocimiento, de bienes materiales. Comprender que la salud es fundamental, que es la base para construir cualquier sueño, cualquier posibilidad de felicidad”

¿Un libro, una película y una canción indispensables para Sócrates Serrano?

Películas hay montones, montones y montones (risas). Te puedo hablar de las más significativas para mí… “Biily Elliot”, por la historia de revelación de este niño maravilloso con su descubrimiento del baile y su necesidad de bailar más allá de cualquier estereotipo o estigma de la orientación sexual. “Los puentes de Madison” por ser una historia de amor que trasciende el tiempo y las circunstancias de estos personajes. “Cinema Paradiso”, por esta cosa maravillosa del cine y la amistad como elemento de conexión, de pasión, de vida.

Foto por Fran Beaufrand

Una canción; “El mejor momento”. Es una canción que me encanta porque marcó un hito para mí cuando yo logré sanar de mi proceso del adenocarcinoma. Es un tema que escribió el español Pablo López para las pacientes de cáncer de mama y habla de eso, del mejor momento, de aprovechar la vida. Después de pasar la tormenta, vivir y conectarse con la posibilidad y el presente y esa canción me llega al alma, para mí es como una especie de himno. Después hay muchas otras canciones que han marcado momentos particulares de mi vida, todas las de Mecano, por ejemplo, representan momentos muy significativos emocionalmente Pero esta es la que me viene a la cabeza.

Y en cuanto al libro hay uno que en estos momentos es fundamental para mí y que por las circunstancias que viví recientemente, me ha conectado con algo muy importante en mi vida espiritual. Se llama “José Gregorio Hernández, del lado de la luz”. Es una de las biografías más completas que se ha escrito sobre José Gregorio Hernández, editado por la Fundación Bigott y escrito por María Matilde Suárez y Carmencita –ella se llama Carmen pero pide que le llamen Carmencita– Betancourt. Es un texto maravilloso, además con una estupenda compilación de fotos y cartas del propio José Gregorio. Una investigación bastante completa y de las más serias que se han escrito sobre su vida y fue mi obra de inspiración y consulta para “Gregory, canal de fe”, obra teatral que hice contando mi historia de sanación.

 Vaya, creo que me alargué mucho (risas).

–Al contrario, más bien esto me da pie para la siguiente pregunta: ¿Qué representa para Sócrates Serrano, en estos momentos, la figura del Dr. José Gregorio Hernández?

José Gregorio Hernández para mí es como un gran compañero protector. Es una figura que, efectivamente, me cuida, me protege, me acompaña. Fue mi canal de fe y lo sigue siendo, por eso la obra de teatro se llama así. Es la revelación a un mundo de descubrimiento de lo espiritual. La revelación a un mundo de aprendizaje vinculado a lo no tangible, vinculado a lo místico religioso. Lo digo en el buen sentido porque era un área, quizá, que requería atención, que requería, en mi caso, ser explorada. Yo necesitaba completarme en esa parte de mi mundo pues era algo inexplorado, que rechazaba, que negaba, que criticaba y cuestionaba y bueno el gran aprendizaje fue que el mundo espiritual es tan importante como ese mundo que nos hemos diseñado a la medida que tiene que ver con lo material, con el progreso, con el significado, entre comillas, de ser feliz; que muchas veces no es nuestro sino de los demás.

 

–Y ya que hablas de grandes aprendizajes, ¿cuál piensas que ha sido el mayor de esos aprendizajes durante tu proceso de diagnosis y sanación del adenocarcinoma?

Es que son tantos. No terminan, de verdad. Pero yo diría que uno de los más grandes es la posibilidad de sintonizarse con el presente y de disfrutar lo pequeño. El entender que la vida va más allá de los grandes deseos de éxito, de reconocimiento, de bienes materiales. Comprender que la salud es fundamental, que es la base para construir cualquier sueño, cualquier posibilidad de felicidad.

El otro gran aprendizaje es la compasión, el regreso a la compasión, pues si bien yo siempre he sido una persona empática, quizás a veces por esta necesidad de hacer, hacer, hacer, me alejaba un poco del contacto más íntimo y personal con mis querencias. Y por supuesto el descubrimiento espiritual y la necesidad de cultivar la fe como energía de transformación y sanación. Creo que así lo resumiría.

 

Siempre has mantenido una constante presencia en las redes sociales con tu trabajo como actor, sin embargo esta situación de cuarentena ha hecho que desempolves, por estos medios, al psicólogo. ¿Qué te motivó a realizar estos videos a los cuales has identificado como #pausaviral?

Fíjate, desde hace un tiempo quería hacer estos vídeos, estos podcast. Tenía un proyecto en mente para desarrollar aún más mi marca personal; porque yo tengo una marca personal muy diferente al común de mis colegas –tanto los psicólogos como los actores– y digo muy diferente porque soy una mezcla de los dos mundos y eso me hace tener una mirada muy diversa y más amplia, si se quiere, o al menos diferente.

Pero cuando volvamos –y no puedo evitar conmoverme al pensarlo– va a ser grandioso, va a ser hermoso. Vamos a contar historias maravillosas y vamos a llorar y a reírnos con ellas.

Foto por Fran Beaufrand

Y creo que mi recorrido por los dos mundos y la manera en que los conecté es un valor agregado. Entonces desde hace rato quería hacerlo y justo con esto de la cuarentena y la pandemia o la pandemia y como consecuencia la cuarentena; fue el empujón necesario para que ocurriera. Y bueno, terminó siendo más orgánica la manera en que ocurrió y fue más orgánico para mí también porque partió de una necesidad y de un momento muy particular de mi recorrido que significa compartir mi experiencia de sanación conectada con esta cuarentena para dar un mensaje. Entonces lo que me motivó fue eso, el tema de impulsar un proyecto personal pero al mismo tiempo que en este momento cobra un significado mucho más potente y poderoso. Porque se trata de dar un mensaje de apoyo, de ayuda, de conexión, de posibilidad, de perseverancia. Tiene que ver con eso.

 

Ya para culminar, quisiera saber tu opinión sobre el futuro de los espectáculos escénicos en general, que si bien siempre ha sido complicado hacer teatro o cine debido a la situación económica en la que el régimen de gobierno ha hundido a Venezuela. Ahora se suma la pandemia del coronavirus. Se habla de que el mundo cambió. ¿Crees que las artes escénicas como las venimos conociendo hasta ahora también deberán cambiar para prevalecer o eres de los optimistas que creen en que pronto nos volveremos a reunir en las salas?

Creo que lo que va a pasar es que van a surgir muchos formatos, consumibles a través de la tecnología, hecho por personas que convivimos en el mundo de las artes escénicas buscando expresarse, manifestarse, para tener presencia y para tener ingresos incluso. Creo que eso va a pasar. Vamos a ver una serie de manifestaciones a través de nuestros dispositivos móviles, que van a tratar de emular al teatro. De hecho ya están ocurriendo a través de aplicaciones como “Zoom” con actores representando en vivo, frente a una cámara, un texto dramático. Eso no es teatro. En el más puro y estricto sentido de la palabra, no es teatro. Pero no lo digo desde el punto de vista peyorativo, no lo califico negativamente; me refiero a que no es teatro porque efectivamente no es un acto de comunidad que ocurre solamente en una sala de teatro donde el actor o los actores se montan sobre las tablas y el espectador está del otro lado sentado en esa silla o butaca, viendo, conectando, emocionándose y generando una correspondencia entre el espectador y el actor en el mismo sitio en el mismo espacio, cara a cara.

Foto por Lil Quintero

Pero de todas formas me parece sano que surjan estos nuevos formatos y es sensato como actor explorarlos, como una forma de seguir avanzando desde el punto de vista expresivo y sacándole provecho a estas nuevas herramientas tecnológicas. Sin embargo pienso que el teatro no se va a sustituir. Vamos a volver al teatro, pero no pronto. Quizá a mediano plazo y bajo los parámetros de seguridad, se regresará a ese espacio, pero insisto que no pronto porque creo que esta situación se va alargar mucho más de lo que pensamos por diferentes circunstancias, no solo científicas, biológicas o de protección sanitaria sino también por razones sociales y políticas y eso retrasará nuestro regreso a las salas.

Pero cuando volvamos –y no puedo evitar conmoverme al pensarlo– va a ser grandioso, va a ser hermoso. Vamos a contar historias maravillosas y vamos a llorar y a reírnos con ellas. Vamos a recordar las amistades y las parejas que perdimos así como las que ganamos. Los aprendizajes que tuvimos. Vamos a recordar los descubrimientos. Vamos a llorar las tristezas y a celebrar las alegrías de las transformaciones que nos habrá dejado esta pandemia.

 

IG de Sócrates Serrano: @socratesserrano

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