Por Mary Villarroel Sneshko.

 Alrededor del famoso pintor neerlandés hay cientos de mitos. Algunos dicen que se cortó la oreja de raíz, otros que estaba absolutamente loco. Haciendo un recorrido por su correspondencia privada, pude descubrir que tras ese famoso incidente que le dio fama internacional post mortem, se esconde una trágica historia que involucra un amor frustrado y un compañero que llegó para desestabilizarlo.

Después de entender el contexto de su situación, jamás volverán a ver de la misma manera esos autorretratos con la cabeza vendada. Aquí tienen un recorrido sobre la relación que volvió –más– loco a Vincent van Gogh (1853-1890).

Vincent pinta girasoles de Paul Gauguin

Compartían un miedo: vivir en bancarrota

Entrar de lleno en el comercio de arte como un pintor prolífero y destacado, era todo un desafío. Vivir del arte era una tarea casi imposible, para lograrlo necesitabas apoyo de algún mercader y Vincent logró hacer más de 900 pinturas a lo largo de su vida gracias a su hermano.

Theo van Gogh fue quien financió a Vincent durante toda su vida. Le pagaba los lienzos, las pinturas, el alquiler e incluso, los malos hábitos. Si bien él se quejaba constantemente de estar en banca rota, estudios recientes aseguran que en realidad su hermano lo mantenía muy bien.

Gauguin no tuvo la misma suerte. No tenía un Theo que se hiciera cargo de él, así que hubo momentos de su vida en los que rozó la indigencia. Se separó de su esposa y su hijo quedando abandonado y a su suerte. Vincent lo rescató.

“El comercio de pinturas es tan difícil en nuestros días. A pesar de eso, estoy en un estado de agonía constante aquí; las preocupaciones por el dinero son las únicas que me afectan, y desafortunadamente, creo que siempre estoy destinado a sufrir de ellos”. Le escribió Paul a Vincent el 19 de marzo de 1888.

Convencido a ayudarlo, Vincent persuadía a Theo para que ayudara financieramente a Gauguin también. Él accedía algunas veces. Todo cambió cuando la idea de mudarse juntos comenzó a instalarse en la cabeza de Van Gogh.

“Debo decirte que aún mientras trabajo, nunca dejo de pensar en la posibilidad de tener un estudio juntos como residentes permanentes. Tú y yo. Sé que los dos queremos hacer un refugio y un hogar para cuando nuestros compañeros tengan momentos difíciles”, le escribió a Paúl el 3 de octubre de 1888.

¿Por qué Vincent admiraba tanto a Paul?

 

Locamente apasionado por el arte, Gauguin había transformado toda su vida con el único propósito de que la creación artística fuese su prioridad. Juntos realizaban estudios a grandes pintores de la época, pero Paul iba un poco más allá de lo esperado.

En su afán por entender más su pasión, creó su propio movimiento llamado sintetismo. Era un estudio de cómo los colores transformaban la psiquis. Todo desde un plano completamente subjetivo. Su arte era plana y sin volumen, con contornos bien definidos y una búsqueda de representar –más no reproducir– la naturaleza. 

Casa de Van Gogh con Paul Gauguin

Toda su creatividad desbordada y sus ganas de traducir el mundo a través de sus pinceladas, enamoraban a Van Gogh quien soñaba con tenerlo a su lado para aprender y nivelar juntos los desequilibrios de la vida.

¿Paúl lo admiraba a él? En todas sus cartas se mostraba muy agradecido por el amor y la atención que Vincent le brindaba. Si bien la admiración no era mutua, compartían un mismo ideal: tratar de que su vida fuera menos complicada. “Necesitamos estar muy unidos en corazón e intelecto, si queremos que el futuro nos ponga en nuestro verdadero lugar”, le escribió Gauguin el 8 de septiembre de 1888.

El sueño se cumplió y con Gauguin se mudó

Van Gogh siempre tuvo un punto débil: la salud. Sus demonios lo atormentaban a tal punto que su cuerpo cedía ante la desesperación y entraba en colapso. Batallar con sus enfermedades mentales –aun no exactamente diagnosticadas– fue la cruz que debió cargar toda su vida.

Sus crisis nerviosas lo atacaban cada vez más seguido, pero siempre buscaba ayuda. Incluso se internó voluntariamente más de una vez en hospitales psiquiátricos para luchar contra su propia cabeza.

Dentro de su recuperación, consideraba la compañía de Paul como una bendición. “Por un tiempo tenía la ligera impresión de que me iba a enfermar otra vez, pero la llegada de Gauguin ha liberado mi mente y estoy seguro de que estaré bien”, escribió a Theo el 25 de octubre de 1888, cuando ya tenía 5 días viviendo con Paul.

En un principio, la relación de ambos siendo compañeros de hogar iba bien. Paul pintaba sin parar y estaba cómodo viviendo a expensas de Vincent y él estaba encantado de tener a su amigo con él todos los días.

Gauguin me interesa mucho como hombre, mucho. Durante mucho tiempo me ha parecido que en nuestro trabajo sucio como pintores tenemos la mayor necesidad de personas con las manos y el estómago de un trabajador. Más gustos naturales, temperamentos más amorosos y benevolentes, que el decadente y agotado hombre parisino de la ciudad. Ahora aquí, sin la menor duda, estamos en presencia de una criatura virgen con los instintos de una bestia salvaje. Con Gauguin, la sangre y el sexo tienen ventaja sobre la ambición. Pero suficiente de eso, lo has visto al alcance de la mano más tiempo que yo, solo quería contarte las primeras impresiones en pocas palabras”, escribió Vincent a su amigo Emile Bernard el 2 de noviembre de 1888.

Todo comenzó a cambiar drásticamente de un momento a otro.

Gauguin desató completamente sus demonios

Vincent quería aprender de Paul. Lo admiraba ciegamente y su aprobación le importaba más que la de su propio hermano. Ambos pese a que eran amigos, eran inevitablemente rivales luchando por calar en el mundo del arte. Tenían estilos muy diferentes de pintar y Gauguin comenzó abiertamente a criticar su trabajo y esto afectó notablemente su confianza.

Van Gogh no sentía mucho aprecio por sí mismo, tenía la seguridad suficiente como para pintar sin parar. La pintura siempre lo hacía sentir bien, pero con Gauguin criticándolo, empezó a alejarse de su musa y adentrarse en sus demonios.

Las peleas comenzaron a ser parte de su relación: “La discusión es de una electricidad excesiva: salimos con la cabeza fatigada. Como una batería eléctrica después de la descarga”, escribió a su hermano Theo. La convivencia ya no era rentable.

Autoretrato con la oreja vendada por Van Gogh

La noche que se cortó la oreja

Toda su relación empeoró un par de noches antes de Navidad. El 23 de diciembre de 1888,  discutieron violentamente hasta el punto de los golpes, Van Gogh decidió buscar una navaja y atacar a Paúl. En medio del forcejeo, cortó parte de su lóbulo. Asombrado por la sangre y atolondrado después de la pelea, entró a un burdel –al que iban siempre juntos– y envuelto en un pañuelo entregó su lóbulo a su servidora de confianza. “Cuídalo bien”, dijo. Fue internado poco después.

Después de este incidente, Gauguin decidió abandonarlo para siempre y le escribió a Theo lo sucedido. Él llegó lo más rápido que pudo a ver a su hermano que estaba sucumbiendo ante la desesperación, e incluso, alucinaba.

Aun incluso después de este fatídico accidente, Vincent seguía preocupándose por Gauguin. Juntos siguieron intercambiando cartas de vez en cuando. Su intento de vivir juntos le dejó una marca imborrable a su historia, además de acentuar aún más sus demonios mentales lo transformó para siempre en el pintor que se cortó la oreja.

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