Por Florángel Quintana.

Hay un chiste usual en las redes sociales que hace burla de la ignorancia cultural e histórica de los milénicos. Si pasamos por Twitter veremos alusiones a tuits de jóvenes que comentan cualquier cosa –en la literalidad del caso– sobre hechos o asuntos de conocimiento público y demuestran que saben nada sobre los acontecimientos más importantes del devenir de la humanidad, pero ¡ey!, que cuando me refiero a hacer mofa aludo a todos los que nacimos entre la quinta y la sexta década.

Sarcasmos por doquier existen incluso emisiones televisivas que dedican su tiempo a burlarse. Caso de Ilustres ignorantes, un programa español donde el conductor comienza diciendo «Vamos a hablar de los millennials esa raza superior que nos atenaza». Chistes que vienen y van sobre el narcisismo, la egolatría y el absoluto desconocimiento que tiene esa generación sobre la cultura popular, aunque advertencia eh… que quienes señalamos las faltas somos los que sabemos de enciclopedias, salas de referencia en las bibliotecas o archivo y kardex.

¿Cuánto sabía yo a mis veinticuatro? ¿Cuánto sabe mi hijo hoy? ¿Qué nos diferencia en el discernimiento? A mi juicio dos cosas, primero el afán de la lectura, esa hambre de conocimiento que nos movía a indagar de manera continua sobre lo que sucedía más allá de nuestras fronteras; comprendiendo de dónde veníamos y escuchando a nuestros padres hablar del mundo que ellos descubrieron. En segundo lugar, la afición de ver en la tele programas de entretenimiento y de cultura junto a nuestros padres. Ahora bien… ¿Acaso nuestros milénicos no son curiosos también como lo éramos nosotros? ¿Acaso no están interesados en la paz mundial, el ambientalismo, la economía colaborativa y el inminente colapso de las fuentes de energía que vivimos hoy?

¿De dónde vienen las sátiras que dicen que son grandes desconocedores, unos supremos ignorantes? Creo que se debe a que los milénicos son poco dados a investigar antes de afirmar algo de manera tajante. Mi hijo, por ejemplo, me contradijo cuando estaba hablando sobre el efecto de los jingles en nuestra memoria y el impulso de compra. Él con su mirada de “pobre mamá y su mal manejo del inglés” me dijo amable que jingle era un tintineo «como la canción de Navidad, má: “Jingles bells, jingles bells, jingles all the way…”». Aquí podría insertar ese emoji de mirada sesgada … Lo vi con la sonrisa añadida de madre millennial y le expliqué mientras buscaba un ejemplo en el oráculo Google que yo me refería a “jingle”, una melodía breve y pegajosa que busca promover un producto que, por lo general, mueve la emoción del consumidor. ¡Punto para la GenX!

El asunto con los milénicos es que pueden ser vistos solo como expertos tecnológicos constriñéndolos a eso: habla y sabe de tecnología. Viven en su presente de goce inmediato, adictos a las redes sociales. Sin embargo los hay también ávidos lectores que son fanáticos de la ciencia ficción, las civilizaciones antiguas y el rock progresivo de los setenta.

Si un millennial es ignorante, pues mucha culpa tienen esos padres que no “construyeron conocimiento” dándole a leer todo tipo de libros, haciéndolo partícipe de lo rico del saber vasto, diverso y a la vez, gozosamente inabarcable. Aquí calza lo que escribió el escritor y filósofo inglés, Aldous Huxley: «En la mayoría de los casos la ignorancia es algo superable. No sabemos porque no queremos saber».

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